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«Ser padre hoy en día es mucho más difícil que antes»

Javier D. Bazaga (SPC) - lunes, 24 de noviembre de 2014
Silvia Álava es licenciada en Psicología y experta en Psicoterapia. Es coautora de distintas obras y guías de Psicología y colabora habitualmente en distintos medios de comunicación.


Silvia Álava es licenciada en Psicología y experta en Psicoterapia. Es directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes donde compagina la consulta con la elaboración e impartición de cursos, talleres y conferencias. Es coautora de distintas obras y guías de Psicología y colabora habitualmente en distintos medios de comunicación.
Hace escasas semanas se ha publicado su libro Queremos hijos felices. Lo que nunca nos enseñaron. Claro que queremos hijos felices, ¿quién no? ¿Por qué escogió este título?
Precisamente porque el deseo de todos los padres y todas las madres es ese. De hecho, cuando los progenitores acuden a la consulta, preguntamos distintas cosas para valorar el problema y entre ellas siempre incluimos ¿qué es lo que esperáis conseguir? Y en todos los casos te dicen que quieren que sus hijos sean felices.
¿Es el denominador común de todos los que buscan su ayuda?
Hay casos en los que es verdad que hay un problema, de salud mental o niños con cierta patología. Hay otros en los que los padres quieren que les ayudemos en que su día a día sea más fácil y que tengan un menor desgaste emocional. Después del cole son deberes, actividades, duchas, cenas, corriendo a la cama y la tarde es muy cortita. Al final lo conseguimos hacer todo, pero con un desgaste emocional muy alto y a veces con gritos. Lo que pretendo en este libro es cómo hacerlo de una forma más fácil.
¿Cuál es el principal problema con el que llegan los padres?
Principalmente vienen por problemas de conducta de sus hijos. Niños que les cuesta obedecer o que son especialmente protestones.
Pero eso de que no haya desgaste emocional es casi imposible. ¿Qué le dice a esos padres que ya están desesperados?
Hay que pararse a observar lo que está ocurriendo. Es más, les pedimos que anoten esas situaciones y así nosotros podemos ver qué es lo que pasa y podamos dar las pautas adecuadas y a medida de cada niño. A través de esos apuntes, nosotros podemos ver qué ha ocurrido y enseñar a los padres a analizar la situación y darnos cuenta que, en muchos de los casos que vemos, los niños se garantizan su atención con una mala conducta, en negativo.
¿Abusamos los padres del recurso del castigo? ¿Hasta qué punto es bueno y cuándo deja de ser efectivo?
La Psicología nos enseña que el castigo no es una de las herramientas más poderosas, de hecho pocas veces funciona y para que funcione hay que utilizarlo muy bien. Nos va a funcionar mucho mejor que el castigo lo que los psicólogos llamamos la extinción. El castigo es que al niño le quito algo que ya tenía: le quito de ver los dibujos o jugar con la tableta. Y la extinción supone no hacerle caso. Si el niño lo que iba buscando era llamar la atención del adulto, al final entre que le castigo y nos enfadamos ha conseguido lo que quería, que era la atención. Y con la extinción se la quitamos.
¿Eso es lo que conocemos como el refuerzo positivo?
El refuerzo positivo es cualquier cosa a la que le sigue una conducta agradable, es lo que vamos a seguir haciendo. Puede ser ver un rato la televisión u otra cosa, pero el refuerzo más poderoso para un niño siempre es la atención de sus padres.
La situación actual no lo pone fácil. El estrés del trabajo, las actividades extraescolares, la falta de tiempo... ¿De qué manera nos ha influido todo esto en la educación de los niños?
La situación actual ha influido muchísimo. Los niños hoy tienen muchas más cosas que hacer que sus padres cuando eran niños, deberían ser más felices y no lo son en absoluto. Es más, ser padre hoy día es mucho más difícil que antes, porque la sociedad introduce una presión que antes no había. Los trabajos son más largos y más demandantes, tienes que hacer más horas. Y a los niños se les exige más también. Y luego hay otro aspecto con el que tienen que lidiar esos padres que trabajan: ese sentimiento de culpa de no poder estar todo el tiempo que quisieran con sus hijos.Pero hay otro aspecto que dificulta mucho la educación y es la presión de la sociedad consumista.
El trabajo en equipo por parte de los padres será importante en esta tarea.
Es fundamental. De hecho en el libro trabajamos la figura del poli bueno y el poli malo como uno de los grandes errores que cometemos. Lo que conseguimos con eso es que anden despistados y les genera inseguridad porque no saben lo que tienen que hacer si uno les dice una cosa y el otro otra. Además cuando son mayores lo utilizan y saben qué se pide a papá y qué se pide a mamá y muchas veces abre una brecha entre la pareja que se traduce en más dificultades.
¿Y por qué nos empeñamos en cometer ese error?
Por ese sentimiento de culpabilidad que tenemos. Por eso es muy importante también que no amenacemos con nada que no vayamos a cumplir ni prometamos algo en negativo que no vayamos a hacer porque si luego no lo cumplo perdemos toda la credibilidad.
El libro trata otro aspecto que es la sobreprotección. ¿Cómo saber dónde está la linea que separa la preocupación por el niño de la sobreprotección?
Es verdad que la linea es muy delgada, pero la sobreprotección es uno de los grandes errores de la educación de hoy en día. Cuando les hacemos tareas a los niños para las que sí que están preparados, no aprenden las herramientas ni las competencias que luego les van a ser necesarias. Cuando los padres tienen un estilo sobreprotector esos niños van a desarrollar menos habilidades, menos competencias emocionales y a la larga serán más inseguros e infelices.
Todo esto, según nos dice en el libro, nunca nos lo enseñaron. Nos han preparado para salir adelante profesionalmente pero no a ser padres. ¿Por qué?
El desnivel que tenemos hoy en día entre la preparación que tenemos para nuestros trabajos, donde nos formamos con cursos de todo tipo, y para la que es sin lugar a dudas una de las facetas más importantes de nuestra vida que es ser padres, apenas recibimos formación. Por eso es importante que aprendamos cómo educar a un niño, cómo ponerles normas o límites y también trabajar su inteligencia emocional.
¿Aprender a ser padres debería formar parte entonces del período educativo?
Sería importante meterlo como algo transversal, por lo menos esa parte de la inteligencia emocional. Cómo gestionar las emociones o controlarlas debería formar parte del currículo pero no como una asignatura que se olvida al cabo de un año, sino como algo transversal a lo largo de todo el ciclo educativo.
En general, ¿somos buenos padres?
En general sí, somos buenos padres. Estamos preocupados por la educación de nuestros hijos, pero el objetivo tiene que pasar de la preocupación a la ocupación. Es decir, dejar de darle vueltas a las preocupaciones y ocuparse de hacer lo que está en nuestra mano.
La publicación de este libro no se queda solo en la ayuda a los padres que lo adquieran y sus hijos ¿verdad?
Así es, porque el cien por cien de los derechos de autor van destinados a la Asociación Nuevo Futuro que tiene hogares funcionales. Nos parecía una buena forma de ayudar aún a más niños, como éstos que sufren la ausencia de la figura de referencia.

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