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La magia de los Mayalde llega a Mora

Dominguín
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Exitoso festival benéfico en Mora donde los actuantes cortaron 11 orejas. Dos novillos de la ganadería toledana fueron premiados con la vuelta al ruedo. Lleno en los tendidos de la plaza de toros portátil.

Dos novillos de Mayalde fueron premiados con la vuelta al ruedo. - Foto: Dominguín

En una plaza portátil se celebró el festejo taurino de la feria de Mora. El paso de Filomena ha dejado su huella en el vetusto coso que no ha sido reparado y se ha tenido que echar mano de una solución transitoria. No obstante, las gradas de madera de llenaron hasta cubrir el aforo autorizado. Mucho público que aparte de ir a contribuir con una noble causa, iban a ver a sus toreros locales.

Para la ocasión se embarcaron seis erales del Conde de Mayalde, terciados pero bravos y repetidores. Los toreros disfrutaron de sus embestidas y dos de ellos, el cuarto y el quinto, fueron premiados con la vuelta al ruedo.

Eugenio de Mora abrió cartel y tuvo que bregar con el novillo menos claro. Su experiencia y años de alternativa, solventaron las embestidas algo bruscas y rebrincadas del animal. A fuerza de bajarle la mano fue consiguiendo meter a de Mayalde en el canasto, cortándole dos orejas al acabar con él.

José Cabrera tuvo un animal muy colaborador, no desaprovechando la ocasión el novillero. Toreó con gusto y con oficio, ligando tandas largas, que el animal agradecía yendo a más. Falló con la espada lo que le hizo sólo pasear una oreja.

Olmos sorteó un primor de burel, y el moracho lo supo desde que lo recibió de capa. Lo fue afianzando, pulseándolo y llevándolo a media altura, hasta que el animal empezó a darlo todo. Entonces destapó el tarro de las esencias y vino una majestuosa faena que más que rotunda fue de empaque y torería, de remates y de gusto. Estaba delante del eral como si estuviese toreando de salón. Luego con la espada un cañón y dos orejas fueron a pasar a sus manos. Paseó por el anillo ante el calmos y las ovaciones de sus paisanos.

El cuarto del festejo fue para Alejando adame, que lidió el novillo más cuajado. El mejicano empadronado en Mora recibió con suavidad de capa al animal y lo meció por verónicas ante los oles del público. Brindo su astado a Tomás López, conocido carnicero de Mora, y a su familia, tras lo cual se fue con predisposición a por su enemigo. Faena muy estructurada de Adame que toreo muy bien por ambos pitones, destacando el toreo largo y templado con la diestra. Dos orejas cortó tras enterrar el acero al acabar su labor, paseando los trofeos junto al mayoral de la vacada Juan Martín.

Desde Manzaneque vino Juan José Villa ‘Villita’, toreando con firmeza a su animal con la capa, dejando una clara tarjeta de visita. Con la muleta lo tiene claro y tuvo enfrente una malva de animal. El del Castañar fue bravo y repetidor, yendo a más, lo que supo aprovechar ‘Villita’. El culmen vino al natural, con muletazos profundos y ligados que enloquecieron a los asistentes. Otras dos orejas para el chaval, que paseó una vez que el eral fuese paseado por el anillo por las mulas, encabezadas diligentemente por Honorio, que es todo un especialista en estas lides.

Cerró el festejo Sergio Céspedes, novillero local que quiso torear con gusto y pausado de capote a su burel. Dos buenas verónicas, tras lo cual llegó una tremenda voltereta que condicionó la embestida del novillo toda la lidia. Lo cuidó Céspedes y lo llevó a media altura a un animal que, de no estar mermado de fuerzas, hubiese sido de los más bravos de la tarde. Se le vieron detalles y tiro de recursos para luego pasaportar con diligencia a su res a la que la cortó dos apéndices.