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Antonio Pérez Henares

PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


La lengua perseguida

10/12/2021

Aunque los españoles han dejado de recordar nada, excepto a Franco por aquellos que quieren borrarnos, y lo están logrando, cualquier otra memoria , quiero pedirle hoy un mínimo esfuerzo para que lo hagan. ¿Se acuerdan cuando alguno, pocos, nos atrevíamos a decir en una tertulia de la tele que el idioma común, el castellano en España, español en el mundo, estaba siendo arrinconado y perseguido en cada vez más territorios de España, especialmente en Cataluña?
 Pues sucedía que se levantaba un gran clamor comenzando por el director del programa, acompañado de los entonces untuosos y jabonosos nacionalistas que jamás faltaban con privilegiada cuota y secundado por la totalidad de los voceros de los partidos de izquierda y de todo aquel que no quisiera recibir una mala mirada de la progresía, no fueran a llamarle facha. Clamaban al unísono que aquello era falso, atroz, mentira, mentira. Un intento de separar, de satanizar la enseñanza de los pobres lenguas perseguidas y aplastadas. De nada valían los datos y los hechos. La inmersión lingüística era el palabro mantra para ocultar lo que en realidad era. Extirpar el castellano como lengua vehicular de la enseñanza. Derecho y deber de todo ciudadano español en el que se llevan ciscando años por muy constitucional que sean y ahora ya han expandido por doquier a un número cada vez creciente de comunidades autónomas, con la Valenciana y Baleares, gobernadas por los socialistas, disputándole a los separatistas el quien hace más por exterminar la lengua que hablamos, todavía, todos los españoles y otros 500 millones por el mundo. Con la definitiva puñalada propiciada por la ministra Celáa que hizo ley del disparate.
 Que ha triunfado todo un proyecto envenenado para conseguirlo es hoy un hecho comprobado. Y que el objetivo de todo ello es uno y claro, debería serlo también. La lengua común, la palabra es el cimiento de la unidad y el dinamitarlo la primera meta de su voladura.
Lo que ha sucedido en estos días es al tiempo que la demostración final, la terrible sensación del desastre causado ya no al lenguaje, sino a las mentes, los valores y los más elementales derechos humanos. La almendra y el hecho, lo en verdad relevante, es que en Cataluña ni siquiera se pueda estudiar en castellano un 25%, que es lo que ha dictaminado como obligatorio por el Tribunal Supremo, porque ni siquiera eso se permitía.  No que la lengua común, considerada opresora, tenga ni siquiera la mitad, es que ya ni un cuarto. Es que directamente se extirpa, se convierte en nada. Y si alguien pretende que ese mínimo, raquítico 25%, se cumpla, se ignora y se viola le sentencia. El que aplasta llama opresor al aplastado. Con el alucinante añadido que quienes desde el Gobierno de la Nación debieran ser los garantes de su cumplimiento, se añaden a las filas, pues son sus aliados, de quienes la agreden. Que luego salga la presidenta del Parlamento, Batet, y el jefe del Ejecutivo, Sánchez, haciendo mohines y poniéndose medallas constitucionales es tan solo añadir mofa y befa a la infamia.
 Porque lo que representa hoy fielmente la realidad es ese niño y esos padres que han exigido ese mínimo y la respuesta haya sido el acoso más brutal, hasta de llamar a apedrearle la casa y hacer imposible la vida al chaval, convertirlo en un apestado utilizando contra el en perfecta simbiosis los métodos del nazismo y el estalinismo. Y ello no haya significado ni siquiera un parpadeo de uno solo de los que hoy se considera izquierda, ni en Cataluña, ni en el Gobierno de España ni el de ninguna comunidad autónoma ni en ningún dirigente que se cobija bajo unas siglas que ya no son nada de lo que proclaman.
Si abjuran de la lengua común, de nuestra lengua nacional y universal, si la atacan como nunca ha sido atacada, si consideran a quienes la utilizan como ciudadanos de segunda o ya camino de sabandijas en cada vez más territorios, ¿Cómo pueden pretender que no comencemos a sentirlos como enemigos de España? Que es la siguiente pantalla para la que debemos ir preparándonos, porque el de estar apareados con ellos es algo con lo que nos desayunamos cada mañana.