El mordisco del regidor

Adolfo de Mingo
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Diez años después de su muerte, La Tribuna recuerda a Paul Naschy con el cortometraje The Vampyre, en el que también actuó el exvicealcalde José María González Cabezas

Paul Naschy en la iglesia de San Vicente. Abajo, el ángel de la puerta de Bisagra.

«Lo trajo el duro invierno. Apareció en la noche. Miraba a su alrededor con ojos fijos de color gris que penetraban en lo más profundo de la conciencia, en lo más profundo del corazón». Con estas palabras comienza el cortometraje The Vampyre, by John W. Polidori. Imágenes de una pesadilla (2007), obra de Alejandro Ballesteros y Antonio Curado. Se trata de un homenaje al pionero creador del mito que más adelante contribuirán a consolidar escritores como Sheridan Le Fanu, con Carmilla (1872), y fundamentalmente Bram Stoker, autor de Drácula (1897): el médico y escritor inglés John William Polidori (1795-1821), cuyo tenebroso relato vio la luz hace ahora doscientos años.
Esta historia de vampiros ambientada en Toledo contó con un protagonista excepcional, nada menos que Paul Naschy (1934-2009), el principal representante del cine de terror español. El artífice de Waldemar Daninsky (el licántropo que representó en innumerables ocasiones), el mariscal Alaric de Marnac y el jorobado de la Morgue, intérprete de la mayoría de los espantos del imaginario cinematográfico, de Drácula a Mr. Hyde, encarnó aquí al inquietante lord Ruthven.
«Miraba a su alrededor como si no participara de las diversiones generales -según el relato de Polidori, escrito originariamente en 1816 en Villa Diodati, a orillas del lago Ginebra (Suiza), al mismo tiempo que Mary Shelley trabajaba en su celebérrimo Frankenstein-. Aparentemente, sólo atraían su atención las risas de los demás, como si pudiera acallarlas a su voluntad y amedrentar aquellos pechos donde reinaba la alegría y la despreocupación. Los que experimentaban esta sensación de temor no sabían explicar cuál era su causa».

José María González Cabezas interpretó el papel de lord Mercer.
José María González Cabezas interpretó el papel de lord Mercer. - Foto:
Quien narra la historia del vampiro es el joven Aubrey (Eugenio Gómez), personaje cuya voz resuena de noche bajo el fantasmal cobertizo de Santo Domingo el Real con estas palabras: «Yo era tan solo un rico huérfano. Mi juventud y fortuna eran el imán que atraía a ricas y bellas mujeres. Solo pensaba en los poetas, y sus sueños de honor y candor eran mi única realidad posible. Y entonces, apareció él. Lord Ruthven. No era como yo. Como nadie. Cuando aquel fascinante ser pasó por delante de mí, mi imaginación lo vistió de héroe y decidí seguirlo».
Alejandro Ballesteros y Antonio Curado ambientaron los salones londinenses de comienzos del siglo XIX en el interior de una casa-patio toledana, propiedad del matrimonio Tena-Riaño. Lord Ruthven seduce allí a la sobrina de lord Mercer, Augusta (María Castillo), por lo que es perseguido y recibe la muerte justo cuando Aubrey, consciente de su maldad innata, le recrimina su conducta. «En todo hombre brota la semilla del mal, Aubrey -balbucea el aristócrata moribundo-. Entended mis excesos: son fruto de mi hastío por la vida. No me juzguéis. ¡Olvidadlo todo!». Sus últimas palabras son para la independencia de Grecia, en donde Lord Byron -con quien Polidori mantuvo una controvertida relación, tomando algunos de sus rasgos para el personaje del vampiro- daría su vida en 1824: «Hubiese querido morir como un héroe, en Grecia. Solo eso hubiese salvado mi honor».
La mención del país helénico no debe sorprendernos, ya que el temprano vampiro de John William Polidori mantenía mayor vinculación con el mundo Mediterráneo -Roma y ciudades como Atenas, Otranto (Italia) o Nápoles- que con los escenarios centroeuropeos donde la literatura posterior situará a sus sucesores. La criatura de Polidori, al igual que el personaje del poema La novia de Corinto (1797), de Johann Wolfgang von Goethe, posee mayor relación aún con los antiguos mitos griegos -con malvados personajes como los lémures o las lamias, que devoraban la carne de niños pequeños- que con otras manifestaciones del folklore europeo y con la Inglaterra victoriana.
Griega, de hecho, era la joven Ianthe (la actriz Belén Zaba), de la que Aubrey se enamora perdidamente. Por desgracia, ella morirá a manos del vampiro justo cuando el joven descubre -a través de una inscripción conservada en el patio del Museo de Santa Cruz- que lord Ruthven murió en realidad a mediados del siglo XVII. El mordisco de Paul Naschy fue filmado en plena noche dentro del histórico edificio, gestionado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, con Enrique Lorente como director general de Patrimonio.
Solo y anonadado por el terror, Aubrey merodea por el puente de Alcántara: «Después de los terribles acontecimientos del pasado, me vi abocado a ser testigo de cómo un extraño monstruo, al que ni siquiera vi, acababa con la vida de mi amada Ianthe. Quedé descarnado. Mis ojos, sin brillo».
Su único consuelo posible parece volver a Londres y reunirse con su hermana, que está preparando su compromiso de boda. La escena transcurre en otro escenario toledano fácil de localizar: el interior del ábside de la iglesia de San Vicente. Aubrey descubre allí que el prometido de su hermana no es otro que el propio lord Ruthven, descubrimiento que el joven es incapaz de soportar, cayendo desvanecido al suelo al tiempo que el vampiro se manifiesta ante él en todo su poder.
Con esta crudeza finaliza The Vampyre, expresando el triunfo del mal absoluto sin redención ni antagonista posible. Lord Ruthven sobrevive a sus víctimas, incluida la hermana de Aubrey, cuyos tutores se apresuran a proteger una vez que conocen el secreto. «Mas cuando llegaron ya era tarde. Lord Ruthven había desaparecido, y la joven había saciado la sed de sangre de un vampiro».
Estrenado el 22 de junio de 2007 en la iglesia del antiguo convento dominico de San Pedro Mártir, aula magna de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha, el cortometraje posee buenas intenciones -por mucho que algunos guiños al imaginario del vampiro resulten demasiado tópicos, desde alusiones a Transilvania hasta la consabida frase de «Yo nunca bebo... vino»- y adapta adecuadamente el relato original, sin enmascarar ni dulcificar el terrible final.
Después de su estreno en Toledo, The Vampyre pasó por el Festival de Cine Fantástico de Estepona (Málaga) y por HELLinFilm (Albacete). El cortometraje ha sido editado en DVD y forma parte de los extras de La sonrisa del lobo (Javier Perea, 2014), un documental sobre Paul Naschy exclusivamente centrado en sus memorables interpretaciones de licántropos. Como anécdota final, es de destacar la participación como actor en este cortometraje de José María (Chema) González Cabezas, entonces profesor del instituto Alfonso X y posteriormente concejal de Cultura y vicealcalde de Toledo (entre 2015 y 2018), quien interpretaba a lord Mercer.