COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El adiós de Illa

26/01/2021

El plan era que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, dimitiera de su cargo el próximo viernes cuando está previsto que comience la campaña electoral para las elecciones autonómicas catalanas del 14-F para dedicarse a su nuevo trabajo de candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat. Sin embargo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez ha decidido adelantar tres días la crisis de gobierno y de paso evita que Illa comparezca en el Congreso para dar cuenta de su gestión de la pandemia el próximo jueves como estaba previsto.

Ni ética no estéticamente la actitud del ministro se puede justificar una decisión que se puede interpretar como un desprecio y un intento de esquivar una jornada que podría ser negativa para el 'efecto Illa' con el que los socialistas catalanes pretenden conseguir un buen resultado electoral. Desde hace tiempo que ni la ética ni la estética cotizan en la Bolsa de la política, de la misma forma que resulta enternecedor observar a los portavoces políticos de algunos partidos mesarse los cabellos porque Illa, con el respaldo de Sánchez, se mueve por intereses políticos como si los suyos fueran seráficos, y no actuaran movidos por las mismas razones, incluida la razonable petición de que Salvador Illa de cuentas de su gestión.

Acerca de lo que hay pocas dudas es que una comparecencia de Illa sería considerada, nada más terminar, como su primer acto de campaña utilizando como altavoz la tribuna de la Cámara Baja. El ministro de Sanidad, pese a la discutible gestión de la pandemia -reparos que se pueden pregonar de gobiernos autonómicos y de gobiernos de otros países- conserva aún ciertos valores políticos y personales que le hacen ser el enemigo a batir por la oposición y sobre todo por los independentistas catalanes. No obstante, hubiera podido argumentar en su defensa que ha estado al frente de un ministerio que carece prácticamente de competencias y cuyas decisiones más importantes, tras superarse el primer estado de alarma, han sido adoptadas por el Consejo Interterritorial de Salud. Por ese motivo también es sorprendente que quienes mejor conocen el funcionamiento del Estado de las autonomías sean quienes más dudas generan sobre su eficacia y su propuesta sea una recentralización -un mando único- de la que en otros momentos abominaron.

Desde que el ministro de Sanidad fue designado candidato a la Generalitat y simultaneo ambas responsabilidades políticas se puso el foco en que quien mucho abarca poco aprieta, o aprieta solo en una dirección, y que su marcha a Cataluña se produce en un momento en el que el barco que capitanea hace aguas, como si su trabajo fuera unipersonal y no se haya estado preparando su sustitución a lo largo del último mes, en el caso de que sea la ministra de Administraciones Públicas, Carolina Darias, quienes vaya a ocupar su puesto.

Salvador Illa va a llegar a Cataluña con la polémica de su desbandada del Congreso pisándole los talones. No parece que vaya a ser una cuestión central en la campaña electoral catalana donde ya se han producido algunos movimientos tan bienintencionados como faltos de posibilidades, o de adecuación a la realidad, como el ofrecimiento de la presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, de un gobierno de coalición constitucionalista, sin que los datos avalen la propuesta.