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Francisco Javier Díaz Revorio

El Miradero

Francisco Javier Díaz Revorio


¿Qué ha pasado en Chile?

09/09/2022

El hecho de que un poder elegido democráticamente lleve a cabo en nombre y representación del pueblo soberano una propuesta que, sin embargo, es a continuación rechazada en referéndum por el propio pueblo, no deja de resultar una paradoja que introduce siempre situaciones complejas. Pero algo así hemos visto, por ejemplo, en el referéndum del Brexit en el Reino Unido o el de los acuerdos de paz en Colombia, o específicamente en el terreno de las reformas constitucionales, en las que no hace muchos años fueron rechazadas en Italia, o en la propia Constitución de la Unión Europea de 2004. Esto mismo es lo que ha pasado hace unos días en Chile. Pero creo que este caso tiene algunas peculiaridades, porque se inició tras un referéndum en el que el pueblo expresó de manera inequívoca el deseo de aprobar una nueva Constitución, así como el procedimiento a seguir para ello, que se ha centrado en la elección democrática de una convención constitucional, y ha puesto mucho énfasis en la participación y en la inclusión.  
Poco puedo decir en unas líneas, pero me parece que, sin perjuicio de constatar que, como por desgracia suele suceder cada vez con más frecuencia en este tipo de procesos, puedan haber existido fake news, intoxicaciones informativas o presiones de diversos sectores, sería un tremendo error situar estos factores como causas del resultado. Creo que la sociedad chilena es suficientemente madura, y parece bastante incoherente afirmar, como muchos hicieron de firma insistente, que se trataba de uno de los procesos constituyentes más democráticos del mundo (si no el que más), para terminar objetando el resultado desde la perspectiva de la 'limpieza' del propio proceso. Me parece que en este caso, como en algunos otros de los mencionados, más probablemente se ha producido un problema de comunicación, falta de sintonía o confianza entre el pueblo y sus representantes. Quizá el proceso, por muy participativo que haya podido ser, no ha resultado tan plural como debería. Algunos se han esmerado en hacer una Constitución excelente, ejemplar y modélica de acuerdo con sus valores; pero este tipo de Constitución no es la óptima. La Constitución perfecta no existe, pero la preferible es, según creo, no la ideal para algunos (ni siquiera a veces cuando estos puedan llegar a configurar una exigua y coyuntural mayoría), sino la que es asumible y aceptable por la inmensa mayoría, a ser posible por casi todos. Por el bien de Chile, que es un país hermano, y por las muy buenas amigas y amigos que allí tengo, deseo que este país supere pronto esta situación crítica y encuentre su camino, que probablemente conduzca a algo diferente sin duda a la Constitución de 1980, pero también diferente a este texto rechazado. Será necesario un texto probablemente más abierto y plural.