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Enrique Belda

LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Kabul sigue ahí tras el minuto de gloria de los pobres

26/10/2021

Contaba Silvio en El papalote que los de su pueblo creían que el día más importante de la vida de Narciso El mocho, un negro borrachín que asumía las funciones de nuestro antiguo tonto del pueblo, fue el de su muerte. Solo ese instante se había ganado el respeto de los paisanos, previo al olvido.
Como acaban de comprobar, no hay vez que una desgracia de los pobres (millones en el caso de la victoria talibán en Afganistán) se imponga en la memoria colectiva más allá de una semana, o incluso menos. Es tal el grado de ignominia colectiva que se muestra en los medios de comunicación, que se nos permite comprobar cómo el minutaje de informativos dedicado al cabreo del presidente del Barcelona frente a su antecesor, supera al dedicado al futuro de treinta y cinco millones de personas que están en aquel país sin esperanzas a corto y medio plazo.
A pesar de ello, creo que todos nosotros nos solidarizamos en el primer golpe con cada una de las causas que se cuelan en nuestras noticias, e incluso llegamos a hacer algún tipo de esfuerzo económico para 'paliar' (que dicen los finos) el impacto de la guerra, o la naturaleza. Sin embargo, sería una auténtica revolución el aprender, por fin, que la ayuda humanitaria es tan importante mantenerla en el tiempo como la ayuda al desarrollo: las organizaciones humanitarias no pueden organizar un plan de actuación contando con el subidón de moralina y culpabilidad de las cuarenta y ocho horas posteriores a la catástrofe, pues a la semana, al mes y al año, las víctimas seguirán pisadas, necesitando igual que el primer día una serie de servicios básicos.
El compromiso personal de quien pueda y 'tenga', que no procede depositarse sobre nuestros Estados ahogado por los costes sociales internos, ha de revestirse de continuidad y compromiso. Una gran asignatura pendiente de las sociedades europeas es la de aprender las connotaciones éticas o morales que significa el preocuparse de verdad por quien lo necesita, de una forma sostenida, reservada en atención al respeto a la dignidad del receptor, y ajena al espectáculo morboso de los focos. No digo que no valga que la Angelina Jolie, Rosalía o similares, se vayan a la India y aledaños para echarse fotos con los parias, pues abre debates y conciencias. Lo que creo es que la labor que debemos hacer los demás, desconocidos y feos ciudadanos, es mucho más relevante y práctica, si lo planteamos como un compromiso íntimo y permanente.