Un muro del Toledo hoy perdido

C.M
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Arturo Ruiz Taboada apunta que «la orientación y fábrica» del muro localizado en el inmueble situado en la calle Santa Justa, 3, «recuerda a la estructura de sillares que sirve de cimentación a la mezquita de Tornerías»

Un muro del Toledo hoy perdido

La aparición de un imponente muro de sillares en un inmueble ubicado en la Calle Santa Justa nº 3 ha captado la atención de quienes sienten predilección por el mundo romano toledano. Por ello, y porque este tipo de hallazgos no dejan a nadie indiferente, el portal digital que sobre las ayudas a la rehabilitación gestiona el Consorcio de la ciudad ha dado cuenta de esta buena nueva, lo que ha servido -se quiera o no- para reabrir el debate de la interpretación de este tipo de estructuras.
Y puesto que el mundo romano toledano no está exento de esta problemática, se está empezando a dudar de la existencia de una cronología única, que daba por supuesto que toda piedra grande o sillar, era romana y del siglo I. Este encorsetamiento secular, apunta el arqueólogo Arturo Ruiz Taboada, está dando paso a nuevas teorías que plantean la existencia de diferentes fases de ocupación y constructivas de Toletum, que recordemos cuenta con 700 años de historia. De esta forma, en trabajos recientes como el publicado en la revista ‘Gerión’ en 2016, investigadores como Ruiz Taboada, junto a Azcárraga Cámara, aportan una visión crítica de la ciudad romana, con una propuesta que difiere de las interpretaciones tradicionales.
En este contexto, el muro de la calle Santa Justa podría formar parte del complejo del foro -tal y como lo aprecia el autor del blog-, pero el problema es que «tanto su construcción como su orientación, no se ajustan al modelo de ciudad romana propuesto» por el responsable de la publicación. Y no es así, confirma este experto, porque «la alineación del muro es norte sur y, por tanto, diferente al resto de los ejes documentados arqueológicamente en el entorno que son noreste suroeste», y porque «aunque reutiliza sillares romanos, la heterogeneidad de su fábrica, el uso de argamasa ligando los sillares y la presencia de ladrillo como parte de sus uniones apuntan a que se trata de algo diferente».
Ruiz Taboada lo pone en relación con un tipo de arquitectura «inédita en Toledo» y que poco a poco empieza a salir a la luz. Podría tratarse, según este profesor de la Complutense, «de una remodelación del espacio del foro en época tardoantigua» e, incluso, de «los primeros siglos de ocupación islámica de la ciudad». De esta forma, «el muro de Santa Justa no es ni mucho menos romano», aunque su aspecto puede recordarlo. Hay que situar su construcción, por tanto, en relación «con una reestructuración urbana posterior de la ciudad» que hace que, progresivamente, vaya desapareciendo la configuración antigua. Siempre en palabras de este arqueólogo, la orientación y fábrica del muro de Santa Justa «recuerda a la estructura de sillares que sirve de cimentación a la mezquita de Tornerías» (también erróneamente interpretada como romana por la historiografía). Los muros de esta última se caracterizan, entre otras cosas, tanto por la reutilización de sillares romanos como por el uso de argamasa entre ellos (la arquitectura romana carece de este tipo de junta).
Dos estructuras, Tornerías y Santa Justa, con la misma orientación y mismo sistema constructivo, «posiblemente supervivientes de una ciudad hoy perdida son la clave para entender la transición entre el mundo antiguo y la ciudad medieval». Es de suponer que futuros descubrimientos vayan completando este complejo puzzle.
Porque aunque tradicionalmente se ha identificado el foro de Toledo con el eje de la calle de la Plata que comunica la plaza de San Vicente con Zocodover, Ruiz Taboada mantiene -aunque no existen evidencias arqueológicas de su ubicación exacta-, que el descubrimiento de un togado en la calle de la Plata y de un efebo en la plaza de Amador de los Ríos, este último asociado a un muro romano de contención o criptoportico, apuntan a este hecho.
Además, su teoría la refuerza con una reinterpretación del trazado urbano del Toledo romano en este sector de la ciudad, proponiendo una orientación de los ejes viarios en dirección noreste suroeste, similar a otras fundaciones romanas. Calles romanas como la del Cristo de la Luz y el callejón de los Bécquer, junto con estructuras de vivienda como las de calle Instituto o calle de la Plata soportarían esta teoría.
En esa misma línea, se encuentra un reciente trabajo del mismo autor publicado en el 2018 (presentado en el coloquio ‘El Agua en Toledo y su Entorno’, organizado por la Casa de Velázquez y la UCLM en 2016), en el que se reconstruye el trazado viario romano a partir de las cloacas conservadas, al tiempo que se contextualizan las termas y resto de hallazgos en un urbanismo que, pese a la difícil orografía de la ciudad, mantiene un diseño ortogonal al menos en los sectores centrales, sometidos a un allanamiento artificial. Este trabajo relaciona la calzada principal de acceso a la ciudad, la vía sagra (actual avenida de la Reconquista), con la necrópolis asociada a ella y los únicos edificios lúdicos documentados hasta la fecha, el circo y el anfiteatro (este último en el actual barrio de las Covachuelas).