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Ana Nodal de Arce

Me la juego

Ana Nodal de Arce


¿Qué hay del botellón?

29/09/2022

El pasaporte covid ha pasado a la historia. La mascarilla solo se mantiene en centros sociosanitarios, hospitales y medios de transporte, mientras los recipientes de gel hidroalcohólicos lucen vacíos como una remota pesadilla. Vemos campos de fútbol abarrotados, conciertos multitudinarios sin protección ni distancia de seguridad que valga, bodas y otros eventos que se celebran a las bravas. La OMS ha dicho que se acerca el fin de la pandemia. Algunos países ya lo han decretado y, por fortuna, la covid ha dejado de matar sin piedad. Aquí somos diferentes.
De hecho, el Ayuntamiento de Toledo no está dispuesto a permitir el botellón, porque, según el edil Pérez del Pino, que se une al comité de expertos que abandera su compañero Lorente, el que dijo que el sol acababa con el virus, la pandemia está aquí, en la ciudad. Y que los chavales beban en la calle es un riesgo. Eso sí, las aglomeraciones y las colas para el Luz Toledo no cuentan. Y qué decir de los abrazos y los besos a Pedro Sánchez en el palacio de congresos entre apasionados socialistas.
No alabo yo precisamente que nuestros chicos se dediquen a beber para pasar el rato, lo que tengo claro es que, a estas alturas, prohibir el botellón con la excusa del covid suena a absoluta hipocresía. Y ofrecerles alternativas como jugar al baloncesto a medianoche será muy sano, sí, pero raro. Señores, señoras concejales: que beber alcohol en la vía pública esté prohibido, no crean que impide que se practique. Y ustedes lo saben, pero se hacen los locos. En estos dos últimos años de pandemia, duros para todos pero demoledores para colectivos como los jóvenes, ellos se han buscado las artimañas para reunirse con los suyos. A veces lo han hecho en torno a unas cervezas o unas botellas de whisky, en lugares donde han provocado molestias y malestar a muchos vecinos, que han visto como los aledaños de sus viviendas amanecían sucios después de una noche de insomnio por los ruidos de los chavales, ávidos de alocada diversión. Y esto es inadmisible.
El botellón es un fenómeno social que se extendió hace años. No siempre lleva como consecuencia una borrachera, que, por otro lado, si hablamos de mayores de edad, no compete al Consistorio censurar, salvo por las consecuencias a las que aludía anteriormente. A familia y escuela nos toca educar a nuestros hijos y advertirles del peligro de cualquier exceso, así como inculcarles valores para ser personas de bien.
El Ayuntamiento ha de ser valiente, dejar de lado su tradicional desidia y regular el consumo de alcohol en la vía pública, con lugares acotados y vigilados. Es cierto que la Peraleda parece la ubicación ideal para el botellón, aunque tal vez cerrar los ojos a esta realidad venga dado, precisamente, porque al tolonismo le interesa más el cemento en ese enclave que ofrecer una alternativa al ocio a los jóvenes y al descanso de los vecinos. Por cierto, a lo que está obligado el Consistorio es a controlar y multar, si es necesario, a las terrazas que, precisamente en la Peraleda, superan los decibelios permitidos. El gobierno debe trabajar para que los toledanos sean felices y para dar soluciones a problemas cotidianos, más allá de infinitas fotos y noches de glamour.  Aunque, bien pensado, quizá pretendan empujar a los chavales a una discoteca, que eso gusta más al entorno municipal.