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La batalla que venció al silencio

Ana Jara *
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Los órganos de la catedral primada sonaron juntos de nuevo en la última noche de octubre. El concierto, una explosión de creatividad, representó la lucha entre el seguir y el estar

Después de meses en silencio, los órganos de la Catedral Primada volvieron a sonar juntos en la XV Batalla, concierto con el que el Festival el Greco en Toledo finalizó la temporada de otoño. Cuatro organistas y siete órganos. Los tres realejos, órganos portátiles asociados al Corpus y su sonido delicado;  el órgano del Sagrario que sale de su capilla para mostrarse ante el público; los órganos Echevarría y Berdalonga con infinitas posibilidades gracias a sus registros musicales, situados en el coro. Y el impresionante órgano Emperador con su facha de piedra y gran potencia sonora.

En este concierto se reunieron organistas reconocidos por su calidad y creatividad. Su complicidad es evidente y necesaria para desarrollar un concierto en el que es imprescindible la coordinación. Liégeon, Marle-Ouvrard y Montero han demostrado su compromiso con el Festival. Los organistas franceses acuden siempre a la Catedral Primada apreciando su singularidad y en este concierto han integrado en el grupo a Dupont, organista de la catedral de Burdeos, que se ha unido a la formación demostrando estar a la altura de las exigencias de la batalla.  

Bajo el título de La Creación: Música de las Esferas, se ha vertebrado el hilo conductor de las improvisaciones. Cada una de ellas hace música los versículos del Génesis.  Con el trasfondo de la música de las esferas, concepto que ya se configuraba en la Grecia clásica ha sido respaldado por matemáticos como Johannes Kepler y que incluso la NASA no descarta. Las proporciones matemáticas, germen de la creación, se traslada también al universo con las vibraciones que ocasionan las órbitas de los cuerpos celestes. Una música surgida desde la noción pitagórica que permite conectar todo lo conocido a través de consonancias.

La batalla que venció al silencioLa batalla que venció al silencioInició el concierto la improvisación referida al primer día: de las tinieblas a la luz. Un comienzo percibido sutilmente desde el órgano del Sagrario interpretado por Montero al que se unieron melodías ascendentes desde los órganos Echevarría y Berdalonga. Fueron creciendo en volumen hasta que apareció la contundencia del Emperador en el que se encontraba Dupont. Una música figurativa para representar el segundo día: la creación del cielo y del mar. Glisandos con melodías ondulantes para referirse al oleaje del océano junto a notas agudas como destellos del cielo desde los órganos del coro con Liégon y Marle-Ouvrard. La tercera improvisación: la tierra firme, desde el órgano Emperador. Fue la oportunidad de conocer a Dupont quien supo adecuarse al órgano Emperador haciendo sonar sus graves propios de la gran longitud del instrumento. Con un ritmo punteado que permitía crear movimiento en unas armonías estables. El cuarto día: El sol, la Luna y las Estrellas, música de las esferas en las que se volvieron a encontrar los cuatro organistas. Valores rítmicos cortos, notas en progresión ascendente empleando los registros más aflautados. Le siguió el Quinto día: los animales del Cielo, del Mar y de la Tierra en el que los organistas completaban las frases musicales de sus compañero incluyendo sonidos lejanos al orden de la melodía. Terminó el concierto el Sexto día: a su imagen y semejanza en la que los músicos se intercambiaban ideas musicales, recogiendo las ideas de los demás y haciéndola suya incluyendo pequeñas variaciones según su criterio permitiendo a los organistas mostrar su complicidad y agilidad musical. 

Completó el concierto obras de J. B Cabanilles en las que los organistas se repartieron momentos de protagonismo en los que destacó la versión más contrapuntística del órgano Emperador. El concierto The cuckoo de G. F. Haendel desde dos realejos con clave, instrumento que apreció por primera vez en las batallas. Su sonoridad de cuerda punzada se entretejió con los registros más dulces de los órganos portátiles. Con Marle-Ouvrard y Montero en la sección más orquestal y Liégeon con momentos solistas. Destacó la articulación y el carácter de cada movimiento con un exquisito Larghetto en el que Liegéon eligió un registro perfecto para el momento.  J. S. Bach también estuvo presente con su concierto BWV 1063 esta vez Marle-Ouvrard como solista quien siempre es garantía de solvencia y seguridad. Pudimos escuchar un sorprende y majestuoso diálogo musical con la obra de E. Gigout. El público disfrutó y en respuesta a sus aplausos los organistas correspondieron con un bis, batalla imperial dedicada a aquellos que han fallecido y a los que de una manera u otra siguen luchando contra este virus desolador.  

Esta batalla representa la lucha por seguir y estar. Unos órganos que han vuelto a sonar a pesar de todo. Un concierto que supuso el broche final a una temporada que pasará a la historia por valiente y por necesaria. Que esta despedida sea un hasta pronto.

 

XV Batalla de órganos. Jean-Baptiste Dupont, Samuel Liégeon, Baptiste-Florian Marle-Ouvrard, Juan José Montero; organistas. La Creación: Música de las Esferas. Festival El Greco en Toledo. Sábado 31 de octubre, 20 horas. Catedral Primada de Toledo.

 

*Ana M.ª Jara es musicóloga y profesora en el Conservatorio Profesional de Música de Toledo.

La batalla que venció al silencio
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