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13/03/2010

TEATRO DE ROJAS

FAEMINO Y CANSADO: «Si el humor mola, mola en Madrid, en Toledo o en Helsinki»

Actúan esta tarde en el Teatro de Rojas tras dos exitosas representaciones en las que han demostrado hasta dónde llegan veinticinco años de éxitos ininterrumpidos

latribunadetoledo.es
ADM

‘Parecido, no es lo mismo’ es un título un poco extraño para un espectáculo de humor. ¿Cómo surgió la idea?
Javier Cansado (C): Es un título chiste. Una broma que quisimos gastar a los amigos que nos decían que el último espectáculo que hicimos se parecía al anterior. Claro, dijimos nosotros, como que todos los espectáculos que venimos haciendo desde hace veinticinco años son similares: Luz, micrófonos y dos tíos hablando, contando historias. Ésa es siempre nuestra puesta en escena, aunque lo que contemos sea totalmente diferente.
¿No tendrá que ver con algún tipo de aniversario? ¿Por aquello de que Faemino y Cansado se conocieron a principios de los años ochenta?
C. No lo hemos pensado, pero podría ser. ¿Cuándo fue el ‘Tejerazo’? En el ochenta y uno, ¿no? Así no hay manera de olvidarse. Joooder [A su compañero, Carlos Faemino] Casi treinta años, tío, treinta años de trabajos conjuntos haremos en 2011.
Carlos Faemino (F): Pues no es mala idea para nuestro próximo título: ‘Treinta años nos contemplan’. ¿Qué tal...?
En aquella época trabajabais a pie de calle. ¿Qué se siente al salir, con sólo «luz, micrófonos y dos tíos hablando», a un escenario como el del Teatro de Rojas?
C. Estamos encantados de actuar en escenarios pequeños, porque te dan cierta sensación de que estás en el salón de tu casa. En las dos Castillas abunda este tipo de teatros, antiguos, íntimos, muy bonitos. Con una estupenda acústica, además. Pero en realidad, para el tipo de espectáculo que hacemos nosotros, es lo mismo actuar en el teatro más lujoso de España, como podría ser el Arriaga, de Bilbao, que hacerlo pegados a la barra de un bar. Lo principal es siempre llegar al público. Actuar en el Teatro de Rojas, además, nos apetece bastante, porque venimos de hacerlo en un escenario completamente distinto, el del Teatro Borràs de Barcelona.
F. En realidad, cada teatro cumple un papel, tiene una personalidad y transmite unas emociones diferentes. El medio es lo mismo: el caso es que, cuando llueva, no nos mojemos.
Hay espectáculos que permiten ‘protegerse’ a través del vestuario o la escenografía. En el caso de Faemino y Cansado, ¿no apabulla el enfrentarse en ocasiones a tanta gente armados sólo con un par de micros?
C. Hay casos y casos. A mí sí que me impresionó actuar en un festival de homenaje a Pepe Rubianes, en Barcelona, en donde lo hicimos ante 17.000 personas. Eso no es tener público, es otra cosa. No hay palabras para describirlo. Lo único que aciertas a pensar es: «¡Sed buenos, por favor!». Pasa sobre todo durante el ratillo inicial, cuando todavía no sabes cómo lo va encajando el público. Imagino que este oficio es como el de los toreros [A Carlos Faemino] ¿Te imaginas lo que sería ser «luz, micrófonos, dos tíos hablando», y un toro?
F [Carlos Faemino ríe y tarda en contestar]. En realidad, el caso es tomar contacto con la gente. Eso del ratillo inicial, de los cinco minutos del principio, es cierto. Nos permite darnos cuenta de cómo está saliendo todo, sirve para que interioricemos todo el estrés. Aunque, la verdad, por mucho que llevemos años en el oficio, ese momento de nervios que uno sigue pasando nada más salir al escenario es algo que no le deseo a nadie.
¿Qué provoca más miedo a Faemino y Cansado, actuar ante muchas personas a oscuras, o bien hacerlo ante poco público pero a rostro descubierto?
F. La verdad es que hacerlo en la calle, o en bares, tiene su gracia. Te permite interactuar con el público, involucrarte más.
C. Solemos hacer una cosa en los teatros: El último saludo que hacemos es con la luz encendida. Durante la actuación no se ve nada, pero nos gusta conocer ante quiénes hemos estado. Claro, a veces vemos las caras y pensamos: «Por Dios, que alguien le devuelva el dinero a ese hombre».
F [A su compañero]. Lo de devolver el dinero es broma...
C. Es broma, es broma. Pero lo que sí es verdad es que los espectadores tienen que entrar, para pasarlo bien, en el rollo que llevamos. Si no, somos un coñazo. Es que somos tan intensos... [Carlos Faemino vuelve a reír] Hombre, yo pienso que si alguien acude a un espectáculo de hora y media como el nuestro, invitado por el novio o por la novia, tiene que saber a lo que se expone... Hay humoristas que ofrecen más variedad en sus sketches, pero, en este caso... Es lo que tiene, eso nos pasa porque nos encanta ver la cara de la gente, cómo disfruta la mayoría pasándolo bien en nuestros espectáculos.
¿Une proceder de barrios como Carabanchel y Batán?
F. Une, une. Sobre todo porque, como buenos madrileños que somos, tenemos cierto complejo de no tener pueblo. Al principio, uno lo pasaba mal hasta que se dio cuenta de que Batán y Carabanchel son en sí mismos pueblos. A mí me daba mucha envidia que los amigos pudieran ir al campo cuando el campo que nosotros teníamos más cerca era el de la Casa de Campo...
Carabanchel, El Retiro, los bares... ¿Cuánto, de todo esto, os acompañó cuando disteis el salto a la radio y la televisión?
C. Empezamos en la calle y estuvimos actuando allí durante años. Luego, surgió el poder dar el salto escénico, en los ochenta, de la calle a los bares [A Carlos Faemino] Mira tú, qué salto. En ese momento, los colegas nos decían que éramos buenos cómicos de calle, que los bares no serían nuestros sitios... Y fue bien. Luego surgió el poder actuar en centros culturales, lo que ya empezamos a hacer más o menos con el mismo rollo que ahora. ¿Qué nos dijeron entonces? Que en los bares habíamos tenido suerte por la euforia de las copas y todo eso, pero que un escenario cultural no era lo mismo... Y también funcionó. Luego llegó la posibilidad de los teatros y mi mujer me advirtió de que eso era demasiado solemne, que no nos iría el rollo... Y nos fue. Lo mismo pasó con la tele, que nos haría perder frescura... Y acabamos haciendo un programa. En mi caso particular, lo mismo pasó con la radio, en donde era necesario ser educado... En fin.
F. Nos falta el cine, ojo... En España estamos muy acostumbrados a pensar que, si haces una cosa, ya no sirves para otra... Realmente, todo es lo mismo. En su momento, hasta se nos dijo que en Barcelona no nos irían bien las cosas, porque nuestro humor era muy madrileño. La conclusión es que si algo mola, mola. En Madrid, en Toledo y en Helsinki.
Imagino que ser dos, en todo este tiempo, es un buen antídoto contra el cansancio.
F. Eso me recuerda a aquello de: ‘¿Tú trabajas? Sí, en mi tiempo libre...’. Esto es nuestra vida. Crisis, crisis, no ha habido ninguna. Siempre hay biorritmos bajos, pero..., nos hacemos compañía. Otra cosa que afortunadamente tenemos es que esa compañía nunca ha sido forzada, porque el día en que eso suceda, lo dejaremos.
C. Hemos comentado esto muchas veces. Es una suerte ser dos para ponerse delante del toro que decíamos antes, porque cuando estás solito en esto es cuando te lo comes todo tú.
Estamos en Castilla-La Mancha y últimamente se habla mucho del humor manchego: Muchachada Mui, José Mota, el conquense José Luis Coll... ¿Existe eso de ‘humor manchego’ o es algo que los medios de comunicación nos hemos inventado?
C. Claro que existe, es verdad. El humor manchego tiene un vocabulario muy marcado, posee una jerga muy autóctona. Pedro Almodóvar es manchego porque nació en la Mancha, pero Muchachada Nui, con Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes, quizás el propio Mota -que es menos santo de mi devoción-, tienen leitmotivs, planteamientos, ideas, que están tamizadas por su origen castellanomanchego. Y creo que todos ellos son estupendos. Y acerca de José Luis Coll, por hablar de otra época, siempre hemos comentado que al verlo junto a Tip, siendo adolescentes, decíamos que aquello no lo entendíamos, pero nos parecía genial, molaba.
F. Era rarísimo. No entendíamos nada de Tip y Coll, pero nos hacían felices. Hablando de los chicos de Muchachada Nui, la verdad es que han conseguido algo dificilísimo en España, han sido capaces de constituir un grupo con seña de identidad, como los Monty Pyton, algo que cuesta muchísimo trabajo en un país en donde asociarse resulta siempre tan difícil. El resultado se nota. Es algo muy enriquecedor, porque el público lo percibe como un grupo de tíos pasándolo bien, un conjunto compacto con horizontes comunes que llenan la pantalla. Les ha pasado algo parecido a lo nuestro: se unieron como humoristas siendo antes amiguetes, que es un toque que luce y hace que la gente acuda a participar no del artificio del teatro, sino de una especie de ceremonia, de lo natural que resulta reunirse un montón de amigos con los que pasárselo bien.
Finaliza la entrevista y aún no hemos hablado del espectáculo. En dos palabras, ¿qué va a encontrar el espectador en ‘Parecido, no es lo mismo’?
C. Cosas cojonudas. Yo recomiendo a la gente que ya nos ha visto en directo, o a través de la televisión, o en youtube, y se lo ha pasado bien, que repita. Va a ver que esto es una vuelta de tuerca sobre el humor de Faemino y Cansado. Ahora, que si tienen dudas... En ese caso, mejor que no paguen [cruce de miradas entre ambos], porque no nos gustan los caretos malencarados en mitad del público.
F. En realidad, somos nosotros. Sin más. Así es como se define este espectáculo.    

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