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Las lluvias registradas durante los últimos meses, cuyos efectos sobre el patrimonio monumental han tenido su último resultado en la caída de varios metros de muralla en las proximidades de las escaleras mecánicas, sin olvidar los daños en el Circo Romano, también se han hecho notar en otras zonas del Casco Histórico. Los amurallamientos y estructuras de contención situados sobre el Paseo de Recaredo, a la altura del antiguo Hospital del Nuncio Nuevo (actual Consejería de Economía y Hacienda), a unos metros del tramo que se desmoronó en la mañana del sábado, muestran asimismo la erosión provocada por el agua y la vegetación, bastante descuidada en el aterrazamiento mediante el cual el edificio neoclásico se proyecta sobre el paseo.
Los efectos del paso del tiempo y los agentes atmosféricos son especialmente destacados en una pequeña estructura torreada situada bajo una de las esquinas del Nuncio, entre el edificio y los graderíos de la Fuente Salobre. Varios boquetes, algunos de ellos de ciertas dimensiones, afectan a la mampostería encintada con ladrillo de ese punto de la muralla, permitiendo apreciar desde ambos frentes el precario macizado interior y los efectos que la humedad provoca sobre la piedra.
En el aterrazamiento del Nuncio, una zona que en principio parece haberse formado por las tierras echadizas contemporáneas a su construcción, a finales del siglo XVIII, la situación no es más halagüeña. El espacio, cerrado, al que se accede tras superar las rejas del callejón del Justo, presenta en uno de sus extremos un amasijo de vegetación descuidada que está dando al traste con el muro de contención. La mampostería aparece destrabada y expuesta, dejando sobre la pendiente del talud un reguero de materiales que podría seguir aumentando de no tomarse las medidas oportunas.
Pese a no formar parte de una zona especialmente vistosa, ni mucho menos comparable al Circo Romano en antigüedad y valor histórico, esta zona de Toledo debería ser también protegida por formar parte del conjunto de murallas, torres y puentes de la ciudad, declarados en su conjunto Monumento Nacional el 21 de diciembre de 1921.
La caída de la Granja. A escasa distancia de este punto de la cornisa norte, en la subida de La Granja, se desplomó hace apenas dos semanas un muro de contención que afectó a cuatro vehículos. La estructura, situada a la altura de los conventos de las Comendadoras de Santiago y Santo Domingo el Real, cayó asimismo por efecto de las lluvias, abriendo el debate sobre las condiciones en las que se encuentra la cornisa más septentrional del Casco Histórico de la ciudad. Un debate que tras el derrumbe de parte de la muralla el sábado se ha hecho más necesario para intentar aportar las medidas, al menos preventivas, a adoptar.
Y la primera será la visita de técnicos del Ministerio de Cultura, la Junta y el Ayuntamiento de Toledo que hoy comenzarán a evaluar los daños en el tramo de cinco metros de la muralla derrumbado por las lluvias y diseñarán un plan de revisión para evitar nuevos desplomes.
Así lo ha anunciado la consejera autonómica de Cultura, Soledad Herrero, quien ha asegurado a EFE que los toledanos pueden estar tranquilos porque hoy las tres administraciones se ponen «manos a la obra».