Toledo y sus viejas industrias

Adolfo de Mingo / Toledo
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El Archivo Municipal ha incorporado a su página web este documental del año 1928, recién restaurado por la Filmoteca Española. Se trata de una copia de la colección Alba correspondiente a una edición posterior, montada en 1945

Salida del tren de la Estación de Atocha, con destino a Toledo (edición de 1928, Filmoteca Española).

El Archivo Municipal de Toledo acaba de sumar a los amplios contenidos disponibles en su página web el cortometraje documental Toledo y sus viejas industrias. Se trata de una película de 1945, producida por Minerva Films y montada por Leopoldo Alonso a partir de numeroso material filmado diecisiete años atrás. Gracias a ella es posible conocer la actividad de damasquinadores, cinceladores, espaderos y otros artesanos del metal toledanos de la primera mitad del siglo XX, entre ellos Julio Pascual (1879-1967), quien aparece trabajando en una gran rodela rematada por una cabeza de Medusa.
El cortometraje, que procede de los fondos de la colección Alba, ha sido recientemente restaurado por los técnicos de Filmoteca Española. Concretamente, por el departamento de Investigación de fondos fílmicos, cuyo responsable es Mariano Gómez. La autora del informe de restauración es Patricia Uceda Gil, quien ha cotejado la película de la colección Alba -editada y locutada por Ángel Soler (1906-1990), la voz de Radio España- con la primera versión del documental, realizada en 1928 y accesible a través de la web de RTVE.
Toledo y sus viejas industrias ofrece a los espectadores toledanos una nítida semblanza de la ciudad anterior a la Guerra Civil, con los indispensables planos de la Casa del Greco, la Catedral y San Juan de los Reyes. A ellos es posible sumar algunos planos menos convencionales, como una vista de la portada de San Juan de la Penitencia y otra del castillo de San Servando, además de una Puerta de Bisagra custodiada aún por las estatuas de reyes del siglo XVIII.
Julio Pascual, con alrededor de cincuenta años, trabajando en una rodela (edición de 1945, sonorizada, a partir de la filmación de 1928).Julio Pascual, con alrededor de cincuenta años, trabajando en una rodela (edición de 1945, sonorizada, a partir de la filmación de 1928).Además de Julio Pascual, entre los artesanos que aparecen en el documental es posible identificar a Elías Labraña, «el mejor cincelador que yo haya conocido», según el académico Félix del Valle, especialista en artes del metal. Particularmente interesante es el proceso de fabricación de espadas, incluidos el baño electrolítico, pulimento y comprobación del temple y corte de un sable por el espadero ante la mirada del espectador.
Entre la versión de 1928 y la de 1945 hay varias diferencias significativas. Toledo y sus viejas industrias comienza mostrando el viaje en tren desde Madrid -principal medio de transporte de los miles de visitantes que cada año recibía ya la ciudad en aquel entonces-, mientras que la película de 1945 lo hace con planos aéreos (algunos procedentes del material filmado también en los años veinte). La diferencia es importante, ya que la versión más reciente parece dejar atrás el romanticismo del viaje en tren -la película de 1928 recoge cómo era el interior de la Estación de Atocha (filmada desde el último vagón del convoy conforme este se aleja), así como algunos puntos intermedios del recorrido, entre ellos la Estación de Algodor-, plasmado posteriormente en títulos como El buen amor (Francisco Regueiro, 1963). En época del Greco, señala la voz de Ángel Soler, «solo a los ángeles les era permitido volar sobre las ciudades; hoy vuelan los demonios, y así anda ello».
Toledo y sus viejas industrias, como es obvio, no recoge el Alcázar en ruinas (su destrucción no se producirá hasta ocho años después), cuyos restos sí aparecen añadidos al final de la película de 1945, la cual está sonorizada y concluye con la célebre soflama de «¡Sin novedad en el Alcázar!».
La versión de 1945, por otra parte, está convenientemente montada, incluidos los créditos iniciales, e intercala entre los planos de 1928 representaciones artísticas como Vista y plano de Toledo, del Greco; el interior del Cristo de la Luz a partir de la conocida estampa de Pérez Villaamil o el plano realizado por Joris Hoefnagel en el siglo XVI. Curiosamente, la película más reciente prescinde de una temprana filmación de la procesión del Corpus Christi de 1928, año en que participó por primera vez el Capítulo de Caballeros del Santo Sepulcro y cuando se sitúa la más temprana manifestación audiovisual de la fiesta toledana por excelencia, asunto por el que hace algunos meses manifestó también interés el Archivo Municipal.
Toledo y sus viejas industrias no es el único documental interesado en las artesanías de la ciudad. El damasquinado -cuyos orígenes toledanos eran ya considerados ancestrales en la década de los años veinte, pese a que esta técnica no arraigó verdaderamente hasta mediados del siglo XIX, cuando fue introducida por la familia Zuloaga y sus discípulos- está presente en un breve cortometraje Pathé baby de 1924. Se trata de Fabrication des bijoux, que muestra, en planos cerrados de las manos del artesano, el minucioso proceso de incorporación del hilo dorado sobre un jarroncillo. Otro ejemplo, dentro del catálogo de Gaumont, sería La cooperative ouvriere de Tolede perpetue l'art des incrustations d'or sur acier, de 1933.
Este interés por la artesanía tradicional se enmarca dentro de los abundantes cortometrajes documentales realizados en España a finales de los años veinte y muy especialmente durante la Segunda República, cuando cineastas como José Val del Omar, Gonzalo Menéndez Pidal o Carlos Velo, entre otros, pusieron su talento al servicio de las célebres misiones pedagógicas.
El director de la versión final de 1945, el salmantino Leopoldo Alonso Hernández (1877-1949), pionero de la fotografía aérea en España, no fue una excepción. No en vano, uno de sus cortometrajes, El Canal de Castilla (1931), se convirtió a finales del año pasado en el primer documental español en ser declarado Bien de Interés Cultural.