scorecardresearch
Enrique Sánchez Lubián

En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Lo que pudo haber sido y no fue

29/09/2022

En los años sesenta, Eduardo Chillida comenzó unas obras concebidas como espacios para el diálogo y la convivencia. Fueron siete piezas. Una de ellas, 'Lugar de Encuentros V', está en Toledo. En septiembre de 1982 el escultor vasco dirigió personalmente su ubicación junto a la Puerta de Alfonso VI. En aquel momento era la primera incorporación al pretendido Museo de Escultura Contemporánea al Aire Libre, promovido por el Grupo Tolmo que por entonces concitaba voluntades para hacerse realidad. Aquella iniciativa se diluyó entre la indolencia de una ciudad, donde aún hay quienes no aceptan como dignas de tan milenario lugar ciertas expresiones artísticas.
Entre los argumentos manejados para avalar aquel museo, Tolmo recordaba que nuestra riqueza patrimonial se había ido conformando con sucesivas superposiciones parciales en el tiempo, añadiendo que «el Toledo de hoy no existiría si en cada época no se hubiera 'reformado' alguna de sus partes». Sostenían, también, que la ubicación de esas obras en el Paseo de Recaredo posibilitaría el diálogo directo de los ciudadanos con el arte, ayudando a comprenderlo mejor como expresión del tiempo presente y futuro.
Cuarenta años después, en dicho espacio, a la no siempre bien tratada escultura de Chillida se ha unido otra pieza de Rafael Canogar que homenajea a las víctimas de la Covid. Transcurridos varios meses desde su inauguración, sospecho que, al igual que le pasa a 'Lugar de Encuentros V', la misma está invisibilizándose poco a poco. Y no porque su tamaño las haga imperceptibles, sino porque a los ojos de algunos toledanos van convirtiéndose en otro 'elemento' más del mobiliario urbano, no valorándose cuanto aportan a la identidad patrimonial de Toledo y resintiéndose a incorporarlas con ambición al discurso artístico de la ciudad.
¿Cómo sería la realidad cultural del Toledo actual si aquel proyectado museo hubiera fraguado y hoy entre las puertas de Bisagra y del Cambrón disfrutásemos de las obras de grandes escultores del siglo XX? ¿O que habría pasado si en 1962 Fernando Zóbel hubiese encontrado el espacio que buscó aquí para crear el Museo de Arte Abstracto Español, recalado finalmente en Cuenca? Son preguntas que nos llevan aquello de lo que pudo haber sido y no fue, y cuyas respuestas, además de titubear en el viento, también penan en la indiferencia.