Guerrera de gala del desconocido héroe Julián Fortea

Beatriz Jiménez Bermejo
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La prenda que se encuentra en el Museo del Ejército pertenece al comandante Julián Fortea Selví, protagonista de una heroica acción en Filipinas en 1898, que al contrario de lo sucedido con los Héroes de Baler es poco conocida por el público

Guerrera de gala del desconocido héroe Julián Fortea

La historia de España está repleta de actos heroicos. Robert Green Ingersoll (1833-1899), abogado, líder político y orador norteamericano, afirmó: «Cuando la voluntad desafía al miedo, cuando el deber lanza el guante hasta el destino, cuando el honor desprecia a un compromiso con la muerte, es heroísmo». Esta frase define a la perfección al personaje que hoy les presentamos a través de una de sus prendas.  

El comandante Julián Fortea Selví (1845-1898) ingresó en 1862 en el ejército como soldado voluntario en el Regimiento de Borbón. Durante su carrera militar varias fueron las veces que estuvo destinado en Filipinas, hasta que en el año 1895 fue nombrado gobernador político-militar de las Islas Batanes, a cuya capital, Santo Domingo de Basco, se trasladó con su mujer, sus cinco hijos y dos sobrinas, casi todos de corta edad (el mayor de sus hijos contaba con trece años). En 1898, al declararse la guerra entre España y Estados Unidos, las islas quedaron completamente desguarnecidas. El comandante contaba con una milicia indígena de 150 hombres y con el auxilio de un interventor de hacienda, Rafael Romero, y un médico, Marcial Moreiras, que fueron hechos prisioneros al fallar las negociaciones llevadas a cabo tras la sublevación de los soldados indígenas y cuadrilleros de guarnición al conocerse el desastre español en la contienda.

Aquí es donde comienza la épica. Fortea se retira con su familia a la Casa-Gobierno, defendiéndola del asedio de los sublevados. Los hijos de mayor edad empuñan las armas junto a él, colocándolos en lugares estratégicos de la casa de forma que quedasen resguardados lo más posible, y los menores se encargan de abastecerles de municiones, contando con el aliento y apoyo de su esposa. No aceptando las ofertas de capitulación, continúa con esta defensa hasta que fue herido de muerte por dos disparos en el pecho. Agonizante, siguió insistiendo a su familia en la defensa de la casa y la bandera hasta que falleció. Por su valentía, los indígenas le dieron sepultura con honores militares.

La prenda que hoy les mostramos, fue donada por su hijo Miguel junto con una guerrera de rayadillo (que pueden contemplar en la Exposición Permanente del Museo), un busto y un bastón de mando. Corresponde al uniforme de gala usado por el Ejército español en Filipinas (R.O. de 1892) Se trata de una guerrera de hilo blanco con cuello de marinea y siete botones; hombreras dobles de cordón de oro; dos bolsillos con tapilla en el pecho y dos carteras simuladas en la parte trasera, con tres botones grandes cada una. En ambos laterales aparecen aberturas para las correas de la pistola y del sable. Las divisas de comandante (una estrella de ocho puntas plateada y otra dorada) se localizan en las bocamangas, a pesar de que en 1897, por orden del capitán general, las estrellas pasarían a localizarse en el hombro. En el borde de las vueltas tiene dos galones: uno dorado y otro plateado. Los botones y las divisas no van cosidos, sino que se sujetan mediante arandelas metálicas, que permitían su retirada durante el lavado y se evitaba la pérdida de alguna pieza por rotura del hilo.

Por sus acciones heroicas, en 1905 se concedió al Comadante Fortea la Cruz Laureada de San Fernando. En 1910 su cadáver fue repatriado. Llego al puerto de Barcelona, donde fue recibido por el general Weyler. Desde allí se trasladó a Madrid, siendo enterrado en el Panteón de Héroes del Cementerio de la Almudena de esta ciudad.