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Jesús Fuentes

ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Diez euros y una vida

05/11/2021

Según cuenta La Tribuna del martes – qué necesarios se vuelven los medios locales para trasmitir la información más próxima-  los hechos ocurrieron en la madrugada del domingo. Entre las 2 y 2,30,  en el Parque Lineal del Polígono, un joven moría asesinado por la intervención de alguien con una careta y un cuchillo de gran tamaño. Diez miserables euros robados,  una vida eliminada y una familia destrozada  ha sido el resultado de un domingo triste. Y se ha convertido en un enigma que la policía intenta descifrar. Un reto imprescindible para deshacer el miedo que se ha extendido por un barrio tranquilo de una ciudad no menos tranquila. ¿Cómo recuperar la calma  quebrada de un lugar confiable, a pesar del urbanismo de   apariencia de ciudad  peligrosa? Un parque oscuro, una hora incierta, un 'halloween' detestable, una máscara encubridora, un arma mortífera que, al parecer, abunda entre los jóvenes de ese barrio.
Tan pronto se extendió la noticia las redes empezaron sus vómitos variados. Aparecieron los que se apuntan al miedo al extranjero, el  discurso xenófobo de la paz  alterada por la presencia de gentes ajenas a los valores eternos de un país inexistente. Hay que aprovechar para extender el discurso del miedo, la narrativa del odio, la incertidumbre del momento, un malestar impreciso. Esto  pasa por aceptar el relato de la multiculturalidad, por creer que los seres humanos son  iguales con independencia de su origen, su religión, su color o su género. La policía se afana por encontrar respuestas. Saben que se juegan el prestigio profesional, pero sobre todo la vida normal de los ciudadanos, la convivencia en los barrios, la urdimbre de la confianza  sobre la  que se construyen las relaciones colectivas. Pero los mensajes desestabilizadores corren más rápidos que las pesquisas de la policía. Hay gentes interesadas en crear pánico, en difundir bulos sobre un asesino, ¿pudiera ser un sicópata?, que anda  por el barrio al acecho de víctimas a las que agredir. «En el Polígono hay más machetes de los que se cree, así que era cuestión de tiempo que algo así pasara», ha declarado  un joven del lugar a  La Tribuna. Habrá que actuar rápido y con contundencia para que una violencia irracional no altere  la  paz de un barrio tranquilo.