Es habitual que en un trabajo multidisciplinar los criterios de intervención y los resultados sean analizados desde todos los puntos de vista posible y, claro está, desde la dinámica establecida por cada responsable de área. Y puesto que cada profesional suele defender su trabajo a capa y espada, no siempre se depuran las responsabilidades como debiera, sobre todo si de patrimonio histórico se habla. No es este el caso -o por lo menos no por completo- acaecido en torno a la última intervención desarrollada en la Mezquita del Cristo de la Luz que ha propiciado una petición del Consorcio de la ciudad al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE).
Desde esta institución -dependiente del Ministerio de Cultura y dotada de funciones de restauración, investigación, documentación, formación y asesoría en la conservación del Patrimonio Histórico- se ha confirmado a este periódico que «el pasado mes de octubre de 2011 se recibió una petición del Consorcio para que desde el IPCE se realizase un estudio de la fachada norte de la Mezquita en donde al parecer habían aparecido unas manchas y un cambio de color en los ladrillos, que se achacaban a la intervención realizada en el inmueble».
Pues bien, a raíz de dicha petición desde el IPCE se inició en noviembre de 2011 un estudio de investigación de la citada fachada norte que se encuentra, afirman, «todavía en una fase inicial de trabajo», es decir, con la toma de imágenes termográficas y la toma de muestras entre otras pruebas técnicas. Por lo tanto, la interpretación de datos y elaboración de resultados se hará con posterioridad. De momento, desde el Instituto del Patrimonio Cultural de España «no existe previsión de finalización del estudio, pero no será a corto plazo».
Hay que recordar que entre 2006 y 2010 se llevó a cabo un proyecto de rehabilitación integral de la Mezquita del Cristo de la Luz promovido por el Consorcio de la Ciudad de Toledo, dentro de su programa de Patrimonio Monumental, bajo la dirección del arquitecto Francisco Jurado. La intervención contó con la participación de una restauradora que fue la encargada, claro está, de actuar sobre las fachadas del edificio. La cuestión está ahora en saber la razón por la que han aparecido estas manchas de humedad y, ya de paso, dirimir si se debe a una actuación inadecuada.
"No es un probelma de la cubierta"
El autor del proyecto de adecuación, Francisco Jurado, ha sostenido desde el inicio de este problema que la aparición de esa mancha de humedad no se debe al mal funcionamiento de la cubierta. De hecho, afirma que «al agua hay que darle salida» y que no siempre este tipo de enfermedad se debe al mal funcionamiento de la cubierta. Y puesto que no ha dejado de ser criticado por la decisión que sobre este asunto tomó en 1999, aprecia que la cubierta no es el problema ya que «no se ha detectado agua en el interior», lo que evidencia que « está funcionando bien».
Por lo tanto, y siendo prudente con este asunto, señala que desde el momento en el que apareció la mancha de humedad ha trabajado con un equipo de especialistas para buscar el origen de la humedad y «atajar» de la mejor manera el problema. Jurado, que sigue sosteniendo que su actuación en la cubierta no tiene nada que ver con las humedades, ha inspeccionado la cubierta, ha realizado una serie de catas de control, ha lechado las juntas de la parte superior, ha repuesto las pérdidas de mortero y ha limpiado la sociedad generada por las palomas. Tareas todas ellas que deben realizarse cada cierto tiempo a modo de mantenimiento y que, en esta ocasión, han sido ejecutadas para confirmar si la humedad proviene de la zona superior o es debida a la falta de transpiración de la fachada.