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23 de septiembre de 2018

Nereydas: Bienvenidos a la fiesta

Sandra Redondo* - sábado, 6 de enero de 2018
Este ensamble está dirigido por el violinista y director de orquesta toledano Javier Ulises Illán (i). - Foto: Yolanda Redondo
El Teatro de Rojas acogió un ameno concierto de música antigua de la mano de esta formación, encabezada por el toledano Javier Ulises Illán. Una concha acústica mejoraría las condiciones de este escenario

Quien a estas alturas dude de que un concierto de música antigua pueda ser, además de estimulante, enormemente divertido, debe memorizar este nombre: Nereydas. Capitaneada por el violinista y director de orquesta toledano Javier Ulises Illán, esta formación especializada en abordar músicas del barroco y el clasicismo con criterios historicistas ofreció un espectáculo memorable el pasado día 4 en el Rojas. No en vano el grupo subraya como su principal meta «presentar la música como un regalo gozoso, espontáneo y vital». Desde esa premisa, el joven director nos invitó a «asomarnos a una fiesta del siglo XVIII». La primera sorpresa fue el repertorio, meticulosamente diseñado, en el que músicas heterogéneas italianas y españolas se trenzaban en "bello entendimiento" con ecos criollos infiltrados para alegría de los más pequeños del público, que acabaron subidos al escenario y tocando la percusión en uno de los tres bises; una suerte de abrazo musical con los artistas de inevitable ternura. Dos cantatas de José de Torres (1670-1738) extraídas del Manuscrito Mackworth se alternaron con danzas de aroma popular plagado de hemiolias, y desembocaron en una curiosa cantata escrita por Händel en español (cuya autoría algunos ponen en duda). Todo ello presentado por intérpretes de solvencia indiscutible. Guillermo Turina nos trajo una hermosa rareza: una Sinfonía para violonchelo solo de Giacomo Facco (1676-1753), de escritura en style brisé que recordaba a las suites de Bach, aunque con personalidad rítmica propia, que el chelista bordó. Manuel Minguillón es una autoridad en el panorama de la música antigua en España. Fue un lujo disfrutar de su maestría "realizando" (que en lenguaje barroco equivale a improvisar) los acompañamientos con archilaúd y guitarra española. Daniel Garay aportó desde la percusión la chispa adecuada para que la música cobrara otra dimensión. Da gusto ver cómo goza y mima cada pulso. Por su parte, la soprano Ítaca Vicente exhibió un timbre bellísimo, pulcritud de fraseo y notable control vocal. Brilló con luz propia en Tu fedel? Tu costante? de Händel (música con mayúsculas). La visión artística de Illán subyacía tras cada detalle del concierto, desde la coordinación del discurso musical hasta los comentarios con que lo ilustró, demostrando que es posible presentar un producto de calidad absolutamente riguroso y hacerlo de forma cercana, desenfadada y libre de las ataduras que impone la etiqueta "clásica". Su arrolladora personalidad quedó de manifiesto en el Fandango; caminando por la platea fue improvisando una introducción en la que hizo gala del virtuosismo de que es capaz un violín: endiablados bariolages, variedad de golpes de arco, agilidades sin fin… una locura que arrancó un eufórico aplauso, además de regalarnos una instantánea para el recuerdo: las caras de admiración de sus alumnos del conservatorio "Jacinto Guerrero" disfrutando de ese tour de force a escasos centímetros. Las condiciones acústicas del Teatro de Rojas, incompatibles con las cualidades sonoras de los delicados instrumentos barrocos, hicieron necesaria una mínima amplificación. El hecho de que tengan que recurrir a ella conjuntos como éste, o como Hesperion XXI (Jordi Savall) anteriormente, invita a que los toledanos reclamemos una concha acústica, recurso con el que cuentan teatros como el de la Zarzuela en Madrid o el Gran Teatro de Manzanares. Se la podemos pedir a los Reyes Magos, junto con otro deseo (puestos a soñar…): Toledo convertido en referente musical europeo al más alto nivel, gracias al esfuerzo de intérpretes e investigadores con el apoyo de las instituciones, con abundantes ocasiones para disfrutar de la mejor música en los maravillosos espacios de la ciudad, en los que el legado que duerme en el archivo de la Catedral cobre vida, incluso (¿por qué no?) con un Conservatorio Superior que forme para ello a los mejores profesionales en música antigua y otras disciplinas. Conciertos magníficos como éste, o como el que ofreció en Año Nuevo otro toledano, el director de orquesta Bauti Carmena, animan a soñar que es posible. Solo queda brindar por lo bueno y compartir un deseo: ir siempre a más. ¡Que siga la fiesta! (*) Sandra Redondo es cantante, pianista y profesora en el Conservatorio Profesional de Música Jacinto Guerrero.

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  • La soprano Ítaca Vicente, durante su actuación.  Yolanda Redondo
    La soprano Ítaca Vicente, durante su actuación. - Foto: Yolanda Redondo
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