Nada particular

Jesús Morales


Botellón

27/10/2020

Entre el desbarajuste,  el desconcierto y la ruina que ha traído esta pandemia a todo el mundo, o a España por lo menos, hay un factor con el que no contaban ni los más avisados estudiosos  y especialistas en comportamiento social: el botellón, que ha resultado uno de los más grandes difusores y amigos del coronavirus. Desde luego no hace falta que explique lo que es un botellón, esta especie de plaga debió surgir cuando los jóvenes se dieron cuenta de que era mucho más barato emborracharse en la calle a palo seco que hacerlo en un lugar destinado a beber y escuchar música; si, efectivamente el botellón callejero era barato, pero a cambio se perdían elementos clave para las reuniones  que sí tenían las discotecas como la música que sonaba perfecta en buenos equipos o lo que es más importante, servicios dispuestos para recoger vómitos. orines y demás lindezas de quienes pasaban unas horas en una discoteca. A cambio de no entrar en los establecimientos musicales o de ligue, se aumentaba exponencialmente el esparcimiento por las calles y jardines de la ciudad de litros y litros de orines, las consecuencias de los excesos con la bebida y hasta algún que otro producto de la urgencia por desalojar las tripas, además de cerros antihigiénicos de bolsas de plástico, montañas de cascotes vacíos, vasos también de plástico y mucha mierda en general. Incomprensiblemente para mucha gente el botellón creció y hoy se encuentra en todas las ciudades de España como algo corriente todos los sábados y vísperas de fiesta. Los jóvenes y ya no tan jóvenes se juntan a la intemperie de cualquier rincón de un jardín,  una obra a medias o donde encuentren un sitio para emborracharse y beber alcohol a la intemperie  (en muchos países está prohibidísimo beber en la calle) y cuidado que escribo emborracharse, no digo escuchar música, bailar,  charlar un rato o ligar con ese grupito de chicas tan monas mientras beben tranquilos con algo de charla un par de combinados disfrutando de la música. Lo que tenía de social y positivo una visita a cualquier discoteca fue sustituido por esa malsana costumbre que tienen los sajones en general e ingleses en particular de cogerse la borrachera más gorda en el menor tiempo posible. Menudas cogorzas.
Lo que llaman ‘hacer botellón’ se ha consolidado entre los jóvenes como si se tratara de un derecho fundamental que es intocable, en algunas ciudades los políticos han perpetrado la construcción de recintos especiales llamados botellódromos  para tener contenta a la tropa juvenil y en ningún caso cuestionar tales reuniones  espurias no vaya a ser que los votos de los amantes del botellón vayan a parar al partido rival.