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«Lo hicimos bien»

I.G. Villota - jueves, 6 de diciembre de 2018
Arias-Salgado fue elegido diputado por Toledo 1977 y fue ministro con UDC y con el PP; Ramos fue senador del PSOE en el 77. - Foto: David Pérez
Rafael Arias-Salgado y Francisco Ramos destacan los 40 años de progreso gracias al texto aunque se muestran abiertos a reformas. Se revelan contra el concepto de 'Régimen del 78' y ensalzan la voluntad de acuerdo de esa época: «El final de la dictad

Peinan canas y hablan con la tranquilidad de quien ha tenido un papel relevante en la política española, pero ya mira el escenario desde el patio de butacas, aunque con compromiso. Son dos de los hombres de la Transición Española, en ese momento histórico en el que el papel de la mujer era prácticamente inexistente. Estuvieron en Toledo esta semana para homenajear la Constitución del 78, en su 40 aniversario, un texto que ellos tejieron desde el Congreso y el Senado, respectivamente, representando a la provincia de Toledo tras las elecciones de 1977.
Son Rafael Arias-Salgado, exministro con la UCD de Adolfo Suárez y con el PP de José María Aznar, y Francisco Ramos Fernández-Torrecilla, senador del PSOE. Ambos participaron en un acto organizado por la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Castilla-La Mancha para celebrar este 40 cumpleaños. «Me parece bien que nos hayan traído aquí para homenajearnos, me parece realmente bien», comentó entre risas Francisco Ramos, quien apuntó que mirando una foto de los senadores de 1977 se dio cuenta de que solo quedan vivos 79 de los 246 electos.
Ambos defendieron, pese a su distancia política, la voluntad de acuerdo y de consenso de quienes negociaron la norma, especialmente ahora que se cuestiona tanto el texto constitucional como que el momento histórico fuese tan modélico como se cuenta. También se mostraron abiertos a reformar la Constitución, aunque con matices diferentes. «Lo hicimos muy bien en la Transición», manifestó el socialista, quien indicó que «todas las fuerzas políticas se sintieron representadas en ella. Todos cedimos».
Por su parte, Arias-Salgado arrancó señalando las tres líneas de crítica principales. «Unos hablan del Régimen del 78 en términos peyorativos como si fuese un pacto fraudulento. Esa actitud lo que busca es impugnar el proceso constituyente, como si hubiese sido una abdicación. No ataca el texto constitucional, que es mejorable y modificable», dijo.
La segunda línea de crítica, apuntó el exministro, tiene que ver con el «supuesto agotamiento del texto constitucional», algo que «parte de los nacionalismos periféricos, especialmente del catalán, y por eso ellos hacen un planteamiento que se sale de la Constitución. El principio de autodeterminación busca destruir la Constitución y no está incluido en ningún país democrático».
La tercera, apreció, «viene desde VOX y aboga por la supresión de las autonomías, pero no cabe en la Constitución tener un estado centralizado», advirtió.
«El país más descentralizado». Una vez puestas sobre la mesa todas las cartas, Arias-Salgado enfatizó en lo que ha supuesto la Constitución del 78 para España. «Es un gran pacto entre oradores, el más inclusivo que hemos tenido», dijo, añadiendo que «ha dado 40 años de estabilidad jurídico-institucional democrática» y «un equilibrio hoy desestabilizado en Cataluña», además de «suponer un claro avance en las libertades y en los derechos sociales». No olvidó que ha convertido a España, según su criterio, «en el país más descentralizado del mundo junto a Suiza». «Ni el sistema federal alemán, ni el americano ni el de países latinoamericanos dan más competencias y más poder que el que nuestra Constitución da a las comunidades autónomas».
También apuntó el «importantísimo» desarrollo económico y social del país. «En 1977 España tenía una renta per capita de 12.000 dólares y hoy estamos cercanos a los 30.000, aunque con desigualdad. En líneas generales el progreso es espectacular», incidió.
Por tanto, el exministro rechaza la «impugnación global» a la Constitución aunque no se cierra en banda a las reformas concretas, siempre «con mayorías de tres quintos» como indica el propio documento. «El único requisito es que exista el mismo consenso político como el que caracterizó el proceso constituyente».
Incidió Arias-Salgado en la profunda descentralización del país y enfatizó en que el estado de las autonomías «ha funcionado siempre bien» aunque sin olvidarse de Cataluña. «Tenemos una grave crisis que afecta a España y yo solo puedo decir que dentro de la Constitución cabe todo pero fuera de ella no cabe nada».
El exministro sacó pecho y destacó que la del 78 es «la mejor Constitución de la Historia de España, algo que es real y se puede demostrar empíricamente». Algo a lo que se sumó su colega, Francisco Ramos, quien profundizó en que es la primera que «no es de parte, sino que nos representa y nos sirve a todos, que todo el mundo está de acuerdo con ella».
«No tragamos». El socialista destacó que votó a favor del documento el 87 por ciento de la población y se reveló contra aquellos que hablan del Régimen del 78, voces críticas que proceden de una izquierda de la que él se siente parte. «Me molesta, me molesta mucho y me molesta que Izquierda Unida vaya contra la Ley de Amnistía que defendió Marcelino Camacho (PC) al salir de la cárcel», apreció. «Es preciso recordar que no fue un régimen, que no tragamos sin rebelarnos, que no hicimos lo que dijeron los franquistas que, por otro lado, eran razonables en ese momento y sabían que la dictadura había acabado. Para mí, la salida de la Dictadura fue modélica», insistió.
El exsenador recalcó que estos 40 años el país ha vivido una estabilidad y progreso inauditos. «Ha habido gobiernos estables que han permitido aumentar el bienestar de los ciudadanos», desde los 14 años de Felipe González a los 8 de Aznar, los 7 de Zapatero y los 6 de Rajoy.
Explicó que la cuestión de la Monarquía o República es uno de los reproches que recibe la izquierda. «También nos dicen que siguen los muertos en las cunetas. Eso no se planteó en su momento. No nos ocupamos de los muertos pero nos ocupamos de los vivos», sentenció, en referencia a la Ley de Amnistía y a las pensiones que recibieron «las viudas cuyos maridos fallecieron en la guerra o a consecuencia de la guerra o en prisión».
«La Constitución necesita una reforma», afirmó, atendiendo a los datos del CIS, en los que se refleja que el 70 por ciento de la población piensa lo mismo. De ellos el 33 por ciento aboga por una pequeña reforma, el 50 por ciento una reforma importante y el 14 por ciento se niega a ella. Pero el socialista rechazó, como su compañero Arias-Salgado, iniciar un nuevo proceso constituyente al ser España un «país estable de la Unión Europea». « Ya no están muchos de los 17 millones de españoles que votamos el texto, pero la Constitución de Estados Unidos se votó hace 200 años y sirve. Parece absurdo que cada nueva generación elabore la suya propia, habría que hacerlo cada 15 años».
Abogó por dar una protección mayor a los derechos económicos y sociales (trabajo, vivienda, pensiones) que quizá, dijo, «no salieron del todo reforzados en el 78 cuando «nos esforzamos en proteger los derechos básicos individuales, porque salíamos de la dictadura».
 

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