"El asesinato de Gregorio Ordóñez fue un crimen electoral"

R. Herrero (EFE)
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Ana Iríbar revive estos días el dolor y el «horror» del asesinato de su marido presidente del Partido Popular de Guipúzcoa, a quien ETA quiso acallar con un disparo en la cabeza el 23 de enero de 1995, hace hoy 25 años

"El asesinato de Gregorio Ordóñez fue un crimen electoral" - Foto: Juan Herrero

El crimen de Gregorio Ordóñez inauguró una nueva campaña de atentados contra cargos públicos no nacionalistas por partede la organización terrorista.


¿Cómo están viviendo usted y su hijo un aniversario tan especial?
Todos los aniversarios son especiales, en todos recordamos y se pasa mal. Lo duro suele ser el día a día, esos momentos en los que echas de menos a Gregorio. Mi hijo ha echado de menos a su padre desde que tiene 14 meses y él dice que lo peor que le ha podido pasar es que no tiene recuerdos de su padre.


Pasados 25 años ¿cuál es el legado que dejó la figura de Gregorio Ordóñez?
Desarrolló un discurso claro, sin complejos y orientado a romper con esa idea de que para ser vasco había que ser nacionalista. Y a animar a los ciudadanos a romper el miedo y decir muy claro qué era ETA, una organización terrorista, y qué era Herri Batasuna (HB), que era parte de la banda. Gregorio fue un motor de cambio para esta sociedad. No hay más que ver la evolución del voto. En las europeas del 94, el Partido Popular es la fuerza más votada. Cuando presenta su candidatura a las siguientes municipales, el 19 de enero de 1995, Gregorio era un aspirante para ganar esas elecciones. Por eso se dijo que aquel asesinato fue un crimen electoral. ETA asesinó a su adversario político. ETA intentaba vaciar ideológicamente la sociedad vasca.


¿Qué cree que Gregorio Ordóñez aportaría en el momento político actual?
Ese es el problema, eso es lo que ha conseguido ETA, que no lo sabemos. No sabemos qué aportaría Gregorio, qué diría, dónde estaría, cuál sería hoy su discurso. Por eso lo mataron, porque les molestaba mucho su discurso y ver que un partido como el PP seguía avanzando electoralmente.


¿Cuáles son las tareas más urgentes que le quedan a la sociedad vasca para cerrar definitivamente el capítulo del terrorismo?
El capítulo del terrorismo es para mí la historia de la indignidad, de la de los que matan y de la indignidad de las instituciones vascas gobernadas por un nacionalismo que durante muchos años jamás miró ni consideró a las víctimas. Han tenido que pasar muchos años para que se legisle, se reconozca la importancia de la víctima política de ETA. Para mí, no tiene ningún sentido que el discurso político de los terroristas siga en las instituciones. Me molesta terriblemente como ciudadana, como demócrata, ver a Arnaldo Otegi pasearse delante de los medios de comunicación y ocupar sillones que son el lugar de la democracia, no de los asesinos. Y me duele profundamente que haya más de 300 crímenes sin resolver. Es un déficit para la democracia española tremendo. En España, ETA ha matado a más de 850 personas y creo que el Estado no ha estado a la altura de las circunstancias.


¿Qué le parece que el Gobierno recién constituido haya necesitado apoyarse en la abstención de EH Bildu?
Cualquier relación, por omisión o no, que se establezca con lo que queda de ETA me parece una indignidad, me parece realmente que es algo que atenta contra la propia democracia, contra el significado de la democracia en España y un ejemplo demoledor para cualquier ciudadano.


¿Le dolió personalmente?
No lo comparto políticamente de ninguna de las maneras, y me duele profundamente como ciudadana y como familiar de víctima del terrorismo.


¿Hasta qué punto cree que este hecho puede condicionar la política del Gobierno en las materias pendientes en Euskadi, como presos o víctimas?
Pues está por verse. No dar la espalda a todo lo que tenía que ver con HB, con Bildu o con Sortu creo que es un mal ejemplo para toda la sociedad y es una manera de devaluar a la propia clase política, más si cabe.


¿Qué opina de la reivindicación del acercamiento de los presos de ETA a cárceles vascas?
Los presos pueden reivindicar lo que quieran, yo lo que exijo al Estado es que funcione y, por lo tanto, le pido que se cumplan las condenas, no sé si me importa tanto que estén cumpliendo condena aquí, a 100 kilómetros o a 800. Tampoco quiero que tengan la vida fácil, lo tengo que decir con total sinceridad y honestidad. Yo, si quiero acercarme a lo que me queda de Gregorio, tengo que ir a un cementerio con mi hijo a ponerle unas flores.


¿Cree que es posible una reconciliación y un relato compartido para el futuro?
Cuando se habla de reconciliación ¿con quién quieren que me reconcilie?, ¿con el que asesinó a Gregorio? No, porque para empezar yo nunca he sido amiga, ni he ido de txikiteo con nadie vinculado a este mundo del terrorismo. No me tengo que reconciliar con ninguno de ellos.


Me refiero a esa parte de la sociedad que miró hacia otro lado.
Creo que la sociedad y las instituciones tienen que reconocer la parte de responsabilidad que tienen sobre esto. No pueden dirigirse a las víctimas, tantos años después, para decirnos que perdonemos. Yo, como ciudadana, lo que tengo que exigir es que se haga justicia. Se trata de asumir la verdad de los hechos, lo que soportó Gregorio Ordóñez. Antes de ser asesinado, lo amenazaron, pintaron el portal de nuestra casa, y después de muerto, profanaron hasta tres veces su tumba. Y, 25 años después, se va a poner una placa de recuerdo a Gregorio Ordóñez (junto al bar donde fue asesinado) ¡Veinticinco años después de su atentado! Todo ha ido muy despacio en esta sociedad para nosotras, para las víctimas. Y el tiempo siempre juega en nuestra contra, porque la sociedad tiende a olvidar. Lo que tiene que haber es justicia y memoria.