Había mucha expectación, y no defraudaron: Richard Gere y Susan Sarandon inauguraron ayer por todo lo alto la edición 60 del Festival de San Sebastián con El fraude, un seductor thriller que se adentra en las entrañas de Wall Street ahondando en el lado oscuro del ser humano.
Como ya ocurrió hace cinco años, cuando el protagonista de Pretty Woman y American Gigolo recibió el Premio Donostia, los fans abarrotaron la entrada al Kursaal. Pero además del entusiasmo de sus seguidores, Gere recibió también el aplauso unánime de la crítica por su interpretación, llena de matices, del magnate neoyorquino Robert Miller.
El fraude, ópera prima del escritor Nicholas Jarecki, gira en torno a ese hombre de negocios y encarnación perfecta del éxito en todos los ámbitos de su vida que es Miller. Sin embargo, tras los relucientes muros de su mansión se esconde una bomba contrarreloj: su fortuna no es más que humo, y Miller debe vender su imperio antes de que la Justicia -y su familia- lo descubran. «Creo que era importante hallar el lado encantador del personaje, el Bill Clinton que es», dijo un sonriente Gere.
Y es que el actor se mueve como pez en el agua dentro del traje de tiburón financiero, pero también en el de esposo cómplice (de Susan Sarandon) y apasionado amante (de la modelo y actriz francesa Laetitia Casta). «Es una historia que no habría funcionado con un perdedor.»
Jarecki, que se confiesa admirador de Woody Allen por su capacidad de dotar de humor incluso los momentos más peliagudos, buscaba en su debut no solo ilustrar la crisis moral que llevó al derrumbamiento de Wall Street en 2008, sino rascar más hondo hasta el círculo íntimo y familiar donde queda atrapado el protagonista.
«Me gustó que la familia fuera parte de la ecuación en torno al protagonista», declaró Sarandon, que brilla en el papel de esposa entregada, pero sin un pelo de ingenua. Y es que quizá esa es una de las bazas distintivas de esta película, frente a otras de temática similar como Margin Call.
Divertidos y habladores, Gere y Sarandon hicieron las delicias de la abarrotada rueda de prensa teatralizando discusiones típicas de una pareja que, a base de años compartidos, se las sabe todas del cónyuge. «Sin duda, es uno de los mejores matrimonios que he tenido», bromeó la actriz, que en la vida real estuvo casada con Chris Sarandon y mantuvo una larga relación con Tim Robbins.
El fraude, que abre la carrera por la Concha de Oro, subraya la hipocresía de una sociedad donde los fuertes siempre llevan las de ganar y la arrogancia de una élite que ha provocado la crisis actual.