ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Ciudades verdes

05/07/2020

A Francia. Miremos a Francia. No para copiar o sentir complejo ante el vecino. Miremos a Francia para aprender de sus aciertos y no cometer sus errores. En las últimas elecciones municipales se han impuesto los programas verdes. Los franceses quieren pueblos y ciudades más libres de coches, más espacios verdes, más rehabilitaciones que construcciones nuevas, más calles públicas. En fin, que las inversiones se orienten a recuperar la naturaleza dañada por la propia actividad humana. Van por delante de nosotros varios años. París puede ser el símbolo de esa expresión de cambio. Ha ganado la socialista, de origen español, Anne Hidalgo,  junto con los ecologistas. El programa  que defendía era el de una ciudad más limpia, menos contaminada, más accesible. Que todo esté a quince minutos del ciudadano, ha sido el mensaje. Las pandemias, aceptan, se relacionan con el cambio climático y  el deterioro de la naturaleza.
Los meses en los que todo ha quedado suspendido por el virus ha surgido la necesidad de configurar  ciudades distintas a las que tenemos. Y maneras diferentes de relacionarnos con ella. De repente hemos descubierto la dimensión humana del espacio público que el estrés diario nos había hecho olvidar. Toledo, durante el confinamiento, ha sido otra ciudad,  la ciudad que era hasta hace pocos años. Sin la obsesión por una masificación pasajera y artificial. Por eso la ‘nueva normalidad’ que nos viene impuesta tiene que ser algo más que llevar o no llevar mascarilla, algo más que hacer colas interminables en la calle bajo un sol que aplana para realizar cualquier gestión. Es una oportunidad para corregir antiguas deficiencias y diseñar futuros más sólidos.
El centro histórico de Toledo es el resultado de su construcción en unos tiempos en los que no existían automóviles. Por lo que  habría que hacer algo más de lo que se ha hecho para que permanezca así. La ciudad se preparó durante siglos para  combatir en las viviendas los rigores del verano o las crudezas del invierno. Plantas bajas, patios interiores, muros gruesos, jardines adosados. Ahora disponemos de otros materiales y de otras técnicas que debieran utilizarse con rigor y más en una ciudad que vive del turismo. El visitante tiene que experimentar la sensación, cuando salga de la ciudad, de haber vivido en un lugar antiguo, pero situado en el siglo XXI. Una ucronía equilibrada.  Lo que supone mejoras importantes en el centro y la conservación medioambiental de  sus alrededores, entre otras medidas.