«Las medidas económicas se están retrasando en demasía»

J.Monroy
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El presidente de la Asociación de la Empresa Familiar y exalcalde de Toledo, Juan Ignacio de Mesa, comparte sus inquietudes y preocupaciones por la situación económica actual derivada de la pandemia por el coronavirus

«Las medidas económicas se están retrasando en demasía» - Foto: Yolanda Redondo

Las distintas asociaciones de la Empresa Familiar tienen su origen en el Instituto de la Empresa Familiar. Su objetivo es dar consistencia a este tipo de entidades a largo plazo y facilitar las sucesiones. Son asociaciones regionales que no entran en ningún debate en cuanto a representatividad territorial, más bien son una especie de club de formación para las familias en los procesos de sucesión y sus problemáticas concretas. A lo largo del año, desarrollan actividades de formación (ahora por teletrabajo), asambleas y reuniones. Su presidente en Castilla-La Mancha, Juan Ignacio de Mesa, destaca su absoluta independencia, posible gracias a a la ausencia de aportaciones por administración alguna  y el trabajo voluntario de sus miembros, lo que le da total libertad a la hora de opinar.
¿Está comenzando a recuperarse ya la demanda?
No, en absoluto. No se puede contraponer salud y economía, es obvio que lo primero es la salud, luchar contra la pandemia. Pero estamos viviendo en una situación en la que las medidas que se tienen que adoptar en el ámbito económico se están retrasando en demasía, y eso puede suponer que cuando nos queramos enfrentar a la realidad la crisis económica sea de tal envergadura que el paro que se alcance ponga en riesgo la sociedad en la que estamos viviendo. Nos preocupa mucho y pensamos que hay que ser previsor sobre los ámbitos de trabajo en los que movernos.
¿Cómo estaban las empresas familiares en la región antes de esta crisis?
La situación económica en España a finales de 2019 era bastante buena, con un PIB subiendo un poquito por encima de la media de la Unión Europea. La salida de la crisis de 2008 y las medidas que se adoptaron a partir de 2010 fueron, no voy a decir que las idóneas, fueron correctas, porque permitieron que la recuperación saliera adelante. Las empresas españolas demostraron una gran capacidad de adaptación, permitiendo que se recuperara el consumo interno y teniendo cada vez más peso en la exportación.
Era un escenario bastante interesante, aunque como siempre había reformas estructurales sin hacer, una demanda permanente. Gobierne quien gobierne, no hay pacto de estado para la reforma del modelo educativo y que se apoye a la ciencia, y que la investigación y desarrollo sea de verdad algo consustancial. Si decimos que el sistema sanitario español es de primer nivel, que lo es, que los medios de que se dote sean los adecuados. Y que se tomen las medidas pertinentes para la reforma de la propia estructura de la administración, que en algunos ámbitos mantiene su estructura del siglo XX. Se ha de adaptar, como hicimos las empresas.
Y aquí vino el parón.
Claro, viene esta pandemia y automáticamente nos encontramos con que hay que luchar, lo primero, contra los efectos del virus y su mortandad. Pero sus consecuencias son transversales, no solo sanitarias. Hay que adoptar medidas.
¿Han podido continuar algunas empresas familiares?
Han podido continuar las empresas que forman parte de los sectores esenciales. Todo el sector agroalimentario ha tenido que seguir funcionando. Los establecimientos de alimentación han seguido abiertos. Ha habido empresas de logística y transportes y también sectores industriales que se han adaptado para fabricar productos imprescindibles para atender al sector sanitario. El sector farmacéutico también ha sido imprescindible. Lo que pasa es que después ha habido otros sectores que han tenido que cerrar totalmente durante todas estas semanas.
Por lo tanto, ha habido una crisis absoluta de oferta y una crisis absoluta de demanda, que se va a llevar por delante a decenas de miles de pequeñas empresa y autónomos que no van a poder abrir, porque se han encontrado en una situación de ruina por el cierre de sus establecimientos y no conseguir ingresos durante estos meses, y sí hacer frente a gastos. No se ha sabido evitar que autónomos y micropymes siguieran teniendo gastos.
¿Y muchos problemas de normativa?
Esto es casi como un Gobierno yenka, delante, delante, detrás, detrás, para quedarte en el mismo sitio. Ha sido un empacho de páginas del BOE, donde se han mezclado medidas sanitarias imprescindibles con otro tipo de medidas que te producían una absoluta desorientación respecto a lo que tenías que hacer.
¿Están llegando las ayudas?
Ha habido problemas en casi todo. Hubo problemas en el pago de los ERTE, que se retrasó mucho. Había trabajadores que empezaron su ERTE en marzo y comenzaron a cobrar en mayo, con lo que la situación para muchas familias ha sido dramática. A los autónomos se les dijo que no tenían que hacer frente al pago de sus cuotas y lo están haciendo hasta ahora. Ha habido determinadas medidas que se vaticinaban y han llegado con muchísimo retraso o todavía no han llegado. De forma que la situación de liquidez por la que atraviesan muchas familias, autónomos, Pymes y micropymes es realmente angustiosa. Eso está suponiendo una crisis inmensa y cada día que pase y no se resuelva, cada día se agrava más.
¿Qué otras ayudas hacen falta?
Fundamentalmente, hace falta, primero, claridad y seguridad jurídica, para poder prever lo que tienes que hacer. En segundo lugar, hace falta liquidez. Y la liquidez se consigue de dos maneras: procediendo a retrasar los pagos que hay que hacer ante la administración hasta que esta situación se pare (si tienes que cerrar una actividad, lo lógico es no tener que pagar hasta que concluya, porque si no se impide la reactivación de esa actividad); y con las líneas de financiación y de ayuda para mantener las unidades productivas sean en cantidad, calidad y agilidad, las suficientes para poderlas llevar a cabo. Se anunciaron al principio del estado de alarma diez mil millones en avales, y se agotaron en la misma mañana del día que salieron esas líneas del ICO a través de las entidades financieras. Hace falta más dinero. Alemania ya ha aprobado líneas de financiación para apoyar su tejido productivo por valor de 500.000 millones de euros. Esto quiere decir que cuando salgamos de esta situación todos los países de la Unión Europea, las empresas alemanas van a llevar tal ventaja que se van a hacer con mayores cuotas de mercado. Aquí vamos a estar con una situación de crisis brutal y esa cuota de mercado que ocupaban las empresas españolas, las van a ocupar las empresas alemanas, porque tienen capacidad y financiación. Por lo tanto, primero, seguridad jurídica, segundo lugar, liquidez, y en tercer lugar, pensar que al Estado lo mantenemos todos los contribuyentes, no es un ente abstracto que tenga dinero y pueda darlo de forma gratuita; esos tributos que pagamos es lo que mantiene al Estado, y si los contribuyentes no tenemos ingresos porque no tenemos actividad económica, porque las empresas no pueden abrir, no seremos contribuyentes. Entonces ¿quién paga esta feria?

La situación ¿es diferente en algo en Castilla-La Mancha?
Es igual que en el resto de España. Quizás tiene cierta ventaja por la propia estructura y por la gestión que se ha hecho el País Vasco, que tiene un grado de industrialización mayor y una empresa con plantillas medias más altas, lo que le permite soportar un poco mejor la crisis. Aquí la tenemos una parte positiva, que muchas empresas que están vinculadas al sector agroalimentario puede soportar mejor la crisis. Pero es obvio que carecemos de empresas con tejido industrial consistente y plantilla media que le permita hacer frente en mejores condiciones la situación económica que vamos a atravesar. Va a haber un hundimiento enorme del tejido productivo, que es imprescindible para el empleo y la actividad económica para que se generen tributos y mantengan al Estado.
Luego tendremos el problema del turismo.
El turismo es obvio que este verano se ha ido al garete, con la inseguridad que se ha creado con la cuarentena para los de fuera, y si se va a abrir mañana o pasado. Grecia, por suerte para ellos, el 1 de junio abre sus problemas. No quiero opinar si se ha llevado mejor o peor la gestión sanitaria, aunque a los españoles no nos ponen muy bien, por muertos e infectados. Pero algo han debido hacer mejor otros países, como Portugal, Grecia e Italia, que nos llevan cierta ventaja.
¿Cambiará ahora el modelo productivo?
Tiene que cambiar. En algunos casos, se va a anticipar lo que ya se vaticinaba. Esta crisis nos ha hecho a todos darnos cuenta de que ese modelo productivo digital se va a implantar mucho antes. El modelo digital ya es un hecho. La flexibilidad de horarios es un hecho. El que nos encontremos que la globalización también tiene su parte negativa nos va a hacer recuperar determinadas líneas de producción sustanciales para poder abastecer necesidades vitales en cada territorio. Necesitamos reindustrializar Europa, no teníamos que haber cedido tanta capacidad de producción a terceros países. Tenemos que darnos cuenta de que la capacidad de decisión sobre ciertos modelos productivos tiene que estar más cerca de nosotros. Porque, si no, vamos a depender siempre de terceros. Esta crisis tiene que hacernos pensar a todos que tenemos que cambiar el modelo de producción, y en el modelo de distribución, probablemente se potencie todavía más para acercar el producto final al consumidor. Tenemos que digitalizarnos, porque la digitalización ha venido para quedarse, y me imagino que los toledanos que no han tenido fibra óptica estos meses se habrán dado cuenta. Igual que tiene que haber luz y agua en una casa, tiene que haber fibra. Los hábitos en la educación o en las reuniones también cambiarán; pueden ser a distancia.
¿Se volcará la sociedad en el consumo de proximidad?
Lo del consumo en la tienda del barrio es algo que no tendría que haberse abandonado nunca. Esta especie de modelo modernista que hemos querido copiar y que está en crisis ya en otros países de utilizar los centros comerciales como si fuera la plaza del pueblo estaba abocado a la crisis. Nos obliga a todos a depender del coche y de un determinado horario. También habrá que cambiar determinados hábitos en la tienda del barrio, pero es la que te permite comprar lo que necesitas con la urgencia necesaria, puesto que lo haces, por ejemplo, a última hora según vuelves del trabajo. En el Casco histórico de Toledo se había producido una verdadera crisis en cuanto al abastecimiento de sus habitantes y a otros barrios les estaba pasando tres cuartos de lo mismo. Tenemos que ser conscientes de que nuestras decisiones individuales condicionan muchas cosas.
¿El medio rural va a notar menos la crisis?
Dependerá del sector. El agroalimentario en Castilla-La Mancha es el vino y ha tenido problemas de comercialización fuera de nuestras fronteras. Luego hay un sector primario y agropecuario que habrá que industrializar para generar mayor valor añadido.
¿Se harán y serán positivos los anunciados ‘Pactos de la Moncloa’?
Creo que no tienen ganas de pacto ninguno. Yo si pido hacer unos pactos lo que no hago es insultar al que pido que venga conmigo a pactar. Tendré que invitar a sentarse a todos, y no voy con los papeles ya hechos, porque «estos son lentejas». Sinceramente, he visto muy poquita voluntad de pactar durante estos meses. Además, los pactos que se buscan de última hora son con contrapartida increíbles, no entiendo ni cómo se puede llegar a negociar determinadas cuestiones con determinados personajes. Y luego se cargan el diálogo social, porque dejan en fuera de juego a las partes.
Hablando de la derogación de la Reforma Laboral, aunque usted no los pronuncie, ¿cómo influiría a las empresas familiares?
De todo se puede hablar, de todo. Pero hay que ver cómo se quiere hablar y con quién se quiere hablar. Y el diálogo social hay que mantenerlo con todas las partes implicadas. Hay que hacer un llamamiento a las partes implicadas, sin posturas preconcebidas que condicionen o pongan en evidencia a quienes están reclamando que se sienten en la mesa contigo.
¿Cómo tienen que ser ahora las salidas de los ERTE?
Habrá que fraccionar las salidas en función de la demanda que vaya generando el sistema. No puedes hacer a una empresa que ha estado cerrada durante tres meses que de repente tenga que abrir mañana y recuperar el cien por cien de la plantilla. Eso le obliga a una empresa a las 48 horas a presentar automáticamente un ERE o un concurso de acreedores, porque probablemente no tenga ni demanda que atender, ni capacidad de producción, porque no pueda pagar a proveedores. Hay que sentarse, negociar y dialogar entre sindicatos, Gobierno y empresarios. Tenemos que ver el escenario en el que estamos y qué es posible.
¿Cuándo se podrá empezar a recuperar las empresas?
Dependerá de los sectores. Por ejemplo, el turismo, no creo que se recupere hasta el año que viene. Los touroperadores no crean una oferta para que pueda ser atendida si no tienen seguridad de que van a poder volar y si van a estar abiertos los hoteles, o van a poder llegar a las playas y tener una estructura que les dé cobertura. Hoy por hoy, no sabemos si eso es posible. El turismo se ha perdido para 2020. Eso implica que se ha perdido para el sector de la hostelería y que toda la actividad transversal que cuelga de hostelería y turismo se van a ver afectados. Eso afecta al consumo y al mercado de minorista. La caída de demanda en sectores como la automoción también se nota de manera impresionante. En Francia ya dicen que el Producto Interior Bruto va a caer un 20% y en España el Gobernador del Bando de España ya hablaba la semana pasada de caída de PIB de dos dígitos. Como tengamos una caída del entorno del 13 ó 15%, estamos hablando de un incremento de dos millones del paro y una crisis económica y social brutal. La solución tiene que venir de Europa y tiene que venir de la actividad empresarial; los empresarios son parte de la solución, no son el problema.