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Cine

Volvemos a casa

Alberto Mazuecos - sábado, 19 de diciembre de 2015
Lo que los fans esperaban, y esperan, de una película de Star Wars es básicamente que se parezca a la Trilogía Clásica

Hay historias que intentan explicar lo que pasó. Relatos que tratan sobre la antigua República Galáctica, la victoria del Imperio y su heroica derrota por parte de la Alianza Rebelde. Diferentes versiones que se propagaron como la pólvora por toda la Galaxia, alcanzado la categoría de mito o leyenda, y cuyos puntos en común siempre son los Jedis, la Fuerza, la familia Skywalker, Han Solo, su compañero Chewbacca y, por supuesto, los Sith.
Han pasado treinta años, y el tiempo ha resquebrajado la República, la formación de una Nueva Orden Jedi, y una de nuestras historias de amor favoritas. La Primera Orden, bajo la batuta del Líder Supremo Snoke y un sensible a la Fuerza enmascarado llamado Kylo Ren,  mantiene la llama del antiguo Impero Galáctico y está asfixiando a la Nueva República, cuya Resistencia es su único baluarte.
Por diversas circunstancias, Luke Skywalker se siente fracasado en la misión que le encomendó su maestro Yoda, consistente en transmitir sus enseñanzas y restablecer una Nueva Orden Jedi que mantuviera el equilibrio en la Fuerza. Por ello, Luke ha desaparecido y es buscado, tanto por la Resistencia para que lidere la misma, como por la Primera Orden para acabar con su vida y, con ella, definitivamente la Orden Jedi.
Hay una pista sobre su paradero. Es un mapa que el piloto de la Resistencia Poe Dameron ha guardado en el simpático y audaz droide BB-8. Las circunstancias, la casualidad o la Fuerza, hacen que el droide acabe en el planeta Jakku, acompañado por dos personajes sin apellidos: Rey, una temperamental jovencita que malvive en el planeta como chatarrera, y FN-2187, un desertor soldado de asalto de la Primera Orden, apodado como Finn por Poe Dameron. Debido al mapa escondido en BB-8, los tres sufrirán el acoso de los lacayos del Líder Supremo Snoke, capitaneados por el siniestro Kylo Ren y, en su camino, se encontrarán con algún que otro personaje de leyenda.
Esta es la premisa de la nueva entrega de la saga cinematográfica Star Wars. Y para comprender la extraordinaria expectación que está provocando esta película, hay que contextualizar el fenómeno.
Star Wars es una creación de George Lucas compuesta ahora por siete películas y un universo expandido formado por series de animación, comics, novelas, videojuegos y artículos de diversa índole. Si nos centramos en las películas, hasta el día del estreno de “Star Wars: El despertar de la fuerza”, había dos trilogías bien diferenciadas. La trilogía original o trilogía clásica, originada en 1977 con “Star Wars: Una nueva esperanza”, escrita y dirigida por George Lucas, contaba la lucha entre la Alianza Rebelde y el Imperio Galáctico. Las dos secuelas que completaron esta trilogía clásica, “Star War: El imperio contraataca” (1980, Irvin Kershner) y “Star Wars: El retorno del Jedi” (1983, Richard Marquad), no fueron guionizadas en solitario ni dirigidas por Lucas, pero los argumentos y la férrea producción fueron enteramente suyos. Por lo que su autoría no se ha discutido demasiado.
La trilogía clásica es la que creó el mito, es la vara de medir de los fans para juzgar si todo lo que se haga después es, no una buena o mala película, sino una buena o mala película Star Wars. A George Lucas, cuya “American Graffiti” (1973) siempre tendré en mi corazón, nadie le dice lo que tiene que hacer con su obra. Star Wars es su creación y sólo él decide lo que hace con ella. Cuando Lucas se arremangó para retomar la saga más de quince años después, decidió que quería contar la evolución de Anakin Skywalker respecto a la Fuerza, y el fatídico advenimiento del Imperio Galáctico y la consiguiente victoria del Lado Oscuro de la Fuerza, y que desembocara en los hechos acaecidos en la Trilogía clásica. Esta nueva trilogía, por su carácter narrativo y cronológico, se dio en llamar la Trilogía de Precuelas, y fue enteramente escrita y dirigida por George Lucas.
¿Qué es lo que no gustó a los fans de la saga y que no tiene nada que ver con su calidad cinematográfica?
Lo primero que hay que mencionar al respecto es la estética digital. Lucas inundó todos los planos de sus nuevas películas de imágenes generadas por ordenador, lo que se alejaba de la estética polvorienta y chatarrera de imágenes y escenarios reales, con efectos especiales tradicionales de la Trilogía Clásica. En defensa de Lucas, habría que decir que, para mostrar el esplendor de la Republica Galáctica y la Orden Jedi, era difícil hacerlo de otra manera. El exceso o moderación del asunto es cuestión de gustos, claro está. Pero un nuevo arco argumental requiere una nueva estética. Otra cosa es que quieras más de lo mismo.
En segundo lugar, y sin abandonar el tema digital, no podemos olvidarnos del personaje más odiado y vilipendiado de la saga. Me estoy refiriendo a Jar Jar Binks, que debe haber sido el primer personaje creado enteramente por ordenador de la Historia. Es una especie de Goofy metepatas que, para la mayoría de los fans, no encaja en la saga. Supongo que Lucas pretendía hacer un trasunto de C3PO para suavizar la gravedad de algunas escenas. Personalmente, sólo por la animadversión que despierta, Jar Jar Binks merece mi compasión y cariño.
Para terminar con lo digital, los episodios 2 y 3 de la Trilogía de Precuelas fueron rodados en formato digital, lo que también se nota en la textura de la imagen que, volvemos a lo mismo, no se parece a la de la trilogía original.
Narrativamente, las nuevas películas son totalmente diferentes a las clásicas. Lo cuál a mí me parece un acierto. La trama es más compleja, con personajes más ambiguos, con motivaciones más complicadas, con circunstancias políticas, económicas y sociales que hablan de nuestra propia actualidad. Hay que reconocer que, a pesar del encanto de la trilogía clásica, esta es repetitiva (dos estrellas de la muerte) y maniquea (el Bien y el Mal).
Personalmente, considero que “Star Wars III: La venganza de los sith”(2005)  es una de las mejores de la saga.
En definitiva, y para no extenderme más, lo que los fans esperaban, y esperan, de una película de Star Wars es básicamente que se parezca a la Trilogía Clásica.
George Lucas, harto de ser criticado, fue tentado con un cheque de más de cuatro mil millones de dólares por Disney. Lucas aceptó y cedió sus creaciones a la empresa que está gestionando también los éxitos de Pixar y Marvel.
Disney lo tenía claro: con su nuevo Star Wars querían hacer un ejercicio de nostalgia que contentara a los talibanes de la Trilogía Clásica y al público en general. La idea, por supuesto, es producir la película más taquillera de la Historia.
La primera decisión fue apartar a Lucas del proyecto. No querían nada de sus nuevas ideas.
En cuanto a la revitalización y popularización de la nostalgia, el candidato obvio era J.J. Abrams. Su “Super 8” (2010), emulando al Spielberg de “E.T.” (1982) y el fabuloso reinicio que ha realizado de “Star Trek”, eran los avales idóneos para tamaña empresa, por no hablar de sus éxitos televisivos. Además, se da la circunstancia de que no sólo es un brillante director, sino que como guionista es un lince.
La Disney, para asegurar el sabor de antaño, contrató como coguionista a Lawrece Kasdan, que ya participó de la misma manera en los episodios V y VI de la Trilogía Clásica.
Todo hacía augurar lo que al final hemos visto: una operación brillante pero conservadora. Volvemos al encantador y tranquilizador maniqueísmo, volvemos a los escenarios naturales, a las marionetas, a los efectos especiales físicos (dentro de lo razonable), volvemos al celuloide y a una trama más sencilla que recuerda poderosamente a la de “Star Wars IV: Una nueva esperanza” (1977)… volvemos a casa.
Todo esto está muy bien, pero no serviría para nada si cinematográficamente no estuviera ejecutado con solvencia. Y J.J. Abrams no decepciona en ese aspecto. Está claro que Disney no le ha dejado la libertad que su audacia natural le hubiera pedido, y que demostró en Star Trek, y que los condicionantes de revival le han obligado a una cierta falta de originalidad a él y a Kasdan a la hora de utilizar tramas ya vistas, aunque astutamente transformadas. Pero “Star Wars: El despertar de la Fuerza” es una buena película de aventuras y fantasía que consigue lo que pretende, divirtiendo y emocionando a partes iguales y que, a gran parte de los conocedores de la saga, nos ha puesto los pelos de punta en más de una escena. Los nuevos personajes están muy bien perfilados e interpretados por Daisy Ridley (un gran descubriendo y prácticamente la protagonista), John Boyega, Adam Driver y Oscar Isaac, dejando incógnitas por resolver en sucesivas entregas.
Un espectáculo digno de ver en pantalla grande.

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