Editorial

Cogobernanza o discriminación

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Pedro Sánchez cierra el curso político con dos citas de alto significado territorial. El viernes 30 de julio se celebra en Salamanca la Conferencia de Presidentes, una institución que se autodefine como el máximo órgano de cooperación política entre el Gobierno y los Ejecutivos autonómicos y que constituye el exponente más importante del diálogo multilateral y la cogobernanza tan manoseada en el discurso político. Tres días después, se reúne la Comisión Bilateral con Cataluña, un órgano estatutario con el que las formaciones nacionalistas tratan de visibilizar un tipo de negociación bilateral contraria a cualquier principio de cogobernanza, equilibrio y transversalidad.

En este escenario, el presidente catalán, Pere Aragonés, ha decidido no acudir al encuentro de Salamanca para evidenciar, más si cabe, esa relación privilegiada y sostener la ilusión de una relación de ‘estado’ a ‘estado’. Habrá de analizar la escenografía y la esencia del encuentro, pero hasta el momento en el proyecto de reencuentro con el nacionalismo parece que sólo hay una parte que se mueve mientras la otra permanece terca en sus desprecios.

La ausencia de Aragonés no es sólo una cuestión estética -no querer estar en pie de igualdad con el resto de presidentes autonómicos- sino de principios, que implica no reconocer que el estado es plural, permite el encaje de realidades distintas y que el hecho diferencial catalán es sólo uno de los tantos que conviven en España.

Los prolegómenos llaman a la preocupación. La Conferencia de Presidentes fue convocada de forma precipitada con dos escuetas comunicaciones y un orden del día repleto de generalidades: Plan de Recuperación y análisis del plan de vacunación. En contra del propio reglamento, no ha trascendido que se haya desarrollado mucho trabajo previo ni tampoco contactos con las comunidades para decidir las materias, como pone de manifiesto que algunos presidentes quieren que se introduzca también la financiación autonómica. Por el contrario, la reunión con Cataluña lleva trabajándose desde hace meses con intercambio de documentos entre los dos gobiernos, sobre la base de un detallado programa de cuarenta puntos concretos y se anuncian, incluso antes de su celebración, acercamientos en temas de becas, ingreso mínimo vital y plantilla de los Mossos. 

En definitiva, las disparidades en la preparación y ejecución de ambas citas dibuja una política territorial marcada por las diferencias, una cuestión que puede ser meramente estética o puede ahondar en la desigualdad de trato. Como bien ha señalado el presidente aragonés Javier Lambán, la Conferencia de Presidentes puede ser el lugar y la hora de las comunidades que defienden la unidad de España. En ella se abordará el futuro de los fondos europeos y será un buen termómetro para comprobar si la cogobernanza eficaz es posible o si la España multinivel que se propone ahora lo es, fundamentalmente, para privilegios.



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