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Sentimiento de veneración por las calles del Casco

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El itinerario procesional del Corpus Christi es el resultado de siglos de espiritualidad y tradición. El corazón del Casco de una de las ciudades con más historia de España respira hoy un sentimiento de veneración al Santísimo dentro de la Custodia

Sentimiento de veneración por las calles del Casco - Foto: Yolanda Lancha

El día del Corpus amanece en Toledo con toque de dianas y lanzamiento de bombas reales. Después, la Tarasca se pasea de nuevo acompañada de la charanga, los gigantones y los cabezudos. A las 11:00 horas, una salva de morteros anuncia la salida de la procesión desde la Catedral Primada, por la Puerta Llana. Militares de la Academia de Infantería son los primeros en recibir a la Custodia con los acordes del himno de España.

Los jóvenes cadetes permanecen inmóviles, observando a que se forme la procesión para cerrar el desfile a la espalda del arzobispo con Bandera, Banda de Música y una Compañía de Honores.

El cortejo procesional, que abre el piquete de la Guardia Civil, comienza su recorrido por las calles del Casco histórico de la ciudad bordeando la Seo toledana por la calle Cardenal Cisneros.

Los toldos, auténtico palio de la Custodia, cubren el paso del Cuerpo de Cristo acompañado desde esos primeros metros por los característicos arcos de triunfo de verdes ramas; simbología de lo efímero que se funde con los adornos florales presentes en todo el recorrido.

La pequeña cuesta de la calle Sixto Ramón Parro es remontada con alegría por el cortejo, que guarda fuerzas para afrontar el recorrido completo en un día que, tradicionalmente, se ve azotado por las altas temperaturas. 

La llegada al Teatro de Rojas tras dejar atrás la Posada de la Hermandad es uno de los primeros iconos visuales de la procesión. Turistas y toledanos se aglutinan sobre la escalinata de acceso, y la amplitud del espacio de la llamada Plaza Mayor -ni de lejos la más grande del Casco- sirve para que la Custodia se vea agasajada sin parar por los aplausos de los fieles.

Subiendo por la calle Tornerías (o de las pescaderías) la procesión se encaja en las estrecheces del trazado islámico de la urbe, así por Martín Gamero hasta desembocar en las Cuatro Calles y de allí afrontar la recta de la Calle Comercio hasta Zocodover.

Con la aguja de la torre de la Catedral de fondo, entre pétalos deflores, incienso y tomillo, la Custodia deja estampas para el recuerdo. Desde los balcones, los toledanos reciben la joya de Arfe sin perder de vista el auténtico tesoro: el Cuerpo de Cristo.

Entre aplausos, como no podía ser de otra forma, la Custodia desemboca en Zocodover para un auténtico baño de masas en el que no cabe ni un alfiler. Tras ser depositada al abrigo del Arco de la Sangre comienza la alocución del arzobispo; siempre cargada de mensaje, tanto mundano como espiritual.

Un receso para ser testigos de la fiesta del Corpus Christi y continuar con el último tramo de la procesión. El cortejo enfila por la calle Sillería para afrontar la parte más 'castiza' del recorrido, aquella que se mimetiza con las trazas árabes de la ciudad para dar lugar a marcos incomparables bajo una atmósfera cargada de los olores del Corpus más puro.

El ambiente mezclado del incienso con el tomillo, y las altas temperaturas casi siempre presentes (y hoy más), ayudan a crear una atmósfera casi mística en el descenso del Cuerpo de Cristo por la calle Alfileritos. La Custodia roza con las guirnaldas y desde los balcones los fieles no dudan en arrojar pétalos de flores en lo que son unos 200 metros que condensan lo mejor de la procesión.

El aire vuelve a insuflar al cortejo a la llegada a la plaza de San Vicente, en donde se inicia la recta final de la procesión por la calle Alfonso X el Sabio.

La Iglesia de San Ildefonso, antiguo reducto de los Jesuitas ya no presentes en la ciudad, saluda el paso del Cuerpo de Cristo con otro de esos espacios abiertos y escalinados tan infrecuentes en el recorrido.

Un lugar para que los visitantes y vecinos se agolpen para ver un orden procesional que se mantiene intacto a pesar de la distancia ya recorrida desde la salida a las once de la mañana de la Custodia de la Catedral.

Requiebro en la calle De Rojas para afrontar la llegada a la plaza de El Salvador y, dejando a la derecha el repecho paralelo al Centro a la espalda del Palacio Arzobispal para acometer, ahora sí, el final de la procesión del Corpus.

La bajada por Arco de Palacio no puede ser más espectacular. La Catedral Primada luce sus muros engalanados con sus fastuosos tapices, auténticos lienzos de hilo y seda que están divididos en series según los motivos que representan: eucarísticos, arzobispos toledanos, historias del Antiguo Testamento, virtudes, mundo clásico y mitología, y artes.

En total, son 48 los tapices que la Catedral luce cada año durante el Corpus, la mitad de los cuales serán los que se expongan de forma permanente en el Museo de Tapices situado en el cercano Colegio de Infantes.

El paso concreto por Arco de Palacio deja paso a la llegada a la plaza del Ayuntamiento para el último baño de multitudes de la Custodia de Arfe y su paso, por la misma Puerta Llama que salió, de nuevo a la Seo Primada de España.