Casco Histórico

Sesenta mil euros de boj se dejan secar en el paseo del Miradero

S.J./Toledo - viernes, 15 de febrero de 2013
Buena parte de los arbustos de boj que pueblan los más de 1.200 metros cuadrados de parterres del Miradero se encuentran deteriorados. - Foto: Yolanda Lancha
La empresa concesionaria del quiosco ubicado al fondo de la plaza es la responsable de la conservación de los cinco parterres en los que se plantaron, hace menos de cuatro años, cerca de 9.000 unidades de este tipo de arbusto

El boj que puebla la plaza del Miradero vuelve a secarse. Su aspecto poco tiene que ver con el de aquellos cerca de 9.000 arbustos que hace menos de cuatro años se comenzaban a colocar en los cinco parterres habilitados en este paseo, completamente renovado tras la construcción del Palacio de Congresos.
Un ajardinamiento que contó con un presupuesto total de 190.000 euros, de los cuales aproximadamente unos 60.000 se destinaron a la adquisición del boj. Una partida que podría haber sido mayor, pero que finalmente se consiguió reducir al sustituir la especie de boj que inicialmente había contemplado el arquitecto Rafael Moneo, un boj enano de origen italiano -como el empleado en el jardín resultante en el proyecto de ampliación del Museo del Prado-, y la segunda opción barajada de boj gallego, por el procedente de un vivero castellano-manchego.
Precios a parte, lo cierto es que a día de hoy, sin llegarse a cumplir los cuatro años desde su plantación, el jardín de boj del Miradero está experimentando un nuevo e importante deterioro. El segundo en menos de diez meses, puesto que el pasado mes de junio fue, según la versión ofrecida entonces, una plaga de cochinilla la que originó que se secaran las plantas.
Sea uno u otro el origen de esta situación, lo cierto es que corresponde a la empresa concesionaria del quiosco del Miradero ocuparse del mantenimiento de esta zona. Así se recoge explícitamente en el punto número 6 del pliego de prescripciones técnicas de la licitación sacada a concurso en enero de 2010, subrayándose que junto a los gastos relativos a la instalación y explotación del quiosco, el adjudicatario deberá ocuparse  «dentro del mantenimiento» de los trabajos «de conservación de los cinco parterres concéntricos, equipados con riego automático».
Un mantenimiento que en el mismo pliego se señala tiene un coste estimado de 16.000 euros al año, incluyendo la reposición de plantas. Una obligación ésta que hacía que el canon mínimo de explotación se estableciera en poco más de 6.000 euros, cifra que la oferta que finalmente se adjudicaba la concesión, la presentada por Cinco Notas S.L., subía hasta los 7.000 euros anuales.

Caducidad de la concesión. A la espera de que se ofrezca información por parte de la empresa sobre cuál es el problema que está ocasionando la desoladora imagen que presenta el jardín de boj del Miradero, cabe recordar que en el mismo pliego del contrato se estipulaba que el incumplimiento de los preceptivos trabajos de mantenimiento y conservación de los parterres, podría derivar en la declaración de la caducidad de la concesión, inicialmente prevista de una duración de ocho años, con posibilidad de dos más, a contar desde la formalización del acta de entrega de los terrenos.
Fuentes de la empresa Cinco Notas S.L. consultadas ayer por La Tribuna, aseguraban no disponer de datos concretos sobre esta situación  en la que vuelven a encontrarse estos arbustos de boj.

Mala imagen. Al margen de que cuál sea la causa de esta situación, lo cierto es que en estos momentos, y ya con el Palacio de Congresos ‘El Greco’ en funcionamiento, el Miradero no ofrece así la mejor de sus caras.
Este paseo, auténtico balcón del Casco histórico sobre las vegas del Tajo y el resto de la ciudad, se muestra así con una  imagen de dejadez y deterioro completamente contraria a la que debería recibir tanto a los toledanos como a quienes visitan la ciudad.
Cabe recordar cómo durante la inauguración de la primera fase del Palacio de Congresos, que incluía el aparcamiento y el paseo del Miradero, el propio alcalde, Emiliano García-Page, señaló esta plaza como «el mayor respiradero» y «el pulmón» de la ciudad. Agradeció entonces la paciencia de los ciudadanos durante su largo proceso de construcción, y a la vez pidió que la tratasen «con mimo».
Un trato cuidado que por su imagen, hoy por hoy, no parece estar recibiendo.

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