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Alejandro Bermúdez

Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


España secuestrada

13/05/2022

Hay muchas paradojas en la vida, pero la que estamos viviendo en España con el ¿gobierno? de Pedro Sánchez no es un juego de niños. Estamos teniendo que ver cómo las instituciones más importantes del Estado son gobernadas por los enemigos de España, por aquéllos que quieren verla desaparecer del mapa.
La primera institución secuestrada es el propio gobierno. El secuestrador es su propio presidente, que ha vendido su alma al diablo con tal de seguir sobando su colchón 'monclovita'. Un gobierno siempre está secuestrado por su presidente, porque es dueño y señor de las ceses y nombramientos y por tanto da igual que sea un consejo multitudinario como el actual, como que sea más reducido.
Obviamente, las Cortes no lo están menos, porque cuando una democracia se sostiene, no sobre partidos políticos, sino sobre rebaños, es la misma persona quién ordena y manda en todas las instituciones. Los candidatos a diputados, los ampulosamente llamados 'padres de la patria', que en más casos de los debidos son solamente sanguijuelas que chupan la sangre al pueblo, son nombrados por el mandamás del partido, que es el presidente del gobierno, con lo que la realidad es contraria a la teoría. Es el presidente del gobierno quién, como líder del partido gobernante, nombra   los candidatos a diputados. Después se hace la pantomima de que sean los diputados los que elijan al presidente del gobierno pero la realidad es la contraria.
Si, se da el caso de que el partido que quiere gobernar no tiene bastantes diputados para nombrar a su presidente y necesita ayudas de otros partidos y, si por inclinación maligna y perversa, el candidato elige por socios lo 'mejor de cada casa', el secuestro es completo.
Hace mucho tiempo que se está viendo que el problema real de España es el PSOE. Aunque en otros tiempos fue parte importante de la solución. La realidad está exhibiendo sin pudor alguno, que sus miembros, quizá porque son elegidos para ser moldeados, el único principio que tienen es el amor al cargo del que viven. Ni uno, ni uno solo de los diputados ha sido capaz de levantar la voz para oponerse a las tropelías políticas de las que, a diario, es autor el presidente.
El caso del cese de la directora del CNI es paradigma de lo expuesto. El presidente se ha sometido a los dictados de los delincuentes, porque así lo han dicho los tribunales, para cesarla. El motivo no puede ser más sangrante: ha cumplido con su obligación de tener controlados a estos delincuentes mientras preparaban el golpe. Y como los delincuentes se han ofendido por haber sido sometidos a escuchas legales, la directora del CNI ha sido cesada y colocado en su lugar a otra mucho más maleable.
Pero, ante tal desafuero ¿qué ha hecho la ministra de Defensa de la que depende este organismo? Pues ha hecho lo que hacen todos los socialistas, olvidarse de que un día aparentó tener algún principio y aferrarse al cargo como las sanguijuelas se pegan al que están chupando la sangre. Ha demostrado que este 'encaste' no falla: el cargo por encima de todo, aunque tengan que bajar la cerviz ante una persona que ha pateado los más elementales principios que permiten la existencia misma de la democracia. Porque la democracia son básicamente principios. ¿Conserva alguno algún sociata?