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18 de octubre de 2018
Empresas

Una empresa de Daimiel patenta un 'agua flotante' que evita ahogamientos accidentales

Patricia Vera / Ciudad Real - jueves, 26 de diciembre de 2013
Antonio Ibáñez consigue tras diez años de investigación un producto con elementos naturales, incoloro, inodoro e insípido, que no contamina y atenúa enfermedades de la piel

La empresa daimieleña De Alba Innovación, liderada por el investigador Antonio Ibáñez, acaba de patentar el agua flotante, un producto «único en el mundo» cuya principal utilidad es evitar ahogamientos accidentales en piscinas. Con una fórmula que combina elementos naturales (utilizados en cosméticos, detergentes y productos alimentarios), Ibáñez ha logrado una densidad suficiente para hacer flotar a una persona inmóvil en el agua en cuestión de segundos. Es «incolora, inodora e insípida» y compatible con los sistemas actuales de depuración.
La presentación de este producto está prevista para mediados de enero, en una piscina de unos 8 metros, en los que se mostrarán sus diferentes utilidades. El principal objetivo es que, en caso de que un niño caiga accidentalmente o que un adulto quede inconsciente, el agua le mantenga flotando bocarriba. Además, Ibáñez señala que facilita el aprendizaje de la natación y el desarrollo de actividades de gimnasia o rehabilitación, puesto que «se desarrolla una fuerza más lenta y progresiva, ideal para estos usos». El resultado es que los movimientos son más rápidos y que este producto no solo no causa problemas sanitarios, sino que, al ser «exfoliante y cicatrizante, atenúa los síntomas en caso de piel atópica, psoriasis y otras enfermedades». Asimismo, este agua ingrávida permite que niños o discapacitados puedan manejarse sin precisar de un supervisor individual.
El llenado inicial de una piscina «mediana» cuesta 2.500 euros (entre 5 y 15 céntimos de euro el litro) y tiene una duración de cinco años, según los cálculos que baraja la empresa. No es necesario modificar los sistemas de depuración que ya estén instalados y tiene «el mismo tratamiento que una de cloro», según indica. El mantenimiento de 200 euros al año, por lo que la media anual sería de unos 700 euros. En cualquier caso, afirma que «en el plazo de unos seis meses, estos valores podrían ser bastante inferiores».
Esta fórmula alcanza saturaciones de entre 11 y 21 grados Baume (el Mar Muerto tiene entre 19 y 20), «pero el equilibrio perfecto está entre los 17 y los 18 grados».

Fabricación

Actualmente, Ibáñez está negociando con dos multinacionales que para el verano se ocuparán de la distribución de su producto en todo el mundo. Su intención es instalar naves provisionales en las que fabricar pequeñas cantidades para darlo a conocer, algo que estaría en marcha en mayo o junio. La capitalización para comenzar la fabricación correrá a cargo de entidades bancarias suizas y, una vez que se empiece a abrir el mercado, construirá una fábrica «entre Ciudad Real y Daimiel» para crear «miles de puestos de trabajo directos».
El inventor tiene la patente por 20 años, lo que le permite ser el único fabricante a nivel mundial y establecerse antes de que pudieran surgir posibles competidores. En la entrevista con La Tribuna, se mostró decidido a que «la inversión se quede en Castilla-La Mancha». «Nosotros tendremos siempre el 51 por ciento de la propiedad para asegurarnos de que se produzca aquí», afirmó. Hasta ahora, toda la investigación se ha realizado en la piscina de un laboratorio en Castellón.

Investigación.

En 2003, la empresa consiguió el premio a la innovación tecnológica en el Salón Internacional de Barcelona con un mecanismo que elevaba el fondo de la piscina en caso de caída accidental para salvar la vida de la víctima, un producto que a día de hoy se comercializa en buena parte del mundo, según su inventor. En aquel momento, Ibáñez vendió la patente y, con el dinero que consiguió, ha financiado la investigación de este nuevo producto.
Diez años después, ha conseguido un producto que funciona «no por saturación de sal ni de cloruro de magnesio», sino con elementos naturales, que «no cause corrosión ni contamine, porque es biodegradable». «En el mundo no existe nada igual y muchos laboratorios están trabajando en ello, pero hemos sido los primeros», concluye Ibáñez.

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