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El RENACER de la cerámica talaverana

Leticia G. Colao - domingo, 4 de noviembre de 2018
El RENACER de la cerámica talaverana - Foto: Manu_Reino
La importancia de Ruiz de Luna radica en su afán por devolver la cerámica a su mayor esplendor, el del Siglo de Oro. Inspirándose en modelos antiguos, la introdujo en otros usos

La cerámica del alfar de Ruiz de Luna se ha ganado por méritos propios el título de cerámica talaverana, no obstante fue su empeño el que consiguió devolver su antiguo esplendor a la mejor loza realizada en alfares talaveranos, la del Siglo de Oro. Cuando apenas quedaba una fábrica en los primeros años del siglo XX, el destino y la negativa inicial de Niveiro quiso que fuera Ruiz de Luna el que, junto al cordobés Enrique Guijo, retomara el rumbo perdido de la cerámica y le dieran una nueva edad dorada.
Esta importancia del de Noez, que no fue ceramista sino fotógrafo y pintor decorador, se puede disfrutar en la segunda sede de la exposición ‘aTempora Talavera. 6.000 años de cerámica en Castilla-La Mancha’, en el Museo de Cerámica que lleva su nombre. Allí, un centenar de piezas, algunas propias de su fábrica, Nuestra Señora delPrado, y otras de la colección de piezas antiguas de alfares locales que incorporó como modelos, trasladan al visitante a las primeras décadas del siglo pasado, en las que la artesanía local volvió al pedestal del que nunca debió bajarse.
Así lo defiende Fernando González Moreno, doctor en Historia del Arte, miembro del Comité Científico de ‘aTempora Talavera’ y uno de los mayores expertos en Juan Ruiz de Luna y Rojas. González Moreno explica a La Tribuna la obsesión del genial artista por «recuperar la imagen de taller antiguo, de alfar talaverano», de donde procedía la insistencia de que no se firmaran las piezas para que ningún artista sobresaliera por encima de otro, sino que siempre fuera cerámica de Talavera. En estos tiempos además crecía un movimiento que pretendía recuperar las mejores artesanías del pasado ante la idea de que en el arte «residía la identidad de un pueblo, de la nación, de nuestra esencia» ante tiempos políticos convulsos.
Con este fin llegó Guijo a Talavera, procedente de Sevilla, donde esta idea de recuperar la mejor artesanía antigua ya había tenido sus frutos. Así, vía Madrid, es enviado a Talavera para que contactara con Emilio Niveiro y en su alfar, el del Carmen, coció dos platos con los que pretende convencer al talaverano para que le acompañe en el negocio. No lo consiguió, pero sí atrajo la atención de Ruiz de Luna, que tras exponer estas piezas en su tienda de decoración, decide lanzarse con el cordobés a una empresa que supondría el resurgir del arte más talaverano.
ruiz de luna, guijo y cía. Es en 1908 cuando se constituye la sociedad Ruiz de Luna, Guijo y Cía, de la que forman parte otros socios buscados por Ruiz de Luna, que actuaría como director y gran emprendedor de un taller que, ubicado en el actual centro de salud de la plaza del Pan, consiguió devolver la riqueza a la cerámica tradicional, ayudar nuevamente a su internacionalización y darle nuevos usos antes impensables.
Entre estos, destaca la introducción del color amarillo, más propio de la cerámica sevillana; las grecas conocidas como del Renacimiento, pero inventadas en esta época, o la entrada de la cerámica en todo tipo de decoraciones, como chimeneas, zócalos, pavimentos, fuentes o incluso artículos de jardín.
Del mismo modo, en su afán por recuperar la loza de los siglos XVI y XVII, comienza a hacerse con una colección de piezas antiguas que sirven como inspiración a sus pintores -que después conforman su Museo en el taller- y que en algunos casos realizan siguiendo hasta el más mínimo detalle, como puede verse en la exposición. No se trataba únicamente de recuperar piezas, explica González Moreno, «sino el espíritu de un modelo, de un país» con el que se pretendía devolver los mejores años del Siglo de Oro «en el que España era un desastre político, pero estaba Cervantes, Velázquez...»
Tras superar los primeros años, poco rentables económicamente y que supusieron la salida de algunos de sus socios, entre ellos de Guijo, Ruiz de Luna mantuvo su fe en el proyecto y se acompañó de Francisco Arroyo, su yerno y pintor excepcional. Fue entonces cuando surgió el carácter más comercial de la fábrica, y Ruiz de Luna y sus modernos catálogos ayudaron a que sus obras se vendieran fuera de las fronteras y llegaran hasta Argentina, Cuba o incluso Estados Unidos, tras contactar con Archer Milton Huntington, de la Hispanic Society de Nueva York, a quien enviaba piezas para que conociera lo que se hacía en Talavera.
Con la fábrica Nuestra Señora del Prado, que cierra en la década de los 60 después de una última época con sus hijos al frente, se consigue universalizar de nuevo la cerámica. Con ella, se devuelve el auge que tuvo Talavera de la Reina en los siglos XVI y XVII como uno de los centros artísticos e industriales más importantes del país.
exposición. La exposición ‘aTempora Talavera’ cuenta ya con más de 12.000 visitas que han disfrutado de sus 1.200 piezas. El Museo de Cerámica ‘Ruiz de Luna’ acoge obras tan singulares de la propia sala de ventas de la fábrica original como la espectacular chimenea de 1912, restaurada para esta muestra y que tras ella se expondrá en sus salas; una vajilla y juego de café realizados para el Instituto Nacional de Colonización; un maravilloso mural de la Virgen del Prado; la impresionante fachada de la Fábrica Nuestra Señora del Prado pintada por Arroyo en 1914 o la reproducción tal cual de una parte del Museo que el mismo artista hizo en su fábrica. El Retablo de Santiago, de 1917, ideado para la Exposición Nacional de Bellas Artes y Artes Decorativas de Madrid, es la máxima expresión de lo que Ruiz de Luna supuso para la histórica cerámica de Talavera, a la que dio nueva vida.

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El RENACER de la cerámica talaverana Manu_Reino
El RENACER de la cerámica talaverana - Foto: Manu_Reino
El RENACER de la cerámica talaverana Manu_Reino
El RENACER de la cerámica talaverana - Foto: Manu_Reino
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