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Miguel Ángel Dionisio

El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


Corpus en domingo

22/06/2022

Uno de los privilegios que tenemos los toledanos es el de poder celebrar dos Corpus. El jueves, enlazando con la tradición secular, en el marco de la venerable liturgia hispano-mozárabe, el esplendor barroco de la exaltación eucarística tridentina proclama, por calles y plazas, paseado bajo las filigranas góticas de la custodia de Enrique de Arfe, el misterio de la presencia real de Cristo oculto en el pan. El domingo, día del Corpus en toda España, la catedral tiene su particular procesión con el Corpus del Cabildo, que culmina el conjunto de celebraciones religiosas de la semana grande toledana. Pero no sólo es la catedral; el Corpus chico de Santiago del Arrabal o el de Santo Tomé prolongan, en sus barrios y feligresías, el fervor de esta festividad, portando la Hostia Santa en unas espléndidas custodias de asiento.
Celebrar el Corpus en jueves permite, además, conocer la celebración del mismo en otros lugares. He podido asistir a las procesiones eucarísticas de Sigüenza, Segovia, Camuñas, Roma y Orvieto. Cada una con sus particularidades. Por los medios de comunicación podemos contemplar la multiplicidad de expresiones religiosas, artísticas, folclóricas y culturales que en pueblos y ciudades de España han ido configurando un patrimonio inmaterial único en torno a esta fiesta. Nuestra provincia, además de los de Toledo o Camuñas, puede presumir de una amplia variedad de celebraciones de Corpus, destacando la fastuosidad polícroma de Lagartera, aunque incluso en los más pequeños pueblos existen sus tradiciones peculiares, en ocasiones sencillas y humildes, pero que contribuyen a conformar ese rico mosaico que la devoción eucarística ha confeccionado en nuestra tierra.
Este año he podido conocer el Corpus de Fuenlabrada de los Montes, población que, si bien pertenece desde el siglo XIX a la provincia civil de Badajoz, a partir de la Reconquista estuvo vinculada a las tierras toledanas de los Montes, y hoy en día forma parte de la archidiócesis primada. Un Corpus que es la fiesta grande de la localidad, y que, junto a diferentes manifestaciones lúdicas y folclóricas, tiene su principal expresión en el conjunto de las arquitecturas efímeras de los numerosos altares erigidos por las calles del pueblo, rebosantes del colorido de los tejidos típicos o de los ricos mantones de Manila que los enmarcan, mientras la juncia, con su penetrante aroma, alfombra el entorno, mezclando su perfume con el del incienso que se eleva en vaharadas hacia el radiante azul del cielo primaveral. Altares en los que se depositan variadas muestras de los dulces locales que, una vez ha pasado la procesión, 'roban' los diablucos para su posterior rifa pública. Una figura, la de los diablucos, que se repite en el sencillo Corpus de la cercana localidad de Villarta, donde una pareja de ellos abre la procesión con la música del tambor y las castañuelas, mientras los helechos tapizan el suelo.
Como ven, un patrimonio espiritual y cultural, material e inmaterial, rico y variado.