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Editorial

La ansiedad y los diáfanos mensajes de las elecciones en Andalucía

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Eran plebiscitarias y como tal se están leyendo sus resultados, al menos en las sedes de los ganadores. O del ganador único, en este caso. El vuelco electoral en Andalucía, que otorgó el domingo una incontestable e histórica mayoría absoluta al proyecto del Partido Popular encarnado por Juan Manuel Moreno Bonilla y liderado por Alberto Núñez Feijóo, constituye sin duda alguna un punto de inflexión en el juego de las mayorías, pero está por ver hasta dónde alcanzará el vuelco cuando se vote en ayuntamientos y comunidades autónomas en mayo de 2023 y cuando, previsiblemente a finales del mismo año, se cite a los ciudadanos para unas elecciones generales que Pedro Sánchez quiere llevar tan lejos como sea posible.

En el PP consideran que la inercia del cambio es imparable, sobre todo después de haber contenido el auge de Vox hasta llevarlo a la oposición en el parlamento andaluz. La tendencia es indiscutible y los populares reinician, ahora sí, su historia con un proyecto claramente ganador, pero lo hacen desde muy lejos de la mayoría absoluta, cota a la que deberá aspirar Núñez Feijóo si quiere liberarse de coaliciones con las que ha dejado meridianamente claro que no sentiría cómodo. El PP muestra ansiedad y deberá aprender a controlarla para no ser presa de su propia trampa.

Vox, por su parte, recibe un aviso que tiene ecos en Castilla y León. El electorado no se ha volcado con las siglas de Macarena Olona, que, si bien  mejora el resultado anterior en un par de escaños, se queda muy lejos de su objetivo de condicionar el próximo Gobierno. La dialéctica áspera de la campaña no ha ayudado. Los ciudadanos venían mostrando hartazgo con las formas 'tradicionales' de hacer política, pero todo tiene límites y la formación de Santiago Abascal haría bien en ponderarlos si no quiere ver replicado el caso andaluz en el resto de España. Queda ahora Castilla y León como único territorio con un Gobierno participado por Vox, lo que sin duda incrementará la atención de la calle Génova sobre el comportamiento del Ejecutivo regional y la incidencia que este pueda tener en las perspectivas electorales que se abren para Núñez Feijóo. Andalucía se ha ganado por el centro y nadie se baja de una hidratante fórmula ganadora cuando viene de cruzar un largo desierto.

Y luego está la izquierda. La que se considera verdadera ha fracasado estrepitosamente hundida en guerras intestinas que acreditan, por enésima vez, que lo importante es el poder y no los ciudadanos. En el PSOE, incapaces de la más mínima autocrítica, hacen el ridículo achacando el éxito de Moreno Bonilla a los fondos estatales para plantar cara a la covid. Es delirante e impropio de un partido con la historia de un PSOE cada día más espectral y encastillado en Ferraz.