Editorial

El mercado turístico como palanca de cambio en la España vaciada

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La diversificación de la oferta ayuda a generar negocio en el turismo rural al cobijo de recursos naturales o patrimoniales

Seguir creciendo, año a año, para alcanzar otro récord histórico pero desde la sostenibilidad, la diversificación y alejado de las conflictivas masificaciones que sufre la actividad turística en algunos destinos complicando la convivencia entre turistas y residentes. Esas son las metas que España se fija en el año turístico que tiene en Fitur su primera piedra de toque. Una de las ferias centradas en el turismo más importante que se celebra en todo el mundo reúne desde ayer a casi un millar de expositores y a más de 11.000 empresas de 165 países que venderán su oferta turística en un tono de moderado optimismo del sector en España, en un año 2020 que viene marcado por un débil crecimiento económico de los principales mercados turísticos, el aleatorio escenario del precio del petróleo, la fortaleza de los competidores y el incierto desempeño final de la economía española, según recoge el ‘lobby’ Exceltur, que agrupa a los principales agentes del sector turístico nacional.
Consolidado como el segundo destino mundial por número de visitantes y también por ingresos, la actividad turística es la responsable del 15% de la riqueza que se genera en España y lo hace a través de un modelo que ha abierto su abanico desde el tradicional destino de sol y playa ofreciendo ahora productos en los que el patrimonio o la propia gastronomía juegan un papel determinante para atraer visitantes. No en vano, España logró otro récord de turistas extranjeros en 2019, con 83,7 millones de viajeros internacionales y un gasto de 92.337 millones de euros, según las cifras presentadas esta misma semana por la ministra de Industria, Comercio y Turismo.
Y es ahí donde la España vaciada, o desaprovechada, tiene una oportunidad. Esa diversificación de la oferta ha ayudado a generar negocio en el turismo rural. Convertir ese turismo en palanca de cambio que dé impulso y modernice esas zonas debe aparecer sí o sí en la hoja de ruta que se fijen las administraciones a lomos de una actividad que sigue ganando peso en la economía española. Ejemplos como el de la «magna» exposición que sobre Burgos y Toledo se prepara en abril sirven para advertir la capacidad de ese motor de atracción turístico en el que puede convertirse, por ejemplo, la cultura. Es el momento de convertir oportunidades en realidades en las zonas despobladas y ser capaces de ‘vender’ una oferta competitiva más allá de escapadas puntuales en verano. Recursos naturales y patrimoniales hay para ofertar, aunque ese esfuerzo debe venir acompañado también de otras medidas, como la mejora de infraestructuras, que ayuden a vertebrar el territorio y, de paso, la oferta turística del país.