Cuando el monstruo eres tú

Sara Borondo
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El terror invierte los papeles cuando hay que escapar de un laboratorio subterráneo

Cuando el monstruo eres tú

Los protagonistas de los videojuegos suelen responder a varios clichés ya sea los amnésicos adolescentes de los juegos de rol japoneses ya sea los forzudos soldados de los juegos de acción, pero a veces los desarrolladores sorprenden con unos personajes principales diferentes. Y pocos son tan originales como el de Carrion: una masa amorfa con ojos azul fosforito, boca similar a la de un pulpo y tentáculos que es el resultado de un experimento científico fallido; un ser que en cualquier otro juego sería el enemigo final y una filosofía que encaja muy bien con la originalidad de todas las producciones de Devolver Digital. Curiosamente, en esta misma página se presenta otro de los pocos juegos con una premisa parecida: Destroy All Humans!
La empresa Phobia Game Studio han definido a Carrion como «un juego de terror a la inversa», una definición bastante acertada teniendo en cuenta que, en este caso, el jugador es la criatura que intenta escapar y, para ello, debe ir eliminando a todos los seres humanos y robots que intentan acabar con ella; más aún, debe matar personas para ir recuperando salud.
Igual de extraña que el planteamiento de Carrion es la forma de moverse del personaje, que trepa por las paredes, se estira para pasar por pequeños conductos, golpea con fuerza y tiene unos tentáculos letales que sirven para agarrar objetos para arrojarlos, matar y devorar humanos. 
El aspecto visual de Carrion es uno de sus grandes aciertos; Phobia Game Studios ha optado por crear el juego en 2D con cámara lateral y un aspecto pixel art y todas estas decisiones encajan muy bien y permiten ver al monstruo en todo su esplendor y disfrutar de unas magníficas animaciones a veces parecidas a dibujos animado; puede resultar extraño, pero es un placer mover al personaje y verlo desplazarse por el escenario mientras masacra todo aquello que se encuentra en su camino.
El laboratorio subterráneo del que hay que escapar es un escenario laberíntico repleto de humanos y distintos robots con armas a los que suele ser más efectivo atacar por la espalda, para lo que hay que encontrar los recorridos más adecuados para esconderse y propinar un ataque por sorpresa. Hay que ir encontrando la manera de atacar y de avanzar hacia la salida.
El monstruo va consiguiendo nuevos poderes a lo largo del juego y va mejorando también su nivel de biomasa, con lo que va siendo más potente en el ataque y más efectivo en la defensa. Entre las habilidades que adquiere está la de controlar a un humano para activar palancas o matar a otras personas. Aunque no se puede decir que se trata de un metroidvania al uso -los niveles son lineales-, sí se puede volver sobre zonas en las que ya haya estado la criatura cuando obtenga algún poder para acceder a nuevas zonas. Cuando ya ha conseguido varias habilidades, hay que ir combinando la potencia de cuando tiene un nivel alto de biomasa con la capacidad de sigilo cuando ese nivel es bajo, todo con un buen ritmo de juego.