«La ley es clara. Los ultrajes a la bandera están penados»

Álvaro de la Paz
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Carlos Medina Ávila, coronel de Artillería y ex jefe de Protocolo en el Ministerio de Defensa. - Foto: David Pérez

Carlos Medina Dávila, coronel de Artillería y ex jefe de Protocolo en el Ministerio de Defensa, aborda el encaje legal de la bandera de España, su recorrido histórico y la imagen que la población y la clase política han proyectado sobre este símbolo

Carlos Medina dictó, durante la tarde del pasado jueves, la conferencia Normativa y protocolo de uso de la bandera nacional, dentro de los actos que el Museo del Ejército de Toledo está celebrando con motivo del 175 cumpleaños de la enseña. El militar disertó sobre su uso institucional y cotidiano.
La bandera se ha hecho presente en muchas viviendas, cuelga de miles de balcones. ¿Cómo percibimos los españoles este símbolo?
Su historia es curiosa. La bandera, en realidad, no ha salido muchas veces del ámbito militar. De hecho, desde 1843, que es cuando se regula como bandera nacional, hasta 1845, cuando surge el primer reglamento de banderas, no ha habido apenas regulación sobre su uso civil. Tuvimos que esperar al reglamento de 1977, cuando ya se hizo un uso extensivo y se pusieron unas dimensiones determinadas para los edificios de la administración. Más concretamente, y ya de forma inclusiva y como símbolo para todos los españoles, viene reflejada en la Constitución española de 1978. Hasta entonces la bandera estaba presente y era aceptada, pero no había una regulación expresa ni era un símbolo reflejado como tal en alguna norma legal.
La primera ley que hubo fue, de forma exclusiva, la de la bandera republicana [de 1931]. Se hizo por motivos políticos, como un corte radical entre lo que había antes y lo que vendría después. En el año 1936, ya en septiembre, se cambia en uno de los bandos [el de los sublevados] que la coge como propia. Hasta la Transición no fue un símbolo aceptado por todos, incluyendo a los partidos que pactaron el nuevo diseño de España como nación una época muy complicada. Duele que muchas veces eso se olvide y que ahora se utilice de forma partidista.
La gran eclosión de banderas de España en contra del independentismo catalán no la hubo antes, ni siquiera durante los años de plomo de ETA. Siempre se la había considerado como símbolo de una parte, que no es cierto, y ahora parece que está aceptada.
Todos los partidos políticos, en un periodo determinado y sobre todo cuando se aproximan las elecciones, se hacen con la bandera de España. Incluso Podemos en un mitín que dio en la plaza de Colón de Madrid: se puede ver a Pablo Iglesias con una gran bandera española detrás. Muchas veces, sin embargo, se tiende a decir que no es así. Pero cuando los partidos políticos quieren impresionar o conseguir que determinadas capas de la sociedad que se sienten españolas, y creo que así se siente un porcentaje muy elevado de la población, utilizan este símbolo de una forma determinada.
¿Todos los españoles asumen la enseña como propia, sienten apego?
Desafortunadamente no. Se convirtió en un su día en un símbolo político, aunque en la Transición se intentó que fuese de todos. El tema de la bandera fue una de las discusiones relacionadas con la elaboración de la Constitución. El Partido Comunista la aceptó sin ningún tipo de ambages, igual que la aceptó el PSOE, que entonces, aunque con mejor estructura, no era tan fuerte ideológicamente como el PCE. La derecha, por supuesto, también la aceptó. E incluso otras formaciones de diverso pelaje político, como los partidos nacionalistas, decidieron aceptarla siempre y cuando se tuviera respeto por su propia identidad.
La propia Constitución habla de la posibilidad de que cada comunidad tenga su bandera. Son símbolos oficiales también de España. Su uso conjunto está regulado por ley. No debería haber ningún tipo de exclusión: ni de una por unos ni de las otras por otros.
Hay gente que no piensa así. Se ven banderas republicanas que son tan históricas como pueden ser otras. Cuando hablamos de constitucionalidad o no, la Constitución sólo dice que la bandera tiene dos colores y no habla del escudo. El escudo surge en 1981 con una ley. La que no es constitucional, porque no entra dentro de lo que es Constitución, sería la republicana. Hay sentencias del Tribunal Constitucional que concluyen que es posible el uso de esta bandera como símbolo político en determinadas ocasiones, pero no como símbolo nacional.
El de la bandera es un tema complejo porque ha habido una mala comunicación sobre lo que tendría que ser.
La bandera ha sido quemada en algunos actos públicos. Otros símbolos también han sufrido ataques. ¿Son libertad de expresión? ¿Es sólo desagradable o un delito?
La ley es clara. Los ultrajes a los símbolos nacionales, como son la bandera, el himno, el escudo y la figura del jefe del Estado, además de los símbolos autonómicos, están penados por la ley [se refiere a la Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas]. Los puntos 2 y 3 del artículo 10 fueron anulados por el Tribunal Constitucional tras el recurso presentado, en su momento, por la comunidad autónoma de Cataluña. Sí, los ultrajes están castigados por la ley, aunque las penas son exclusivamente administrativas: multas en vez de cárcel.
Ultrajar los símbolos es un asunto desagradable porque estamos hablando de sentimientos. Yo siento cuando veo quemar una bandera de España o cuando escucho que pitan a mi himno porque me siento español. También pasa en Estados Unidos: se puede quemar una bandera, pero a muchísima gente le repugna ese comportamiento. Aquí somos más ecuánimes y nos quedamos en la sensación de desagrado y molestia.
Me molesta que un presentador de televisión se suene los mocos con la bandera cuando esa misma bandera, como representación de la nación, ha cubierto féretros de compañeros viniendo de Afganistán. Es muy desagradable quemar un símbolo que es de todos. Y hacerlo está penado por ley siempre que se haga con una bandera oficial, no con un lienzo con los colores y el escudo de España. Esa enseña no es oficial porque no está puesta en ninguna administración pública.
¿Qué prestigio hay en marcar distancia con la bandera nacional?
La bandera se significa como un símbolo político. Ese supuesto menor prestigio de la española respecto a las autonómicas no se da en Castilla y León o en Castilla-La Mancha. En Toledo se respeta la bandera nacional y la gente le tiene más cariño que a la enseña de la región, aunque la bandera de Castilla-La Mancha es aceptada como propia. Y no hay ninguna contradicción: España es todo y en todos los lugares hay gente que respeta las dos enseñas y el resto de símbolos. No me parecería correcto quemar la senyera de Cataluña, que además es uno de los orígenes de nuestros colores.
Creo que hay aceptación. A un valenciano no se le puede quitar su senyera, pero ese mismo valenciano va a respetar la bandera de España. El propio himno valenciano habla en su letra de ofrenar noves glòries a Espanya. Es curioso como muchos himnos regionales tratan a España como nación.
El asunto de nuestros símbolos es un tema de locos. Estamos en España y hay que reconocer que los españoles somos así: con muchas ganas de pegarnos entre nosotros, pero cuando viene alguien de fuera le pegamos también. Nos creemos nuestra propia leyenda negra, que somos muy malos. He podido pisar 92 países y tenemos un prestigio que ya quisiéramos creérnoslo nosotros mismos. Tenemos un país maravilloso, gente, clima, comunicaciones, y no nos damos cuenta, lo comprobamos cuando viajamos. Y esa bandera es la que cubre todo y bajo ese símbolo están todas estas bondades.
Habló antes de Estados Unidos. La presencia de su bandera es abrumadora en los espacios públicos, también en las aulas de las escuelas. ¿Se puede plantear extrapolar tal situación aquí?
Eso es un problema de cultura. Tenemos un problema de cultura, no de cultura de la Defensa. El  problema grande parte de la distribución autonómica. Si aquí alguien quiere la presencia de banderas de España en las aulas de colegios e institutos le llaman fascista. Los niños aprenden su entorno autonómico, no el del conjunto de la nación. El problema de la educación es que las competencias están transferidas y que no hay una norma común que haga que la Historia sea igual, que los símbolos se respeten y que se hable de España, no sólo de la comunidad autónoma respectiva. Tendríamos que extrapolar el rigor de las matemáticas a las ciencias sociales. La bandera necesita más presencia. Nadie discute que se lleve una enseña española cuando la selección de fútbol gana el Mundial, pero se cuestiona llevarla a los colegios y que los niños la miren como su bandera.