«El duelo por coronavirus aún no ha llegado; está por hacer»

Esther Frías
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«Ahora todos estamos en el mismo barco lidiando con la tormenta al mismo tiempo. Somos personas confinadas escuchando a personas», asegura el responsable de la Unidad Móvil de atención en crisis y duelo en el Centro de Escucha San Camilo

Valentín Rodil, responsable de la Unidad Móvil de atención en crisis y duelo en el Centro de Escucha San Camilo. - Foto: Centro San Camilo

¿Y cómo es el duelo en tiempos de la Covid-19?
Creo que el duelo por coronavirus aún no ha llegado;es un duelo que está por hacer.
Lo que estamos viviendo son reacciones iniciales, por ejemplo, hemos notado que la gente llama al centro de escucha antes, a la semana de que su ser querido haya fallecido. En otras circunstancias, cuando alguien pierde a un ser querido tarda un mes o un mes y medio en acudir a nosotros, porque su cabeza no está centrada ni preparada para hacer ningún tipo de trabajo, se está en una situación de duermevela en la que algo no termina de ser verdad ni mentira. Ahora, más que acompañamiento en el duelo lo que estamos haciendo es una atención en crisis, recoger los momentos de shock. El duelo llegará, y llegará mucho. Estamos preparados para ello.
¿Será un duelo diferente o más complicado dado que la situación es excepcional? Seres queridos que han fallecido solos, varias víctimas dentro de una misma familia, la imposibilidad de despedirse cómo uno hubiera querido…
Todavía no lo sabemos. Esas circunstancias que tú apuntas como excepcionales, nosotros las hemos tratado antes y frecuentemente.
Encontramos personas con un nivel de rabia importante porque piensan que han dejado morir a su familiar y exigen al médico que les pida perdón, pero esto no es la primera vez que lo oímos. O personas que tienen que vivir el duelo en soledad, por ejemplo. Son componentes emocionales del duelo que no son privativos de la crisis Covid,  los hemos visto en accidentes aéreos, en atentados, en marineros, en inmigrantes…lo que ocurre es que no lo vivíamos tanta gente del mismo país y al mismo tiempo. Lo que es nuevo es la pandemia, no el hecho de que no se pueda realizar una despedida, o tener rabia, o sentirse amenazado, o echarse la culpa uno mismo….
Dicen que no hay duelo sin culpa. Los «y si hubiera hecho esto» o «si hubiera dicho esto otro» pueden llegar a atormentar. ¿Crees que en el duelo por Covid la culpa va a estar más presente?
Por ahora, no lo estamos viendo. En el fondo, la culpa es como un desplazamiento del enfado.

La persona dice «yo no quiero que esto haya pasado»; «no es normal»; «no debería haber ocurrido» y esto se convierte en un aluvión de enfado contra aquello o aquellos que piensas que han procurado esa muerte. Y claro, no resulta suficiente enfadarse con un virus, y si uno no encuentra a quién colgarle esa enfado se lo cuelga a sí mismo. Y así la persona encuentra una razón, el motivo es lo que podía haber hecho y no hizo. Por eso encontramos en el duelo mucha gente que se siente culpable sin realmente tener culpa ninguna. Lo que solemos hacer es dejar que expresen sus emociones, las emociones son linternas en la noche del duelo.
Los acompañantes escucháis las historias que hay detrás de las cifras.
Es importante poner nombre y apellido a los números, cuando mencionan tu nombre te sientes especial para alguien. Y si además de nombrarte cuentan tu historia, la ponen en valor.
Tú también formas partes de esas cifras, concretamente, eres un número en las estadísticas de curados.
Cuando empezó esta crisis yo atendía muchas citas online, pero hubo un momento en el que no tenía fuerzas ni para sostener el teléfono. Enfermé. Entré en la lista de sospechosos de Covid-19, y la persona que me atendió al teléfono me dijo que me llamarían en tres días. En tres días podía pasar de todo. Tuve la sensación de sentirme abandonado, enfadado y hubo alguna noche que sentí mucho miedo, pánico,  por mí y por mi familia.
Y esto hace que el acompañamiento en el duelo por Covid sea diferente a otros duelos, ahora todos estamos en el mismo barco lidiando con la tormenta al mismo tiempo. Somos personas confinadas escuchando a personas confinadas, que vemos las mismas noticias, y sentimos emociones similares. Pero eso no debe condicionar el acompañamiento, el escucha tiene que adoptar una posición neutra. Cuando tú llegaste al centro de escucha tú tenías una realidad y yo otra muy distinta. Ahora todos vivimos la misma realidad.
Despido a Valentín, pensando en su última frase.  Es cierto, ahora el mundo se ha detenido para todos, se pondrá en marcha de nuevo, esta vez lo hará despacio, fase a fase. Y será un mundo distinto, un mundo sin ellos. Primero dirán sus nombres, luego contarán sus historias, y después se sumergirán en el duelo. Y para esa travesía dura, y sin atajos, a mí me ayudó ser escuchada y acompañada. En mi caso, ese dolor agudo y focalizado en el corazón se fue rompiendo, diseminando y mutó en tristeza, mucho más fácil de llevar.