El ADN le sitúa donde se cometió la agresión sexual

J.M.
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La Fiscalía mantiene la petición de 19 años por agresión sexual y robo con violencia. La defensa trató de desvirtuar la prueba genética y la identificación del acusado como autor de la agresión

El acusado a su llegada a la Audiencia Provincial-

Aleksander N. compareció ante la Audiencia Provincial como único acusado y con la intención de responder únicamente al abogado que lo defendió de la acusación de agresión sexual y robo con violencia en casa habitada. Así, el ciudadano albanés afirmó con la ayuda de un traductor de su idioma que no participó en los hechos. Pero una muestra de ADN recogida en una toalla sitúa a este individuo en la vivienda de la provincia donde una pareja vivió un asalto violento en septiembre de 2007.
Detrás de un biombo, la mujer testificó cómo fue conducida al garaje y sufrió una agresión sexual que pormenorizó sollozando. Una declaración ante las autoridades en 2018 revelaba más detalles. «No me acuerdo de muchas cosas», dijo la víctima para evidenciar el esfuerzo por olvidar este suceso ocurrido de madrugada y protagonizado por cuatro individuos, por el que la Fiscalía pide 19 años de prisión al acusado: 14 por la agresión sexual y cinco por el robo en casa habitada.
La Fiscalía mantuvo invariado el escrito de acusación en el juicio resuelto en dos horas con la prueba de la muestra de ADN recogida en una toalla color naranja de la habitación de la pareja coincidente con el perfil genético del procesado guardado por la Policía francesa. Al respecto, uno de los autores se tapó la cara durante el asalto con una toalla de la casa, pero la víctima no pudo precisar si fue uno de los dos que bajó con ella al garaje.
La presencia de cuatro asaltantes con la cara tapada dificulta la identificación de Aleksander N. como uno de los dos que condujo a la víctima al garaje para consumar la agresión sexual. Por ello, la Fiscalía aportó una medición de altura del acusado (1,84 metros) para demostrar que, por la descripción de la mujer, se trataba del individuo que sobresalía por la estatura. Además, la representante del ministerio público apeló a la imputación recíproca, por el que se atribuye a los coautores de un delito todas las ilegalidades cometidas.
Por su parte, el abogado de la defensa, después de un resoplido notorio, expuso que las pruebas testificales y periciales no identifican a Aleksander como el autor de la agresión sexual. «¿Ustedes pueden llegar a la conclusión inexorable de que fue una de las dos personas que bajó? A mi juicio, no», manifestó. Así, mencionó que la declaración de la víctima aseveraba que uno de los dos que bajaron al garaje era más alto que el otro. «No que fuera el más alto», señaló. Y apostilló después: «Solo con la frase de que uno era más alto que otro no puede ser condenado a 14 años».
Además, la defensa alegó que una agresión sexual no puede figurar entre las desviaciones previsibles de un robo y considerar coautores a los cuatro. Sobre esto, atribuyó la agresión sexual a la rabia por que el botín fuera escaso.
La defensa quiso desvirtuar la prueba de ADN y recordó que impugnó durante la fase de instrucción la muestra indubitada y pidió una nueva por no respetarse las garantías legales españolas, en cuanto el cotejo de la señal hallada en la vivienda se produjo con la indubitada de la Policía francesa. Como conclusión, sugirió la absolución para su defendido por no quedar acreditada la agresión sexual y por haber prescrito el delito de robo con violencia en casa habitada al haber transcurrido más de cinco años de los hechos.
La víctima declaró que los individuos portaban un destornillador y tijeras para intimidar a la pareja, la cual dormía en la casa junto con un hijo pequeño que no se enteró de lo sucedido hasta que se marchó la banda. Los individuos, que dejaron inconsciente al marido de un golpe, se apoderaron por la fuerza de los relojes del matrimonio y preguntaban insistentemente por una caja fuerte. La había, pero no estaba instalada. Maniataron a ambos y recorrieron la casa para localizar más botín. Se llevaron además unos 2.000 euros que guardaban en un mueble.