Me la juego

Ana Nodal de Arce


La bomba atómica

21/01/2021

Dicen los psicólogos que esta pandemia nos ha llevado a no confiar en nadie. Ni nuestro mundo es seguro, ni nuestro sistema nos protege, ni nuestras libertades están garantizadas. Ahora bien, esta incertidumbre que vivimos desde hace casi un año, paradójicamente, ha favorecido que las ideologías primen más allá de la razón y que se imponga una creencia ciega en aquello que nos sirve para afianzar nuestro pensamiento, aunque en el fondo sepamos que nos engañamos a nosotros mismos. El ser humano necesita alguna certeza a la que aferrarse. Y muchos han tomado el camino equivocado, de la mano de gobiernos o partidos que se agarran al engaño para mantener a sus fieles satisfechos.
El lingüista Noam Chomsky lo avisó: «La manipulación mediática es más peligrosa que la bomba atómica porque destruye cerebros». Y nuestra sociedad es un claro ejemplo de este axioma. Hace unos días, veíamos como el agua caía a raudales del techo del hospital del Virgen de la Salud, en Toledo. Algunos trabajadores, familiares e incluso pacientes avisaban de las terribles condiciones del centro, sin calefacción durante unos días en medio de la ola de frío polar. Pues bien, desde las redes sociales, que a veces ofrecen la peor cara del ser humano tras el beneplácito del anonimato, ciertos perfiles se apresuraban a negar la evidencia, argumentando que era un bulo, que la grabación no correspondía al hospital toledano e, incluso, situando esas goteras, “cataratas” decían las sanitarias del vídeo, en el Zendal de Madrid. Una estrategia lamentable para tapar las vergüenzas del gobierno de Castilla-La Mancha que hace semanas inauguró el mejor hospital de Europa, del mundo o del universo, sin que hasta el momento haya ingresado en sus fabulosas dependencias enfermo alguno. Entiendo que el traslado del Virgen de la Salud al Hospital Universitario haya de ser seguro, pero la parsimonia no corresponde a una situación de emergencia como la que atravesamos, repito, desde hace casi un año. Los ciudadanos no merecemos esto, presidente Page, consejero Fernández Sanz.  
Tampoco debemos soportar la falta de transparencia y la ocultación de datos de contagiados por la covid en las residencias de mayores, donde han muerto 2.000 personas. No basta con exigirnos cumplir unas normas cada vez más estrictas y de dudosa eficacia, como el cierre de visitas a familiares. Si, como en el caso de Barber en Toledo, aparece un brote, es imprescindible que se ofrezcan con rapidez cifras reales sobre los afectados, la organización del centro y los protocolos establecidos. Y que se informe a la prensa. El derecho a la información es sagrado. No solo nos interesa saber que la todavía consejera de Bienestar Social, la señora Sánchez, se ocupó de entretener a los residentes durante la Navidad con programas de copla a través de una tablet. Los trabajadores están realizando tremendos esfuerzos para mantener los cuidados a los mayores en condiciones adversas, pero si los resultados no son los esperados, los responsables políticos que llevan muchos meses fallando por inacción o desidia deben dimitir. Y punto. A todo esto, ¿qué dicen los sindicatos?