A finales del siglo XVIII, el arzobispo de Toledo podía ser considerado sin lugar a dudas uno de los hombres más ricos de España. Más de medio millón de ducados anuales de renta, de los que el Cabildo de la Catedral obtenía cuantiosos beneficios, permitieron al Cardenal Lorenzana impulsar no sólo grandes empresas constructivas, sino también fomentar el pensamiento toledano como seña de identidad de su diócesis. El prelado fue, junto con Cisneros -otro de los arzobispos más políticos de nuestra historia-, impulsor de la liturgia mozárabe y de los Santos Padres toledanos, que ordenó representar en el claustro de la Catedral.
Lorenzana fomentó el estudio del pasado visigodo -el Toledo de los Concilios, un antiguo símbolo de unidad entre la Iglesia y el Estado- por entenderlo como reflejo de su entorno. El arzobispo dio forma visible a sus intenciones no sólo en forma de pinturas, sino a través de la remesa de estatuas que le fueron enviadas desde Madrid procedentes del Palacio Real: reyes visigodos que habían favorecido el estudio, el embellecimiento y la solidez de Toledo. Lo mismo que él.
Sus esfuerzos fueron más allá. Lorenzana promovió una intensa política cultural desde su paso por tierras americanas como arzobispo de México. Su interés por la historia natural -del que se beneficiaría la Universidad Toledana- es lo suficientemente conocido. El instituto El Greco conserva hoy una mínima parte de la herencia de aquel tiempo en forma de animales disecados, colecciones de conchas, rocas y otras piezas.
Quizá sea la Universidad el mejor lazo de unión entre Lorenzana y su pupilo, discípulo y sucedor al frente del arzobispado, Luis María de Borbón. El llamado 'Cardenal de los Liberales', que tanto protagonismo tendrá durante la Guerra de la Independencia, había estudiado en Toledo durante su juventud y destinaría varios millones de reales a la Catedral. Al poco tiempo de su llegada como arzobispo, en 1801, promovería la construcción de obras como el Cirio Pascual o el Monumento Grande de Semana Santa: cuantiosas piezas artísticas realizadas en una España ya convulsa, empobrecida y al borde de los nuevos y trágicos acontecimientos.
1800-1808, LÍNEA DEL TIEMPO
1800
Lorenzana renuncia al arzobispado de Toledo. Los problemas con Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, habían obligado al arzobispo de Toledo a abandonar la diócesis y exiliarse en Roma en
1797.
La Real Casa de Caridad atraviesa horas bajas. La ausencia del único valedor de esta institución acelerará su final.
1801
Llegada a Toledo del Cardenal Borbón. El primo hermano de Carlos IV, antiguo alumno de la Universidad de Santa Catalina, es recibido en Toledo con corridas de toros, danzas de estudiantes y un árbol de pólvora en la plaza del Ayuntamiento.
1802
Arde el Monasterio de La Sisla. Un incendio fortuito en las cocinas acaba con el gran complejo jerónimo situado en esta gran dehesa toledana.
1805
Toledo acoge a las Guardias Valonas. Cuatro compañías de esta infantería de elite llegan a la ciudad. Eran habituales las estancias de regimientos militares en sus movilizaciones hacia el sur de la Península.
1806
Toledo estrena nuevo alumbrado público. Varios faroles fueron instalados en zonas tan concurridas de la ciudad como la plazuela del Alcázar y los paseos de San Cristóbal y del Miradero.
1807
Inauguración del Monumento Grande. Considerado «el más alto del mundo» por los cronistas locales. Por sus grandes dimensiones, sólo fue montado en tres ocasiones durante el siglo XX.