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Las exportaciones, motor del campo

Vidal Maté
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Las ventas en el exterior son fundamentales para sostener y aumentar producciones agrarias claves como vino, aceite, carnes o frutas y hortalizas. En una década, España duplicó ventas hasta superar los 60.000 millones

La s exportaciones, motor del campo

Los fondos comunitarios anuales de más de 6.000 millones que llegan a España como ayudas directas para una buena parte del sector agrario o para el desarrollo rural constituyen un pilar importante para las rentas de agricultores y ganaderos. El otro eje clave para sostener y aumentar la actividad agraria, sin tirar los precios, viene determinado por las ventas en el exterior. Y es que el sector exportador de productos agrarios, agroalimentarios y pesqueros se ha consolidado como el cuarto país de la Unión Europea con ventas ya superiores a los 60.000 millones de euros. Esta cifra supone casi duplicar los números de hace una década en base a un incremento anual medio superior al 6,3%, porcentaje muy superior al del resto de los países comunitarios con quienes se compite en los mismos mercados, tanto dentro como fuera de la UE.

La importancia de la política exportadora en el conjunto de la actividad agraria y de la industria agroalimentaria viene determinada por su peso en cada una de ellas. En el caso de la industria alimentaria, porque sobre una facturación de unos 130.000 millones de euros, las exportaciones suponen alrededor de 34.000. En el de la actividad agraria, sobre el valor de una producción final estimada en los últimos años en 52.000 millones de euros, las ventas de cuatro producciones como frutas y hortalizas, carnes, aceites y vino mantienen su viabilidad si funciona la política exterior, al suponer ésta más de 20.000 millones.

En frutas y hortalizas, sobre unas producciones totales de unos 26 millones de toneladas, las exportaciones se elevan a más de 13 millones, de los que 5,7 corresponden a las hortalizas y otros 7,6 millones a la frutas. Juntas suman un valor superior a los 15.000 millones de euros. Situaciones pasadas de cierres de mercados como el ruso o dificultades para la entrada en otros mercados como el norteamericano se tradujeron en problemas en origen con precios a la baja y, en algunos casos, como en las frutas de hueso, con procesos obligados de reconversión y arranques.

El desarrollo y la consolidación de España como la huerta de Europa está basada en las exportaciones, básicamente a otros países comunitarios y del resto de Europa, solamente bajo la amenaza de las importaciones masivas de frutas y hortalizas procedentes de terceros países, a los cuales, en muchos, casos no se les exigen los mismos requisitos en materia de seguridad alimentaria que a los productos comunitarios. En contra de ello, España trata de imponer lo que se llama la 'cláusula espejo'; en otras palabras, demandar a esos productos las mismas condiciones que a los obtenidos en la Unión Europea.

Las carnes en su conjunto y sus productos derivados son otro de los sectores con una fuerte dependencia exterior. Con una facturación media de casi 9.000 millones de euros, en ese global de las ventas el eje se halla en el porcino. Las ventas de ese sector en el exterior, solo hablando de carnes y despojos, se sitúan en casi tres millones de toneladas, de los que 1,4 corresponden al mercado chino, que en los últimos años ha sufrido vaivenes muy importantes, en unos casos favorables para España como el desarrollo de la peste porcina en ese país que obligó al cierre de cientos de miles de granjas; y en otras ocasiones con una cariz negativo, como ocurrió con el covid y el cierre de fronteras. China supone unos 3.000 millones de euros y el sector, en momentos de dificultades, ha buscado otros mercados asiáticos y sudamericanos para tratar de mantener una producción que en los últimos años no ha parado de crecer hasta superar los cinco millones de toneladas.

En el caso del vino, con una producción media de casi 40 millones de hectolitros y una demanda al alza -aunque solo alcance los 10 millones-, las exportaciones son irrenunciables con un volumen que oscila entre los 21 y los 24 millones de hectolitros. El problema es que es un sector que no acaba de atajar su problema dominante, a saber: la venta masiva de graneles a bajos precios, por debajo de 0,50 euros litro, lo que arroja una media de precios de solo 2,13 euros litro y unos ingresos de unos 3.000 millones frente a los casi 9.000 de Francia por exportar la mitad o los más de 6.000 de Italia con un volumen ligeramente inferior.

Finalmente, en aceite la exportación de entre 900.000 a 1,1 millones de toneladas por unos 4.000 millones de euros, según campañas, ha sido una salida indispensable si se considera que las producciones medias superan los 1,4 millones de toneladas y la demanda interior se halla estancada en poco más de 500.000. Las ventas en el exterior han sido la única vía para poder seguir aumentando las superficies de cultivo y la mejora de infraestructuras hasta llegar a cosechas de 1,7 millones de toneladas. Como en el vino, la asignatura pendiente es la venta masiva de graneles a Italia.

 

Agujeros y retos.

A pesar de la evolución muy positiva de las exportaciones agrarias y alimentarias españolas a más de un centenar de países de todo el mundo, la realidad es que, junto a las fortalezas del sector por la disponibilidad una oferta amplia, con calidad y variedad a lo largo de todo el año, existe también una serie de debilidades que merman sus posibilidades de venta y sus ingresos.

España, aunque hoy ya se halle entre los cuatro primeros países exportadores de la UE, desplazando a Italia, llegó tarde a los mercados cuando ya estaban operando en ellos países competidores como Italia, Francia, Alemania o Países Bajos, por lo que todo ha sido una remontada. A la hora de abordar los mercados se impone, sin embargo, una política de mayor dimensión, operaciones conjuntas de los sectores y evitar que cada firma vaya por su lado, si bien hay que reconocer en los últimos años el papel de las pequeñas y medianas empresas. En muchos casos, las exportaciones adolecen de un mayor valor añadido, se opta por operar básicamente vía volumen a precios bajos, casos como el aceite a granel o los vinos, dejando el margen más importante en manos de los operadores finales en cada país. El sector exportador mantiene una elevada dependencia de las ventas al resto de los países comunitarios y otros europeos, en parte porque no se han impulsado desde las instituciones comunitarias políticas acuerdos con terceros países que constituyen grandes importadores como Estados Unidos, Canadá o Japón, así como otros de América Central y del Sur en los que se aplican barreras ficticias fito o zoosanitarias en frontera para evitar o limitar la entrada de los productos españoles, mientras no se hace lo mismo con la exportaciones de esos países hacia la UE.