La Tribuna de Toledo
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18 de octubre de 2018
Manuel de Castro

«Vamos a veranos de más de 45º. Y no sólamente de un día»

A. de la Paz - domingo, 7 de octubre de 2018
Manuel de Castro, catedrático de física de la tierra de la UCLM - Foto: David Pérez
Manuel de Castro, catedrático de Física de la Tierra en la UCLM, es uno de los mayores expertos mundiales en la lucha contra el cambio climático, materia de investigación del académico desde hace 25 años.


Quedan incrédulos al respecto. ¿El cambio climático es una realidad absoluta?
Conviene hablar primero de calentamiento global. Es un hecho constatado sin discusión y producido por efectos que la ciencia no pone en duda, que son innegables. El calentamiento global se explica por evidencias como la subida de la temperatura. Por tanto, el calentamiento global existe y es producido por las actividades humanas. Y quien lo cuestiona no está bien enterado, tiene otros intereses ajenos o percibe el cambio climático como una opción política concreta que no encaja con la suya. Pero la ciencia no tiene ninguna duda. Una vez explicado el calentamiento global la ciencia asegura que si se calienta la atmósfera se van a producir, obviamente, transformaciones climáticas. Y va a cambiar la temperatura, el régimen de precipitaciones y la frecuencia e intensidad de las situaciones meteorológicas extremas.
Otra cuestión es achacar al cambio climático antropogénico una serie de manifestaciones atmosféricas o defectos que se observan en la naturaleza. Han de estudiarse más. Con la simple suposición o la mera hipótesis no se deberían plantear certezas. Pero la ciencia alberga muy pocas dudas de que el cambio climático va a producir extremos climáticos más intensos y ninguna sobre la existencia misma del fenómeno.
¿Dónde están sus efectos visibles más cercanos? ¿Cómo lo notamos?
Un efecto claro que ocurre, no sólo en esta región sino en muchas otras zonas del planeta, es el propio calentamiento, la subida de las temperaturas. También el incremento de extremos climáticos relacionados con la temperatura, como las olas de calor o la disminución del número de heladas. Sin en el calentamiento global esos extremos climáticos hubieran sido altamente improbables. Los extremos térmicos parecen claros.
Los extremos de precipitación dependerán de la zona del planeta. En Castilla-La Mancha, situada dentro de la zona mediterránea y Europa meridional, la reacción que se prevé se basa en lo que dicen los modelos climáticos, que son simulaciones matemáticas. Y esos modelos apuntan a un cambio en el régimen de precipitaciones en la Península Ibérica. En este apartado existe una gran variabilidad: hay años secos y años húmedos. Eso es consustancial a nuestro clima. ¿Pero qué sugieren los modelos del futuro? Apuntan a que en la época cálida, entre abril y octubre, la precipitación será menor en promedio. Eso no quiere decir que algún año haya episodios de lluvia abundante un mes de mayo, pero esas fases serán cada vez menos frecuentes. En el periodo frío aún no se sabe muy bien qué pasará. Existe incertidumbre al respecto, aunque parece que no cambiará demasiado.
En cuanto a la intensidad de la precipitación, en algunas regiones sí se han observado aumentos de las lluvias torrenciales. En esta región, dado lo corto de las series de datos disponibles, no podemos establecer esa certeza. Pero los modelos en el futuro dicen que si el calentamiento del mar es algo imparable y acelerado y tenemos al lado un mar calentísimo [el Mediterráneo], es lógico asumir que las precipitaciones torrenciales en la época cálida podrían aumentar en todo el Arco Mediterráneo y en la parte oriental de Castilla-La Mancha.
Respecto al viento y su mayor o menor intensidad no está muy claro qué va a pasar. Sobre la radiación solar parece lógico pensar que si hay menos precipitación el índice de radiación será mayor.
¿Está España en el epicentro de los perjudicados? ¿El cambio climático nos ha afectado más?
Sí, más que a muchas otras regiones, aunque al final todas van a sufrir o experimentar un cambio climático. En la Península Ibérica, en el conjunto del Mediterráneo en general, los modelos apuntan con mucha más certidumbre que en otras áreas mundiales. Y explican que habrá más calor y menos precipitación en los meses cálidos.
Las altas precipitaciones de la primavera pasada evitaron la sequía.
La ola de calor se produjo a unos 1.500 kilómetros al este de España. La circulación atmosférica provocó esa ola de calor en Centroeuropa. Si se hubiera desplazado esos 1.500 kilómetros hacia el oeste, hubiera sido un desastre. Es que habríamos tenido montones de días de 45 o 47 grados. Muchos, muchos días. Este verano han tenido 47 grados en Portugal y el año pasado ya los tuvimos en Córdoba. Y agua, por supuesto, ni una gota. Algo en el norte, en la zona del Cantábrico, pero no tanto Galicia.
No quiero ser agorero, pero esto va a ocurrir. Vamos hacia veranos de más de 45 grados. Y no solamente de un día, sino de varios días seguidos. Y con noches que no bajan de 28 o 30 grados. Estos episodios, los cuatro meses de verano no van a mantenerse así, serán periodos cada vez más largos en el tiempo.
Ya está cambiando nuestra vida. El sol se aprovechará como fuente de energía del aire acondicionado. Las construcciones nuevas cuentan con fachadas ventiladas y hay más aislamiento térmico. Deberían darse ayudas para que los edificios realizados entre las décadas de los años cuarenta al ochenta del pasado siglo se adapten. Pero esa idea requiere de mucho dinero. A ver de dónde se saca. No soy político, pero tengo mucha esperanza en la nueva ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. Hay políticos que son muy conscientes y saben qué quieren hacer.
¿La sociedad sabe qué ocurre y cómo afrontarlo? ¿El cambio climático se ha explicado bien?
Existe preocupación. Los ciudadanos perciben cosas, notan, por ejemplo, que los veranos son más calurosos. Algunos actores han alarmado quizás en exceso, cuando lo ideal es advertir en su justa medida. Hay gente que rechaza ese alarmismo y se convierte en escéptico. «No está muy claro», piensan. La percepción de la sociedad depende de la visión de cada cual, pero en su conjunto es cada vez más consciente de que está ocurriendo algo y que se debe poner remedio. Los políticos han sido elegidos para gestionar el interés social. Deben atenerse a los acuerdos firmados y hacerlos cumplir. Por delante quedan cómo mitigar los efectos futuros del cambio climático, emitiendo menos o dejando de hacerlo, y la propia adaptación al mismo, asumiendo que tendremos veranos más cálidos y con menos lluvias entre abril y octubre.
¿Los ciudadanos también somos responsables?
Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad. Pero nos tienen que ofrecer una alternativa. De nada sirven los esfuerzos individuales porque serían irrelevantes. Para este reto tiene que haber una coordinación global dado que el problema afecta a todo el planeta.
¿Qué papel juega la energía?
Las energías renovables no son una opción, son inexorables. En primer lugar, no se agotan; en segundo lugar, son limpias y no perjudican a nadie mientras que las otras sí; en tercer lugar, son ubicuas y están en todos los sitios, no como el petróleo. La renovable es una energía muy democrática. Lo deseable sería que se acelerará su implantación. Además, se evitarían emisiones de efecto invernadero que son las que provocan el cambio climático. Hay un doble motivo: son beneficiosas tanto para la economía como para el clima futuro.
Aunque reduzcamos muchísimo las emisiones, el cambio climático va a seguir porque el clima tiene inercia. Que pueda ayudar o perjudicar a las energías renovables dependerá del lugar y del tipo de energía. Si el cambio climático produce más viento, se beneficiará la energía eólica; que haya más horas de sol redundará en favor de la fotovoltaica. La energía limpia será tanto mitigadora como afectada por el propio cambio climático.
Las fuentes de energía son uno de los campos de batalla: combustibles tradicionales contra renovables.
Es que las energías como el petróleo son agotables. Y a medida que se van agotando son mucho más caras. Las renovables ya son competitivas para la generación de energía.
El progreso industrial desde el siglo XVIII se ha ligado a quemar, a producir calor quemando. Empezamos por el carbón y seguimos por el petróleo y el gas. Somos unos pirómanos: ¿no tenemos otra forma de producir energía que quemando cosas? Además de contaminantes, esos combustibles que han ardido ya no se pueden recuperar. A ver si empezamos a utilizar el calor para calentar y la electricidad para mover cosas.
¿La nuclear es otra solución?
Aquí nos queda la central de Trillo, en Guadalajara. Es una energía que no emite gases de efecto invernadero. Tiene la pega de que sus residuos son muy peligrosos y eso la convierte en una energía muy cara. Otra característica es que es continua en su producción. La nuclear es una opción política, la ciencia no tiene nada que decir. Quizás lo razonable sería combinarla con la renovable, sin que despuntará demasiado y teniéndola como soporte. Pero insisto, es mucho más cara. Además de la mala imagen que pueda tener entre la sociedad, tenemos que tener claro que su precio es notablemente mayor. Ese mito de que la energía nuclear es barata no es real. Las instalaciones son carísimas: hacer una central necesita miles de millones de euros. También cuesta mucho la propia seguridad y el almacenamiento de los residuos.
¿Y respecto a la polémica creada con los coches diesel?
El diesel y también la gasolina son emisores de gases de efecto invernadero y contaminantes en las ciudades. Con el tiempo se ira electrificando el parque automovilístico y los coches de combustión serán casi antiguallas que se sacarán los domingos para pasear. El uso de combustibles fósiles irá disminuyendo progresivamente. La Unión Europea tiene el mandato de que para 2050 estos vehículos sean algo residual.
Los coches diesel fabricados hace varios años contaminan una barbaridad. Se debe tener como prioridad regular su uso en las ciudades. Entiendo que aquellos que se compraron un diesel hace ocho o diez años asumiendo un gran esfuerzo económico no puedan ahora cambiar de automóvil. ¿Qué pueden hacer? Habría que arbitrar medidas y tomar soluciones.
¿Cómo valora el informe recientemente publicado por la administración regional?
El estudio es elogiable. Vaya por delante mi aceptación y satisfacción. Participé en el primer informe, que se publicó en 2009, y este es el segundo. Me parece muy bien que haya estudios sobre los efectos del cambio climático a escala regional porque además no hay muchos Gobiernos autonómicos que los hagan periódicamente. Algunos elaboraron un primer informe y se olvidaron de publicar más; otros sí los sacan con regularidad. Me gusta este segundo análisis de Castilla-La Mancha: parece prometer que habrá un tercero y un cuarto. Pero creo que nueve años de diferencia es un periodo un poquito largo.
El informe tiene puntos fuertes y puntos débiles. Una de las cosas que me llama la atención es que se le haya encargado a una consultaría privada habiendo Universidad y expertos en materia de cambio climático relevantes y de talla internacional. Es una opción, aunque las comunidades autónomas suelen encargar a los académicos e investigadores de la propia región estos estudios. Que no haya un servicio meteorológico regional también puede haber contribuido a esta elección.
El estudio atiende bastante bien a casi todos los sectores económicos de Castilla-La Mancha. Pero tiene un título un poco atrevido que alude a los efectos constatados. Evidentemente el cambio climático existe y produce efectos. Algunos efectos son bien constatados, pero otros no. En este informe hay efectos que, desde el punto de vista científico, quizás no lo estén tanto. Recoge todos los sectores económicos, excepto, y me parecen dos muy relevantes en la región, el turismo y la energía. No se dice cómo acepta a la generación y a la propia demanda de energía. Hay un tercero que es el de las ciudades que tampoco está. Aunque en Castilla-La Mancha no son muy grandes.

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