LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


La hora de Arrimadas

05/12/2019

Inés Arrimadas ha propuesto a Pedro Sánchez un pacto entre fuerzas constitucionalistas para evitar la deriva soberanista del PSOE en su camino sin retorno con ERC. A través de una misiva que se ha hecho efectiva quince días después de las elecciones y tras el descalabro de Ciudadanos, la que se presume nueva líder de los naranjas dice que todos deben hacer tabla rasa de los errores cometidos y emprender una senda común, lógica, asumible por una gran parte de la ciudadanía, sin condicionamientos previos. Eso incluye el reconocimiento de Sánchez como interlocutor y su indiscutible liderazgo en la formación del Gobierno. El acuerdo debiera incluir de una forma u otra al PP de Casado, que se encuentra cómodamente instalado en su escaño, viendo venir los males de la patria juntos para su solaz y desgaste del adversario. El pacto y la inteligencia llevan nombre de mujer en España. Inés está embarazada y en este tiempo de adviento alumbra una esperanza que hasta ahora había permanecido oculta. Esto es hacer política y lo demás, frentismo y barricada.
Si Rivera hubiera propuesto esto mismo el 29 de abril, no andaría de road show con Malú por los bares de la Nacional V. Los odios africanos y las aspiraciones surrealistas terminan en esto, una dimisión, una frustración, melancolía. El objetivo de Ciudadanos ha sido desde su nacimiento periclitar el nacionalismo trasnochado que nos asfixia y no sustituir a ninguna fuerza de centro derecha o nada que se le parezca. Su crecimiento se basó en eso y en la seguridad implícita del votante de que había llegado al escenario político para arreglar problemas y no crearlos. Su incapacidad para ofrecer un pacto tranquilo y sereno al PSOE con ciento ochenta escaños que habría traído la normalidad a la vida institucional española y habría resuelto de un plumazo el problema catalán, lo ha lanzado por el sumidero de la irrelevancia. De todos cuantos votantes existen, el de Ciudadanos ha demostrado ser el más práctico. De ahí, nada mejor que la practicidad de una mujer para recuperar la cordura y poner las cosas en su sitio.
Un pacto tranquilo, lógico, basado en el sentido común y la sinceridad, sin ningún tipo de trampa, ante la situación de emergencia nacional que vivimos, tiene la virtud indubitable de que deja al emperador desnudo y al descansado oponente, incómodo. Sánchez ya no tiene excusas para decir que no hay más remedio, que no existe otra alternativa. La hay y se llama Arrimadas. Ha hecho más política Inés con diez escaños en diez minutos, que Rivera en seis meses con sesenta. Achica además el espacio al PP, dormido como la marmota, esperando que las nueces caigan solas. A Casado puede ocurrirle lo que a Rivera. De tanto esperar a ser alternativa, puede yugular gobierno alguno al que oponerse. Y entonces será el llanto y crujir de Vox.
Una propuesta basada en los ejes centrales de la Constitución del 78, que incluiría el abandono de los pactos que el PSOE pretende con fuerzas como Bildu o ERC, es perfectamente asumible por todos. Hasta por Sánchez, si lo que busca es lo mejor para España y no seguir seis meses más como inquilino ciego de la Moncloa. El abrazo que se dio con Iglesias es el de los puñales, muy lejos de aquel otro que permitió cerrar la Guerra Civil, hacer la Transición y propiciar los mejores cuarenta años de nuestra Historia. Pedro encamina el Falcon hacia el viaje a ninguna parte.