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Machismo y excluxión social como claves de la brujería

J. Monroy
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Felipe Vidales expone, a partir del estudio de casos concretos, cómo las mujeres abocadas a la brujería por necesidad fueron chivos expiatorios de su sociedad

Machismo y excluxión social como claves de la brujería - Foto: David Pérez

Eran mujeres pobres, solas y generalmente con edad avanzada para la época, de más de cuarenta años. La exclusión social y la misoginia, además de la falta de derechos, tanto hacia ellas, como hacia sus clientas, fueron algunas claves de los 38 casos de brujería juzgados por la Inquisición en Toledo. Estas son algunas de las pinceladas de la conferencia que el historiador, miembro de Tulaytula, Felipe Vidales, impartió en la tarde de ayer en la sede de la Real Fundación Toledo dentro del ciclo Mujer y Territorio.

En su conferencia 'La historia local desde los márgenes: vecinas, brujas y hechiceras', el historiador desgranó algunos datos de su investigación sobre estas mujeres procesadas por brujería en Toledo. Vidales intenta acercarse en la medida de lo posible a las  historias personales y, sobre todo, al contexto de la ciudad, «que permite entender que decenas de mujeres en la ciudad fuesen señaladas, perseguidas y procesadas por delinquir, por el delito de brujería o hechicería, que había que perseguir porque cuestionaba el orden social y moral».

Partiendo de los archivos como fuentes reales, Vidales ha intentado desmitificar toda la leyenda «y la turistificación que se ha hecho de todas estas  historias», sin caer en los tópicos de la magia «y de la propaganda que en los siglos XVI, XVII y XVIII existía para criminalizar a esta mujeres».

Profesionalización de las supersticiones. ¿Qué había realmente detrás de estas mujeres que practicaban lo que se ha dado a llamar hechicería? Del estudio de los 38 casos por brujería de la Inquisición en Toledo que se conservan en el Archivo Histórico Nacional, Vidales desprende que el contexto económico y social de la ciudad es la clave para entenderlas. Atendiendo a casos concretos, explicó su situación de marginalidad, falta de derechos, expulsión del mercado laboral y a la postre de intrusismo laboral, «porque a la postre todas esas supersticiones de las que eran acusadas eran supersticiones compartidas por toda la población, aunque solo algunas mujeres en extrema necesidad caían en lo que llamamos  hechicería, que es la profesionalización, para aplicar remedios y conjuros».

La hechicería, apuntó el historiador «es un camino para no perder la esperanza». Estas mujeres básicamente atendía a otras mujeres en situación desesperada por violencia y maltrato, en su mayor parte, trabajaban para ellas de alcahuetas para que los hombres que las deshonraron cumplieran sus promesas de matrimonio. También hay casos concretos de denuncias falsas hacia mujeres que habían tenido hijos con algún religioso y eran víctimas de una campaña de descrédito «y eran acusadas de brujería».

Nunca se demostraban las acusaciones de la Inquisición, pero sí se condenaba a estas mujeres «por lo que todo el mundo pensaba que hacían las brujas, una invención de tradiciones populares y de un contexto patriarcal y misógino que señalaba a las mujeres como débiles, malas, tontas y fácilmente manipulables por el demonio». Al final fueron un chivo expiatorio en una sociedad en la que todo el mundo creía en el demonio.