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José Luis Arroyo

Rayadas Millennials

José Luis Arroyo


Se llama violencia de género

12/04/2022

La semana pasada, nuevamente, otra mujer fue asesinada en nuestra provincia por su pareja, siendo la segunda en lo que llevamos de año. Dicho crimen sume en un inmenso dolor y vacío a sus familiares y amigos, especialmente a los hijos de la víctima, sin duda, a la misma vez que llena de indignación a sus vecinos del pequeño municipio de Mascaraque.
Esta lacra, que se llama violencia de género -no existe otra manera de denominarla-, ya que se ejerce sobre las mujeres, sean parejas o ex parejas, por parte de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones de afectividad, tiene como único objetivo del agresor conseguir el control absoluto, produciendo daño de manera sistemática y continuada como parte de una misma estrategia.
Además, esta actuación criminal que es la única causa del asesinato de 1.136 mujeres, según cifras oficiales, desde el 1 de enero de 2003 hasta el día de hoy, nos alerta de la presencia de esta violencia en nuestros entornos más inmediatos, obligándonos a comprometernos, como no puede ser de otra manera, a prestar la ayuda que sea necesaria a aquellas mujeres que pudieran estar viviendo esta dramática realidad y a sus familias.
Esa estrategia de dolor y destrucción aplicada por parte del agresor acaba arruinando también la vida de centenares de niños y niñas en nuestro país; como la de los huérfanos que deja el asesinato perpetrado la semana pasada en Almonacid de Toledo, por no hablar de la perversidad más repugnante que se manifiesta por medio de los asesinatos perpetrados a niñas y niños con la única finalidad de destruir en vida a sus madres.
Por ello, mi columna esta semana no tiene otra finalidad que describir una cruda realidad que día a día se sigue produciendo en nuestro país y en nuestra provincia, a la misma vez que paradójicamente se negocian gobiernos sobre los fundamentos de eliminar el amparo público a las mujeres y a sus hijos, dejándoles en la más absoluta intemperie frente a su agresor, en una sociedad que además aspira a seguir llamándose democrática y de derecho.
Finalmente, apelo que los que hoy están tentados en sucumbir a las demandas de los 'portavoces del odio', que son despreciados por las familias políticas que han liderado el proceso de construcción europea bajo los principios del máximo respeto a las libertades y los derechos humanos, no tengan que avergonzarse en un futuro por los acuerdos que pudieran alcanzar sustentados sobre la injusticia y el sufrimiento.