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Puente, en verde y marrón

Leticia G. Colao - domingo, 2 de diciembre de 2018
PUENTE, en verde y marrón - Foto: Manu_Reino
Las piezas de Puente del Arzobispo mantienen su personalidad popular en colores, formas y diseños y se inician en la modernidad. Pedro de la Cal fue el gran maestro de la localidad

La cerámica de Puente del Arzobispo se desarrolla en paralelo a la de Talavera y sufre en los siglos XIX y XX los mismos problemas. Sin embargo, allí costó más recuperar los alfares «porque tenían un mercado más reducido al hacer una cerámica más popular», explica Domingo Portela. Los que consiguieron sobreponerse de las penurias económicas de una primera mitad del siglo XX complicada, especialmente tras la Guerra Civil, siguieron con sus formas, con su temática y sus colores «aunque con vidriados más amarillos porque el estaño y el plomo eran más caros y había que reducir coste».
Aún así, la sala dedicada a la producción de Puente en el centro cultural Rafael Morales se caracteriza y se diferencia de la de Talavera por sus tradicionales verdes y marrones, por sus piezas funcionales y utilitarias, como jarras, cuencos, cántaras o lebrillas, sus clásicas series de La Pajarita, el Pino y la Mata, normalmente sin autor reconocido. Sin embargo, estas obras conviven a finales del XIX y primeros años del XX con las nuevas formas y colores que le dan Salabert, Nebot Mompó y Martínez Alvenco, influenciados por la llegada de la industrialización y el éxito de la loza de Valencia.
Nebot se queda con el taller a la muerte de Salabert y lo mantiene con su nueva cerámica hasta el año 36, cuando lo abandona, hasta que tres años después es adquirido por Pedro de la Cal, que supone para Puente del Arzobispo la revolución que Ruiz de Luna llevó a cabo en Talavera, explica Portela. Desde el alfar Santa Catalina, y como buen empresario, busca la rentabilidad del negocio y con ello, a uno de los mejores de la época, Francisco Arroyo, poco después de abandonar el taller de Ruiz de Luna. «Arroyo era muy listo y hace cerámica de Talavera pero al estilo de Puente, para dotarla de su propia personalidad», dice el experto. Junto a De la Cal, se unen sus hermanos, en otras fábricas, dando forma a uno de los apellidos cerámicos más reconocidos en el municipio, manteniéndose aún «con cosas magníficas» a través de sus herederos.
En la exposición se exponen por primera vez curiosidades como tres platitos con el texto ‘Loza Lozana’ firmados por Pedro de la Cal, que el empresario, que supo vender su obra, repartió en el centenario de una zarzuela que él mismo protagonizó en Madrid. También destaca el panel ‘Pimentón Tesoro de la Vera’ donde se resume el proceso de fabricación del pimentón, su envasado y usos, y que fue encargado para una fábrica de Plasencia.
Pero la producción de Puente del siglo XX estaría incompleta sin la obra de Juan Mauricio Sanguino Otero y su alfar ‘SanJosé’. Se inicia con cerámica tradicional pero vira hacia una obra más personal, con vidriados mates y nuevos motivos como gatos, toros o peces en lo que se conoce como el inicio de la cerámica moderna, alguna de ella incluso picasiana.

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PUENTE, en verde y marrón Manuel Reino Berengui
PUENTE, en verde y marrón - Foto: Manuel Reino Berengui
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