El público se pregunta si lo que está viendo es real o no. Miguel del Arco dirige una obra que nació sin recursos pero que, como apunta, era una historia que requería ser contada. Con esta partida, pasó de las funciones a las doce de la noche en el hall del Lara al Español y, desde entonces, las estancias en los teatros del país no han parado.
¿Cómo surgió esta historia?
Es una adaptación de "Seis personajes en busca de autor" de Pirandello. Su discurso filosófico está intacto, pero queríamos traerlo un poco al siglo XXI y se nos ocurrió ser mucho más tremendos y enredar al público en esa cosas de la metateatralidad.
¿Funciona?
Se crea una corriente con el público que es desconcertante porque el público no está acostumbrado a que los actores le miren directamente, e incluso le hablan y casi que pidan su opinión. Se le implica desde una perspectiva emocional e intelectual.
Y desde la cercanía.
Es un pieza muy cercana, vamos un paso más allá en el juego que plantea Pirandello sobre la realidad y la ficción. Una parte del público, que no conoce la obra original, no sabe muy bien si lo que está sucediendo es verdad o no, y ese desconcierto crea una corriente que predispone al público a entrar en el juego que se le plantea. También sucede aunque se conozca el Pirandello.
¿Cómo se consigue?
Los actores son una barbaridad, hay un juego escénico entre ellos que es impresionante, realmente parece que está sucediendo aquí y ahora. Hay gente que sale convencida de que en todo lo que sucede hay un grado muy alto de improvisación; y no lo hay, está todo medido.
Aunque, en esta ocasión, la peculiaridad de la obra requiere un pulso inmediato.
Sí, hay reacciones muy diferentes entre el público, por ello lo que decimos que todo sucede por primera y última vez aquí se ve como reproducido y aumentado. Es fascinante, por eso no me canso de ver la función. Además se ha instalado una complicidad, con un sentimiento de compañía estable, que viene a auparlo.
¿Cuál ha sido el proceso de trabajo?
Hemos tenido poco tiempo para ensayar y lo hacíamos a deshoras. La labor ha sido muy minuciosa porque siempre parto de un texto absolutamente aprendido para poder jugar. A partir de ahí se empieza a poder tocar en conjunto, cada uno asume su propio texto para empezar la labor de escuchar para componer. No respetamos la réplica-contraréplica, alguien intenta meterse en la réplica del otro y el otro debe ganarse su propio texto. Van apareciendo estas cuestiones rítmicas como impulsos, las exploramos y se van fijando dentro de la partitura conjunta.
¿Qué supone acaparar el grueso de las nominaciones de Premios Max?
Son las guindas y si ganamos supongo que, por ser unas distinciones tan mediáticas, "venderemos" más.
¿Ha cambiado sus vidas?
Nos han cambiado la vida las reacciones del público, esta función se instaló por el boca-oreja. Estábamos en una sala pequeña en el hall del Lara a las doce de la noche. La gente salía desconcertadas y esa pasión de cómo lo han comunicado ha hecho que se fuera extendiendo. Salimos del Lara hicimos gira, volvimos a Madrid al Teatro Español llenando todos los días y no hemos parado. Nos ha propuesto La Abadía una coproducción -"Veraneantes"- casi con el mismo elenco y me llamó Nuria Espert para que dirigiera "La violación de Lucrecia". Nos ha cambiado radicalmente la vida y somos pura alegría.
¿Qué desea que quedé en el espectador?
La emoción entendida como alteración de los sentimientos. Llega de manera rotunda y la gente se engancha, además creo que está servido por unos actores prodigiosos. Eso es lo emocionante, que la gente salga sobrecogida, removida, concernida, divertida. Es la meta de cualquier creador.
¿Tiene algo que ver en esta reacción el tiempo que nos está tocando vivir?
En teatro tiene que haber de todo y la primera premisa es el entretenimiento para captar la atención. En el momento teatral hay una parte de producción que cree que solo se quieren cosas intrascendente para divertir. Creo que ese no es un punto de partida, lo importante es tener una historia y querer contarla. Hay mucho movimiento en torno a tener un autor, un texto, una historia, porque aunque no haya dinero para montarla la historia existe y se puede contar. Esa facilidad de comunicación tan directa facilita que la gente se movilice.
¿Cómo vamos de actores?
El actor es esencial en todo tipo de historia. Las generaciones de actores están cambiando porque se han ido modificando las formas de hacer, nuestros referentes, incluso el trabajo es mucho más intenso con la palabra. Hemos ido mejorando, de hecho hay muchas producciones con trabajos actorales que son de cortar el aliento.
Lo que parece que ha cambiado ha sido la implicación de los autores en los montajes.
Sí, el texto es un pretexto que se completa con el trabajo escénico, no tiene ningún sentido el texto sobre el papel. Ahora los autores escriben para subir a escena porque están enredados en el hecho teatral, que es como tiene que ser porque es un trabajo de equipo. Hay una corriente de autores muy jóvenes que están escribiendo mucho teatro, que desgraciadamente no se publica, y que está muy implicada en el hecho. Es la única manera de aprender.
Está claro que la imagen del autor de teatro ha cambiado.
Ha desaparecido esa imagen del autor huraño que impedía que se le tocase una coma y que se escondía para ver los ensayos; eso va a en contra de la propia esencia del teatro. Los grandes dramaturgos todos eran hombres de compañía, estaban implicados en el hecho teatral y eso marca, esa es la gran diferencia.
Así que algo se mueve
Hay gran efervescencia de actividad, por ejemplo en Madrid, porque los textos fluyen. Antes se estaba pendiente de si te llamaban para montar una obra, ahora autores buscan actores, directores buscan autores y actores, actores buscan directores... la gente se une y las redes son maravillosas para esto. He visto cosas realmente impactantes.