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Los paganos de una inflación desbocada

J. Monroy
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Toledo es la provincia que soportó una mayor escalada de precios al cerrar el año con una inflación del 8,2% frente al 6,5% nacional. Comerciantes y hosteleros afirman que asumirán gran parte de la subida del llamado 'impuesto de los pobres'

Comeciantes asumen parte de la subida de precios primaria

España ha terminado el año 2021 con una subida del IPC del 6,5%, un incremento que ha sido todavía mayor en la provincia de Toledo, donde han ascendido nada menos que un 8,2%, según el INE. Y eso que los comerciantes de la ciudad confiesan que han asumido buena parte del impacto del incremento de costes de sus productos, de las materias primas y de una luz desbocada.

De la factura eléctrica pueden dar buena cuenta en el restaurante Yoguis. En diciembre de 2020 pagaron 550 euros a la compañía eléctrica, mientras que ese mismo mes en 2021 han sido nada menos de 1.450, todo ello, «haciendo lo mismo que el año pasado, las mismas horas». No ha sido la única subida que han tenido que soportar, explica Laura Moreno. La cesta de la compra se ha disparado. Si doce meses ha subido casi todo, la leche el pescado... calculan en el restaurante que su cesta de la compra ha subido en torno a un 25 por ciento. A eso se une veinte euros más al mes de cuota de autónomos y los seguros de las trabajadoras, que todavía no saben hasta cuánto van a ascender. El problema es que este negocio familiar no puede repercutir las subidas de gastos a sus clientes. Sus fuertes pueden ser los desayunos y los menús de mediodía, y si aumentan dos euros, «no viene la gente»; no pueden poner un café a cinco euros. Así que la familia está «aguantando y perdiendo, este mes no cobramos», todo después de la Covid y el confinamiento. Su opción ha sido subir los menús un euros, «y tampoco podemos hacer mucho más».

Similares casos se repiten en otros negocios del Casco, no ha sido solo un problema de ha hostelería. En Monadas Lencería, Ángela Ramos está capeando este mes la cuesta de enero como puede. Por un lado, este principio de año han subido el precio en todos sus productos. Las braguitas le cuestan entre uno y tres euros más, las medias algunos modelos le han llegado al doble, así con pijamas, sujetadores o camisetas de interior, «todo el género que tengo en la tienda». Cierto es que hasta ahora los precios de su almacén habían aguantado, pero con el cambio de año, llegan las nuevas tarifas, a partir del 1 de enero. Dependiendo de los modelos, todo ha subido del diez al cincuenta por ciento de las medias. A todo ello, se une la luz. La respuesta de Ángela ha sido «no subir los precios y asimilar yo la subida, en las cosas que puedo». En las medias, por ejemplo, algo va a tener que subir, aún dejando de comprar las más caras. Pero sabe que no puede subir a sus clientas habituales unas braguitas de 12,9 a 15 euros. Son además productos necesarios. Mientras tanto, con la electricidad «me he vuelto rácana», comenta con humor. Lo cierto es que trata de poner la calefacción lo mínimo, igual que el deshumidificador del sótano, y ha puesto LED y reguladores en todas las luces. Pero puede ahorrar hasta cierto punto, porque el local tiene que estar caliente para las clientas que se desnudan para probarse un sujetador, por ejemplo.

Comeciantes asumen parte de la subida de precios primariaComeciantes asumen parte de la subida de precios primariaMás complicado todavía repercutir la subida de los productos a los clientes es en las librerías. Recuerda Víctor Martín, de Hojablanca, que el precio de los libros siempre viene marcado por la editorial, solo pueden rebajarlo un cinco por ciento o diez en ocasiones especiales, «y suba mucho el precio de la luz o suba mucho el agua o lo que sea, no podemos vender más caro de lo que diga la editorial». Tampoco sería solución subir mucho el precio del material de librería, bolígrafos, por ejemplo. De forma que tienen que estar asumiendo en la librería el incremento de la factura eléctrica, que en un local con cuatro plantas se nota. Lo que también están notando es el retraso con el que llegan algunos libros. Faltan papel y cartón, hay problemas de suministro desde después del verano «y eso está haciendo que las tiradas sean más cortas, que cuando una edición se agota, tarde más en reponerse». Es cierto, reconoce Martín, que esta falta de papel no está repercutiendo demasiado en los precios, pero sí en los suministros. Por ejemplo, en Hojablanca pidieron cien ejemplares del último Premio Planeta, puesto a la venta a inicios de noviembre. Llegaron diez, y los siguiente setenta tuvieron que esperar hasta antes de navidades y es un libro que la editorial sabía que iba a vender.

En la Carnicería del Casco, Lorenzo explica que este año la carne ha subido más que otras veces de cara a navidades, «porque había escasez de productos y lo que había costaba mucho dinero». Así ha ocurrido, sobre todo, con el cordero, el lechazo y el solomillo de ternera. Ahora ha bajado, pero se sigue manteniendo alto. A todo ello se suma un incremento de la luz desde el verano que se nota mucho en un negocio con las cámaras funcionando las veinticuatro horas al día. La solución ha sido ir subiendo los precios, en la medida que se ha podido, pero también dejar de ganar dinero, sobre todo por la luz. «Todo va subiendo y esto es una tienda de barrio, y si quieres funcionar, tienes que ir a precio, hay que trabajar con nuestra clientela, gente mayor del barrio, sobre todo, y no puedes subir demasiado».

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Comeciantes asumen parte de la subida de precios primaria
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