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Y llegó el Apocalipsis

Ana María Jara*
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Los organistas permitieron que se disfrutara de una batalla espectacular, llena de matices y juegos sonoros. Son ya 19 batallas, todas diferentes y únicas. Ojalá vengan muchas más

Cuando entran en acción los órganos más grandiosos es inevitable sorprenderse de sus posibilidades sonoras. - Foto: @Iko

Con ovación cerrada y el público en pie concluyó la última batalla de la IX edición del Festival El Greco en Toledo. Se reafirma una vez más que las Batallas de órganos cuenta con el apoyo de la ciudad y sus visitantes. Siete órganos en plena forma se enfrentan en un concierto que solamente puede ocurrir en la Catedral Primada. Los organistas permitieron que se disfrutara de una batalla espectacular, llena de matices y juegos sonoros, que sacan así el máximo provecho de las posibilidades musicales de los órganos. Los músicos formaron un grupo de alto nivel en el que la complicidad entre ellos fue determinante para hacer disfrutar al público. Son intérpretes ya conocidos que no se resisten a volver a la Catedral para formar parte de una propuesta musical que saben única. Repasar sus currículums nos hace recordar que son profesionales excepcionales y de relevancia en el ámbito organístico dentro y fuera de Francia, su país de origen. Todo ello bajo la coordinación de Juan José Montero al que no debemos dejar de agradecer que haya hecho posible el renacer sonoro de los órganos de la Catedral Primada.

Se inició el concierto con una batalla del compositor aragonés José Ximénez, comenzando una tradición barroca que se empieza a intuir en sus partituras, con llamadas de trompetas en apariencia sencilla que los organistas supieron engrandecer anunciando así el carácter rotundo que imperaría en el concierto. Desde los órganos portativos del Corpus se escuchó el concierto op.4, n.º 1 de George Friederich. Haendel en una delicada interpretación de Marle-Ouvrard y Montero. Una articulación detallada, diálogo entre solistas y la sección orquestal desde unos teclados que se adecuaban muy bien a lo pensado por Haendel. Se buscaba expresión y los músicos lo consiguieron. La Suite 1 BWV 1066 del indispensable Johann Sebastian Bach permitió escuchar a los cuatro organistas desde los realejos acompañados también del clave, instrumento ya asentado en las batallas. Su interpretación transmitió la agilidad y ligereza de los movimientos de danza de manera precisa sabiendo jugar magistralmente con los registros de esos órganos.

Cuando entran en acción los órganos más grandiosos es inevitable sorprenderse de sus posibilidades sonoras. Dupont y Liégeon interpretaron  Grand Choeur Dialogué de Eugene Gigout. La obra de finales del siglo XIX recoge los anhelos que caracterizan a los músicos románticos que buscan un lenguaje místico y propio. Por ello el órgano volvió a revitalizarse en esas décadas, porque se ajustaba a sus inquietudes compositivas. Desde los órganos del coro, Berdalonga y Echevarría, los músicos volvieron a configurar la obra ampliando incluso los recursos presentes en la partitura. Terminó el concierto con la batalla imperial que atribuimos con dudas a Joan B. Cabanilles, obra representativa de estos conciertos.

 Los organistas permitieron que se disfrutara de una batalla espectacular. Los organistas permitieron que se disfrutara de una batalla espectacular. - Foto: @IkoLas improvisaciones forman parte de las Batallas en honor a la práctica creativa que siempre ha estado presente en la interpretación musical. La riqueza tímbrica de los órganos se presta a ello y comprobar cómo se vertebra el discurso sonoro entre los cuatro organistas fue sorprendente. Sin duda, una muestra de libertad basada en los amplios conocimientos de composición que poseen todos ellos. La temática fue el Apocalipsis. Una lectura repleta de simbología que llama a reafirmar la fe luchando contra las tentaciones en forma de dragón. Un camino de obstáculos pero que terminará felizmente. Se musicalizaron los cuatro jinetes desde los cuatro órganos con notas largas, disonantes, estremecedoras incluso. Se abriría el séptimo sello del libro sagrado desde el imponente órgano de piedra, el Emperador. Se escucharon también las siete trompetas emuladas desde los tubos de los cuatro órganos permitiendo al final escuchar acordes amplios que nos conducirían hasta el combate con el Dragón. Música que fue creciendo de intensidad hasta terminar en la Nueva Jerusalén con sonoridades luminosas, cristalinas y solemnes.  

Son ya 19 batallas, todas diferentes y únicas. Ojalá vengan muchas más. El nivel musical y cultural de la ciudad se enriquece con sus Batallas. La Catedral Primada abre sus puertas a eventos musicales que son parte ya de nuestra memoria. En el público un número importante de jóvenes que acuden a esta cita esperando sorprenderse. Esa curiosidad hay que mimarla y potenciarla. Sin duda un buen síntoma de la labor de difusión realizada en la que aúnan fuerzas distintas organizaciones y administraciones siendo la Real Fundación de Toledo la encargada de vertebrar y gestionar. Gracias por hacer posible una vez más que las batallas sean una realidad. Son conciertos que han llegado a su meta en esta edición con la confianza que no sea un punto final. Disponer de estos momentos de excelencia musical es un privilegio necesario.

* Ana María Jara López, es musicóloga y profesora en el Conservatorio Profesional de Música Jacinto Guerrero de Toledo.

Más de 1.000 personas llenaron la Catedral para asistir a la última de las batallas de esta edición.
Más de 1.000 personas llenaron la Catedral para asistir a la última de las batallas de esta edición. - Foto: @Iko