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07/02/2009

Toledo ilustrado (I). Contexto

Espadas y acequias para revitalizar la Vega Baja

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Adolfo de Mingo

La gran extensión de terreno situada a pie de rodadero, muy cerca del cordel del Guadarrama, volvería a vestirse de verde por primera vez en muchos siglos. Las explotaciones agrícolas que labraron parte de la Vega Baja en época romana -más adelante poblamiento visigodo, necrópolis islámica y tierra de pasto- resurgieron mínimamente a finales del siglo XVIII entre los centenares de hectáreas dedicadas al aprovechamiento ganadero.
Algunos de los impulsores de estos nuevos plantíos, en un desesperado esfuerzo por revitalizar la maltrecha industria de la seda y aprovechar tierras baldías que muy poco aportaban a la ciudad, fueron los miembros de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Toledo, una agrupación que había surgido en el año 1776.
Talavera de la Reina, Quintanar de la Orden, Ocaña y Los Yébenes contaron también con agrupaciones similares; la mayoría de ellas, efímeras. El caso toledano, de hecho, no llegaría a alcanzar los cincuenta socios entre la fecha de su fundación y el año 1808.
Además de los cultivos en las vegas del río, estos ilustrados -casi todos, sacerdotes- promovieron iniciativas relacionadas con la educación y la utilidad pública. Precisamente por ese motivo costaba trabajo asumir la presencia de tanto terreno improductivo a las mismas puertas de la ciudad.
En tierras de la Vega Baja, precisamente, había sido fundada en los años centrales del siglo XVIII la Real Fábrica de Armas Blancas, una iniciativa que a cambio de perpetuar la tradición espadera de Toledo y suministrar oficio a un puñado de vecinos daría al traste con los pequeños talleres de la ciudad que todavía subsistían. Fue la misma paradoja que, en el terreno de la confección, tuvieron que sufrir casi todos los talleres textiles a la sombra del monopolio creado por la Casa de Caridad en el Alcázar. Los plantíos de moreras, en Toledo y Talavera de la Reina, suministraron material a una industria sedera que ya nunca recuperaría el esplendor de tiempos anteriores.
La Fábrica de Armas, reconvertida hoy en un moderno campus universitario, fue construida entre 1775 y 1780 sobre terrenos comprados a la cofradía de la Santa Caridad. Esta iniciativa -cuyo precedente estuvo instalado en el Casco Histórico, en la calle Núñez de Arce-, no pretendió en realidad revitalizar la tradicional industria de la espada toledana (Carlos III recurrió a maestros valencianos y madrileños para impulsarla), sino satisfacer las necesidades militares de la corona.
La necesaria adaptación a las armas de fuego permitiría a la Fábrica de Armas resistir el paso del tiempo en comparación con otras iniciativas similares. Los plantíos de la Vega Baja corrieron una suerte fue muy diferente, aunque la labranza de los viejos terrones permitiría descubrir a los toledanos del siglo XVIII que en esta zona de la ciudad no sólo hubo cabañas de pastores en la antigüedad.

EL ALCÁZAR DE TOLEDO, TALLER PARA POBRES
La ocupación de ‘vagabundos, ociosos y mal entretenidos’ fue objetivo de los ilustrados españoles durante buena parte del siglo XVIII. En Toledo, el Cardenal Lorenzana destinó los restos del Alcázar -cuyas ruinas, cedidas por Carlos III, habían sido destruidas a comienzos de siglo, durante la Guerra de Sucesión- a Casa de Caridad. El responsable de la reconstrucción, cuyo coste superó los dos millones y medio de reales, fue el arquitecto Ventura Rodríguez. Los talleres textiles de la Casa de Caridad dieron trabajo, en su mejor momento, a alrededor de 800 personas, aunque pronto quedó demostrado que la Institución -asfixiada por las deudas tras la marcha de Lorenzana a Roma- no fue más que un sueño de su promotor.

NEOCLÁSICO MONUMENTAL TOLEDANO

Paseo de la Rosa
1780. La llegada del Cardenal Lorenzana al arzobispado de Toledo trajo consigo modificaciones en el tejido de la ciudad. La urbanización del Paseo de la Rosa y la construcción de fuentes, como la de Cabrahígos, fueron realizadas durante los años setenta y ochenta.

Hospital del Nuncio
1793. Este manicomio de finales del siglo XVIII fue la primera construcción monumental en Toledo del arquitecto alicantino Ignacio Haan, especialmente vinculado a Lorenzana. El edificio que hoy alberga la Consejería de Hacienda heredó el espíritu del 'Nuncio Viejo' antiguo hospital que hoy da nombre a una calle.

Universidad
1799. El nuevo edificio para la Universidad, dotado del mejor patio neoclásico de España, tuvo la desgracia de nacer poco antes de que Toledo perdiese su condición universitaria, en 1807.

Puerta Llana
1800. «Epitafio artístico» de la Catedral de Toledo, en palabras del profesor Guillermo Téllez, este potente acceso neoclásico brinda personalidad a la fachada sur del templo primado.
   

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